El segundo día de la ofensiva – Operación Barbarroja. David Stahel

El segundo día de la ofensiva, Halder proclamó que las operaciones del Grupo de Ejércitos Centro procedían «según el plan» y habló de lograr pronto «una libertad operacional completa» detrás del maltrecho frente soviético. Ese mismo día, en respuesta a la estimación de Paulus de que la campaña sería de corta duración, parece que Brauchitsch le respondió: «Sí, Paulus, puede que tengas razón, es probable que necesitemos seis u ocho semanas para acabar con Rusia». En contraste con sus superiores, la impresión del mariscal de campo Bock era mucho más cauta.

Operación Barbarroja, David Stahel

Reflejaba en su diario la tenaz resistencia de los defensores soviéticos, apremiada por comisarios políticos que empujaban a sus hombres a «la máxima resistencia. También observó con cierta intranquilidad que el estado de las carreteras era «indescriptible». Y lo que era más preocupante aún, Bock volvía a cuestionarse de nuevo la solidez del plan operacional, previendo que el cierre de una bolsa en Minsk no conllevaría muy probablemente el logro de un éxito decisivo. En opinión de Bock, un ataque directo del grupo panzer de Bock en dirección a Vítebsk – Polotsk ahorraría tiempo y evitaría que se concentrase una fuerza soviética organizada en la margen oriental de los grandes ríos. Como señalaba Bock:

«Temo que el enemigo haya retirado ya poderosos elementos de aquí [Minsk]. Al girar al grupo panzer hacia Minsk se perderá tiempo, tiempo que el enemigo puede utilizar para crear una nueva línea defensiva detrás de los ríos Dvina y Dniéper».

Al no lograr convencer a Halder de sus temores, Bock trató de persuadir a Brauchitsch, del que recibió un rechazo similar. Solo era el segundo día de la campaña y, lejos de ganar la libertad operacional detrás de las líneas soviéticas, como pensaba Halder, Bock estaba ya convencido de que se requeriría una penetración lo más profunda posible para aislar a la gran masa del Ejército Rojo y evitar el levantamiento de una nueva línea defensiva. La ansiedad de Bock se vería incrementada por un informe del Cuarto Ejército enviado al OKH que, según Halder, caracterizaba el panorama general: «El enemigo en el saliente de Bolostok no lucha por su vida, sino para ganar tiempo».

Entre tanto, el XXXXVII Cuerpo Panzer empezaba ya a informar de escasez de combustible entre sus elementos más avanzados…

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Felipe II y el Mito de la Armada Invencible – Antonio Luis Gómez Beltrán.

¿Qué podemos contar sobre la Armada Invencible que no se haya dicho? ¿Quién no conoce este desastre y derrota sin paliativos de las mesiánicas ideas del todopoderoso Felipe II? Si acudimos a la bibliografía histórica, donde los mayores éxitos de ventas corresponden a los «hispanistas», todo está dicho en las dos primeras líneas de esta introducción. Si buscamos en los libros de texto escolares españoles, estos nos indican, sobremanera, que en política exterior se dirimió el conflicto con Inglaterra por el apoyo a los protestantes de los Países Bajos. Felipe II intentó invadir este país con la Gran Armada, pero sus barcos naufragaron frente a las costas inglesas. En resumen: tres renglones de literatura.

Felipe II y el Mito de la Armada Invencible, AL Gómez Beltrán

Una Gran Flota formada por unas 180 naves, con galeones, naos, pinazas y navíos pequeños, llevando en sus entrañas unos 28.000 hombres, entre soldados y marineros, adoctrinados para la venganza y destrucción, partía en el año de 1589 de los puertos del sur de Inglaterra. Su destino, Santander. Su misión, arrasar la ciudad y destruir los restos de la Armada española que restañaban sus heridas del año anterior en los astilleros. Después, a Lisboa, para fomentar un pronunciamiento y rebeldía contra Felipe II y «sustituirlo» por Antonio, prior de Crato.

Pero su jefe supremo, el almirante Drake, con la connivencia de su mando en tierra, el coronel Norris, decidió alterar el rumbo y se personaron frente a la bahía de La Coruña. Ciudad amurallada defendida en su frente de mar por el castillo de San Antón, varios barcos de la Armada y por su frente de tierra unas cuantas compañías de milicias y su población: mujeres, hombres y niños. Desembarcaron, atacaron, entraron en la ciudad y fueron derrotados.

