Encuentro súbito entre Su-85 y Panther en los bosques nevados de Kiev (diciembre de 1943). Cazador de Panzers. Vasiliy Krysov

Al amanecer del 27 de diciembre, un gran contingente de fuerzas enemigas contraatacó a la 69.ª Brigada Mecanizada y a nuestro 1454.º Regimiento de Artillería Autopropulsada, fruto de lo cual tuvimos que replegarnos al área de Kozievka.

La ciudad de Korostyshev no sería liberada por las fuerzas del 9.º Cuerpo Mecanizado hasta el 28 de diciembre, tras cruzar el río Teterev –nunca olvidaré sus orillas cubiertas de hielo. Nuestra batería, que operaba en la vanguardia de la brigada, fue la primera en entrar en la localidad de Pilipy. Era de noche y podíamos ver claramente las hileras rectas de isbas blancas a la luz de la luna. Todo estaba tranquilo en la villa: obviamente los lugareños estaban durmiendo y solo algunas chimeneas humeaban un poco a causa de las lumbres a punto de extinguirse.

No había señales de presencia alemana. De repente, oímos el murmullo de motores y el «¡Hurra!» ruso desde la parte sur de la villa. Ishkin y yo intercambiamos miradas confusas: podrían ser de los nuestros, pero nunca estaba de más si nos manteníamos en guardia. Así que ordené: «¡Preparados para el combate! ¡Fuego solo a mi orden!». De repente, apareció ante nuestra vista un Panther con cruces negras claramente visibles que se avanzaban en la dirección de nuestro cañón autopropulsado. Me detuve junto a una isba. Otros tres carros de combate marcados con sus respectivas cruces balcánicas se detuvieron a su derecha.

Todavía confundido por los gritos rusos que habíamos oído, se amontonaron varios pensamientos en mi mente. ¿Y si nuestras tropas están utilizando carros de combate capturados? Si es así, ¿por qué no nos han alertado? ¡Podríamos acabar atacando a nuestros propios muchachos! Vino muy bien que nuestros cazacarros pintados de blanco se fundiesen con el entorno y las cabañas, porque nos daba la oportunidad de pensar durante un par de minutos. Aguantando la respiración, observamos los carros detenidamente mientras la infantería se aproximaba a ellos con más gritos de «¡Hurra!».

De repente, un oficial se asomó por la escotilla del carro más cercano a nosotros y gritó algo en alemán. En ese mismo momento, mi dedo índice, casi congelado, apretó el gatillo de la pistola de señales. La bengala roja se elevó por el cielo y los cañones comenzaron a rugir. Korolev incendió un Panther con el primer disparo. Solo su comandante, con el mono en llamas, logró salir del vehículo incendiado. Muy alterado, corrió primero en nuestra dirección y luego se dio la vuelta y corrió hacia el otro lado. Las llamas de aquel hombre se vieron avivadas por el viento y rápidamente se apoderaron de él. El alemán se desmoronó y comenzó a rodar como una antorcha…

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Los Ranger salen de la playa y se encuentran el Bocage. Omaha. La toma de la cabeza de playa. 6 de junio de 1944

A las 14:00 horas, los Ranger renunciaron al intento de avanzar hacia el sur desde la carretera y, en su lugar, siguieron el curso de ésta junto a la costa hasta Vierville. Esta ruta había sido ya tomada varias horas antes.

La Compañía C y pequeños elementos de otras compañías del 116.º de Infantería habían ido por ese camino, avanzando algunos de ellos en grupos aislados; igual que la Compañía B del 5.º de Ranger, que había marchado por la carretera de Vierville con la impresión errónea de que la columna del batallón Ranger les venía siguiendo. Con el general Cota a poca distancia de los elementos de cabeza, entraron en Vierville antes de las 11:00 horas. Salvo por fuego esporádico efectuado desde las afueras cuando se inició el avance, no se encontró resistencia enemiga.

Una sección de la Compañía B del 116.º de Infantería atravesó Vierville sin contacto con el resto y giró al sur hacia el chateau. Por el camino encontraron un nido de resistencia alemán, lo asaltaron y tomaron 14 prisioneros. Un poco más allá del chateau, la sección fue atacada por alemanes que acababan de bajarse de tres camiones procedentes del sur. La Compañía B, reducida a 25 hombres y sin armas automáticas, se retiró hasta el chateau y detuvo el ataque enemigo con fuego preciso de fusilería. En este lugar se les unió, alrededor de mediodía, la sección de Parker, de la Compañía A del 5.º de Ranger, que venía hacia el chateau campo a través. Ninguno de los dos grupos sabía que había fuerzas amigas cerca de Vierville.

La Compañía B del 5.º de Ranger y la Compañía B del 116.º de Infantería atravesaron Vierville antes del mediodía y continuaron hacia el oeste por la carretera de la costa en dirección a Pointe du Hoc. A unos 450 metros de Vierville fueron detenidos por fuego efectuado desde posiciones preparadas en setos perpendiculares a la carretera. Durante las horas siguientes, los Ranger y la Compañía C trataron de flanquear y neutralizar juntos esta posición. Los nidos de ametralladora enemigos estaban bien camuflados y era difíciles de localizar.

Cada vez que trataban de ponerse en marcha en campo abierto eran detenidos por el fuego alemán de fusilería y armas automáticas a distancias de entre 200 y 300 metros. A las 17:00 horas llegó la fuerza Ranger principal y se trazaron planes para el ataque, que tuvieron que ser cancelados esa tarde. El coronel Canham decidió no continuar la progresión por la carretera de la costa hacia Pointe du Hoc, ya que el 5.º de Ranger constituía el grueso de sus fuerzas para la defensa de Vierville.