Siguiente hito: Lisboa. Descienden en Peniche, al norte de la ciudad, y en un movimiento de pinza la flota inglesa bloquea el estuario del Tajo. Ahora sí, ahora se iban a enfrentar a compañías de soldados veteranos y buques de la Armada real: las galeras. Resultado, reembarque a la desesperada, naves hundidas y apresadas por los barcos hispanos. Nueva y mayúscula derrota. Pero con esto no acaba la historia de esta Gran Flota; a su regreso una serie de temporales daría cuenta de los supervivientes. En torno a 80 barcos perdidos en combate y naufragios y unas bajas cercanas a los 20.000 muertos.

Esto tampoco está en los libros de texto, ni en los españoles ni en los ingleses. Las autoridades inglesas y su historiografía oficial, desde los primeros momentos, se encargaron de ocultar los hechos, acción suficiente sin tener que tergiversarlos para que queden en la más absoluta oscuridad. Si bien a otros se les dio pábulo, hasta el punto de interiorizarse y hacerlos como propios, y me refiero a la asunción durante más de un siglo por la historiografía hispana de la llamada «Armada Invencible».

Con unas pérdidas de más de 65 barcos y unos 20.000 fallecidos, descansa como un hecho histórico del reflejo de la sinrazón de un rey, Felipe II, que por seguir a su conciencia católica lleva a su país a una guerra por el solo hecho de cambiar la Corona inglesa y hacerla entrar en el redil del «papado». El adalid de la cristiandad en defensa de la verdad y la fe católica.

Si bien hay que reconocer que en los últimos años estos estados de opinión han dado un vuelco importante, al menos en cierto sector de investigación histórica, cuyas nuevas manifestaciones quedan a la espera de que se inculquen en el mundo académico y en la historiografía divulgativa. El I Congreso Internacional La Armada Española de 1588 y La Contra Armada Inglesa de 1589, celebrado en la ciudad de Cartagena en el año 2019, aportó un importante número de trabajos de investigación en calidad y contenido que avalan esos cambios de opinión, algo que ya había comenzado en el siglo pasado al celebrarse el cuatrocientos aniversario con la publicación del mayor «corpus documental» sobre la materia, editado por el Instituto de Historia y Cultura Naval. En ambos casos, lamentablemente, de escasa divulgación y repercusión a tenor de lo que se sigue publicando en medios de difusión en masa.

No obstante ha habido algunos hechos significativos que inducen a pensar que en el porvenir se abrirá una nueva era propia de conocimiento y opinión sobre el asunto. Dos ejemplos de esto serían, por un lado el trabajo del historiador Luis Gorrochategui Santos con la reedición de su obra de investigación «La Contra Armada. La mayor victoria de España sobre Inglaterra», y de otro el artículo «¿De dónde viene “Armada Invencible”? El origen de un nombre» del divulgador Pedro Luis Chinchilla.

La excesiva subordinación cultural a la que ha sido, y está, sometida la sociedad española, tanto en sus bases como en sus élites, proveniente de sus antaño enemigos seculares (franceses, ingleses, holandeses, etc.) ha ayudado a crear una percepción negativa de lo acontecido en el pasado por los dirigentes de la época, en especial en la dinastía de los Austrias, hasta el punto que la denominación de Armada Invencible fue un invento español del XIX y no ignominiosa calificación inglesa del XVI.

Entre muchos mitos y leyendas, que tienden a ensombrecer el pasado de lo español en un intento de decapitar su derecho a sentirse arraigado con conciencia de su historia (al objeto de que se pierda su identidad como pueblo/nación), están los sucesos desarrollados en 1588 en el ámbito de la guerra anglo-española de 1585 a 1604, que a la postre sería una victoria española. Independiente de su resultado final, lo que subyace es la mesiánica obsesión de Felipe II por reinstaurar la fe católica en el reino inglés, su pobreza intelectual al designar al duque de Medina Sidonia, un hombre que se «mareaba» sobre la cubierta de un barco, y diseñar un plan estratégico que sería un trágico resultado de su mala gestión, y todo ello bajo la delirante estrella de un pirata, Francis Drake, que le hizo modificar todo cuanto planificó con destino a la derrota histórica más encumbrada por la historiografía inglesa y lamentablemente asumida por el complejo de ser hispano.

En las páginas que siguen a este preámbulo, estimado lector, si usted no abandona y llega al final, entrará en conocimiento de hechos que le podrán hacer cambiar de un estado de opinión arraigado a una opinión fundamentada de que las cosas pueden tener otros puntos de vista más razonables.

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Operación Lightfoot – Rommel está de vuelta. Duelo en el Desierto Vol. II.

La tarde del 24 de octubre, en el aeródromo de Wiener Neustadt, Rommel subió a bordo del Heinkel 111 acondicionado especialmente como su transporte. Luego voló hasta África del Norte después de hacer una escala en Roma. Allí Cavallero volvió a prometerle más abastecimientos. También se decidió que la nueva denominación de su ejército era Deutsch-Italienische Panzerarmee, o Armata Corazzata Italo-Tedesca, una medida que intentaba limar las asperezas con los italianos a causa de los convoyes. Sin embargo, a pesar de las promesas del Comando Supremo, ningún petrolero consiguió llegar a Libia en el mes de octubre y, en el momento en que Montgomery había lanzado su ofensiva, los panzer disponían de apenas una décima parte del carburante necesario para combatir.

Duelo en el Desierto Vol. II. Antonio Muñoz

El diario de operaciones del Afrika Korps indicaba que, si no se recibían más combustible y municiones para el 26 de octubre, la situación sería de potencial catástrofe. Bayerlein calculaba que el consumo de municiones estaba a favor de los británicos en una proporción absurda de 500:1. La batalla estaba técnicamente perdida para el Eje antes incluso de haber comenzado. El Heinkel aterrizó en el aeródromo de Qasaba a las 17:30 horas del 25 de octubre. Rommel tomó una avioneta de enlace Fieseler Storch con la que se dirigió al frente. En Fuka, la oscuridad le obligó a continuar el trayecto en automóvil. Solo llegó a su puesto de mando en Burg el Arab a las 23:30 horas. En sus posiciones, castigadas por el bombardeo, el teniente Giuseppe Santaniello escribió en su diario: «Cuánta fe se tiene en ese hombre (…) ¿Por qué? Porque lo vimos pasar entre nuestras baterías en su tanque, en el fragor de la batalla. ¿No le dice eso algo a nuestros generales?»

A medianoche del 25 de octubre Rommel ordenó que la 21.a Panzer se moviera desde el sur hasta una posición de bloqueo al oeste de las brechas en los campos de minas. El objetivo de Rommel era expulsar a los británicos de las brechas y recuperar la totalidad de la línea de defensa principal.

Rommel ya había librado batallas bajo un cielo dominado por los aviones británicos. Pero las condiciones en las que su ejército debía combatir ahora eran desconocidas. El fuego de barrera británico castigaba las nuevas posiciones a las que se habían replegado los supervivientes del ataque del 23 de octubre. En ocasiones, como señala el propio Rommel, el fuego rodante de la artillería enemiga era hasta quinientas veces más intenso que el fuego de contrabatería del Eje. Los ataques de la RAF eran cada vez más efectivos y se prolongaban durante las 24 horas. De día, los cazabombarderos ligeros atacaban las columnas del Afrika Korps. Guiados por las bengalas de magnesio rojo de los Albacore, los Wellington seguían de noche. Cazas nocturnos patrullaban sobre las bases de la Luftwaffe para interceptar sus salidas. Un grupo de cazabombarderos destruyó todos los blindados del grupo de protección de Rommel…

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La naturaleza ideológica Operación Barbarroja – La derrota de Alemania en el Este. David Stahel

Debido al rápido desarrollo de su naturaleza ideológica, la Operación Barbarroja representa una clara ruptura con todas las campañas alemanas previas de la Segunda Guerra Mundial. Incluso al margen de las implicaciones militares y estratégicas obvias del conflicto abierto entre Alemania y la Unión Soviética, la campaña en el Este constituye un hito en el carácter básico de la guerra en sí misma. Esta diferenciación se entiende mejor con la definición de «guerra total» de Erich Ludendorff en su estudio de 1935, Totale Krieg.

Operación Barbarroja – David Stahel. Salamina

A la definición de esta diferencia no ayuda el uso común del término «guerra total» en los extensos anales de la literatura militar anglo-norteamericana, especialmente en lo relativo a la categorización de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el argumento de Ludendorff es único por su aplicación radical y extremista de la guerra y, al mismo tiempo, por su estrecha cercanía con los métodos adoptados por la Alemania nacionalsocialista. Para Ludendorff, la guerra debería perseguir «la aniquilación del ejército enemigo y de la nación enemiga», siendo el aspecto esencial la falta de distinción entre combatientes y no combatientes, lo que crea la condición previa para la violencia

desenfrenada dirigida indiscriminadamente contra la población civil. Beatrice Heuser ha concluido que la definición de Ludenforff de guerra total abarcaba dos elementos esenciales, a saber, la utilización plena de la maquinaria de guerra moderna combinada con una política genocida.

En su propósito de conquista de la Unión Soviética, los objetivos de guerra alemanes comenzaron a contemplar mucho más que una simple victoria militar, transformando la contienda en una guerra de aniquilación o «guerra total» dirigida contra una nación enemiga percibida como inferior desde el punto de vista racial y con una ideología competidora y hostil. La totalidad de la guerra que se avecinaba se reflejaba en la instrucción de Hitler de primeros de marzo de 1941, en la que afirmaba que Barbarroja iba a ser «más que un choque de armas; es también un conflicto entre dos ideologías. En vista de la magnitud del espacio que abarca, la destrucción de las fuerzas armadas enemigas no será suficiente para poner fin a la guerra». Sin duda, la concepción de Ludendorff de la guerra contra una nación enemiga estaba dando sus frutos.

Las ideas fanáticas contenidas en la filosofía de la «guerra total» de Hitler constituían una desviación radical de sus pasadas campañas y precisaban un grado de brutalidad y dureza sin parangón en Europa desde las campañas genocidas de la Guerra de los Treinta Años (1618 – 1648). Sin embargo, el concepto de «guerra total» fue identificado en su momento con el término más aceptable de «Nuevo Orden», que determinaba los métodos y políticas de ocupación a aplicar en los territorios recién ocupados en el Este. Los despiadados dictados ideológicos de esta obra y la enorme área susceptible de ser administrada exigían una complicidad predispuesta de las fuerzas armadas, que tendrían que operar en contacto directo o cercano con los excesos criminales de la política genocida. De hecho, la cordial relación entre la Wehrmacht y otras agencias del régimen como las SS y la SD desmiente el mito de la ignorancia o del distanciamiento formal de la brutal dominación alemana que muchos generales (y veteranos de menor graduación) reivindicarían posteriormente en su defensa…

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La caza del Bismarck – HMS Aurora. Josep Baqués

Finalmente, el día 21 de mayo a las 13:15 un avión Spitfire de la RAF en misión de reconocimiento fotográfico obtuvo imágenes de los buques alemanes en Grimstadfjord. Se trataba de un vuelo de reconocimiento rutinario. Uno de tantos sobre ese cuadrante. O eso es lo que cuentan los británicos. En todo caso, cuando esas fotografías llegaron al Reino Unido, el empleo de potentes estereoscopios no dejó lugar a dudas: ¡se trataba del Bismarck! ¡Todas las informaciones anteriores eran ciertas! De modo que el factor sorpresa, tan caro a los intereses alemanes, brilló por su ausencia desde casi el primer instante.

HMS Aurora – El último corsario. Josep Baqués

Sabemos que los británicos se tomaban muy en serio estas tentativas de los buques alemanes. Basta recordar lo ocurrido con motivo de las salidas de los acorazados Scharnhorst y Gneisenau.

Pero esta vez fueron aún más contundentes. En realidad, la Royal Navy movilizó a prácticamente todos los buques disponibles en el Atlántico desde la categoría de destructor para arriba, en un despliegue sin precedentes. Eso sí, convenientemente divididos en varias agrupaciones. El principal grupo de caza estaba llamado a ser el liderado por el crucero de batalla Hood, de 42.000 toneladas, acompañado por el nuevo acorazado Prince of Wales, de 35.000 toneladas, que a su vez estarían apoyados por varios cruceros y destructores. Teniendo esa responsabilidad en mente, zarparon de Scapa Flow a las 01:00 de la madrugada del día 22 de mayo, dirigiéndose hacia su objetivo.

El Aurora también participó en la cacería, pero integrado en el núcleo principal de la Home Fleet, al que se le asignó una zona de patrulla ubicada al suroeste de las islas Feroe, casi a mitad de camino entre Scapa Flow e Islandia. La Home Fleet estaba liderada por el acorazado King George V (gemelo del Prince of Wales) en el que izaba su bandera el almirante Tovey, así como por el portaaviones Victorious, de 23.000 tons. Este buque estaba dotado con los lentos pero muy maniobrables biplanos torpederos Fairey Swordfish. Aviones del mismo tipo que los que en noviembre habían dejado fuera de combate a tres acorazados italianos en Tarento.

El principal inconveniente es que ese día este portaaviones solo llevaba a bordo nueve de esos ágiles aparatos –cuando lo normal era duplicar esa cifra- así como seis cazas navales Fairey Fulmar. Eso se debía a que el resto de su espacio estaba ocupado por varios cazas de la RAF Hawker Hurricane que, semidesmontados, iban ser lanzados a la isla de Malta para reforzar sus defensas antiaéreas. Con todo, se decidió no perder ni un solo instante en embarcar más torpederos o en desembarcar los Hurricane, siendo como eran del todo inútiles para ejecutar esta misión. Este detalle constituye una buena muestra de la premura con la que esta agrupación naval se hizo a la mar para frenar a los buques alemanes…

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