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La primera oleada llega a la playa. OMAHA. La toma de la cabeza de playa. 6 de junio de 1944

Los hombres, sobrecargados de equipo y explosivos, ofrecían excelentes blancos para el fuego enemigo mientras desembarcaban en agua de hasta casi un metro de profundidad. De los dieciséis buldóceres, solo seis llegaron a la playa en condiciones operativas y tres de ellos fueron neutralizados de inmediato por impactos de artillería.

Buena parte del equipo, incluyendo casi todas las boyas y pértigas para marcar los pasillos, se perdió o resultó destruido antes de poder ser empleado. Ocho hombres del Team 11 de la Marina arrastraban los botes de goma cargados fuera de su LCM cuando un proyectil de artillería estalló justo sobre la carga de explosivos y prendió el cordón detonante. Sobrevivió uno de los ocho. Otro proyectil impactó en la LCM del Team 14, detonando los explosivos que había sobre la cubierta y matando a todo el personal de la Marina. El Team 15 sacaba su bote de goma hacia el rompeolas cuando un mortero logró un impacto directo e hizo estallar los explosivos, matando a tres hombres e hiriendo a cuatro. El Team F de apoyo llegó alrededor de las 07:00 horas. Un primer proyectil impactó en la rampa, haciendo volar a tres hombres que cayeron al agua. Mientras la lancha quedaba fuera de control, se produjo otro impacto directo en la proa que mató a quince miembros del grupo. Solo cinco soldados del ejército de esta lancha lograron saltar a tierra.

A pesar de tales desastres y bajo un fuego continuo e intenso, los ingenieros se pusieron manos a la obra con los obstáculos dondequiera que desembarcaron y con cualquier equipo y explosivos que hubiesen podido preservar. Algunos de los equipos que demoraron su llegada algunos unos minutos se encontraron con que el rápido avance de la marea alcanzaba ya los obstáculos más alejados. Las unidades de infantería que desembarcaron más tarde de lo programado o que se retrasaron en llegar a la playa llegaron a través de los grupos de demolición mientras éstos trabajaban, impidiendo por tanto su progreso.

Uno de los tres buldóceres que quedaban operativos se vio impedido en la maniobra por fusileros que trataban de encontrar refugio detrás del mismo a causa del intenso fuego. Como impedimento final, hubo ocasiones en las que los equipos de demolición habían fijado sus cargas, estaban listos para volar un pasillo y tuvieron que cancelarlo por el hecho de que había infantería pasando a través del terreno o refugiándose detrás de los obstáculos. Cuando el Team 7 se disponía a activar la demolición, llegó una LCVP que chocó contra los obstáculos, aplastó los maderos y provocó la detonación de siete minas; la carga no pudo ser activada.

En otra ocasión, vehículos pasaron a través de un área preparada y neutralizaron la detonación al seccionar el cordón detonante que iba conectado a las cargas explosivas. Un oficial de la Marina, a punto de accionar el dispositivo de ignición de sus cargas, fue alcanzado por un fragmento de metralla que le seccionó el dedo índice y cortó los cordones detonantes enganchados al dispositivo. La carga puesta por el Team 12 estalló, pero a un gran coste. Tras haber preparado un corredor de casi 30 metros, el grupo estaba abandonando el área para ponerse a cubierto cuando una granada de mortero alcanzó el cordón detonante. La explosión prematura mató e hirió a 19 ingenieros y a algunos infantes de las inmediaciones.

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El trayecto a Playa Omaha. Cuadernos de Salamina Nº 1 – Omaha. La toma de la cabeza de playa, 6 de junio de 1944

En las lanchas más pequeñas se dejaron sentir efectos mucho más serios de la mala mar a medida que éstas se dirigían del área de reunión a la línea de partida. Las LCVP y las LCA quedaron empapadas de espuma desde el principio y la mayoría comenzaron a embarcar suficiente agua como para tener que poner las bombas a pleno rendimiento. Las bombas no daban abasto en muchas de las lanchas, de modo que las tropas de asalto se tuvieron que poner a sacar agua con los cascos.

Las lanchas que tenían problemas de bombeo tendían a quedarse atrás y cualquier intento de incrementar la velocidad para alcanzar al resto se traducía en la entrada de una cantidad de agua mucho mayor. Solo una minoría de lanchas se vieron en apuros serios. De las 180-200 lanchas empleadas en los dos asaltos del regimiento de infantería, se sabe que diez cargadas de infantería se inundaron del todo, algunas al principio y otras cerca de la orilla. Casi todo el personal de estas lanchas fue rescatado por embarcaciones de la Marina o por buques que se hallaban en las inmediaciones, en muchas ocasiones después de pasar horas en el agua.

Los solados fueron empapados en la mayoría de las lanchas desde la misma salida por culpa de la espuma y los mareos fueron generalizados. Las secciones de lancha de las mismas formaciones, integradas por hombres que habían comido el mismo desayuno y tenían el mismo entrenamiento, se vieron afectados de forma muy desigual, oscilando las tasas de «bajas» del cero al cien por cien. Los hombres, entumecidos después de quedar empapados, agobiados por la inmovilidad en una embarcación tan pequeña y completamente cargada, y debilitados por el mareo, no estaban en las mejores condiciones para una acción extenuante en la playa.

Sin embargo, ya se habían producido y abordado contratiempos similares en los ejercicios de entrenamiento y muchos hombres, incluso entre los mareados, se mostraban entusiasmados con la ocasión. Un oficial recordaba que sus tropas hablaban sobre «el estado caótico en el que estaría la playa por la acción de las bombas y los cañones de los navíos», aunque su propia impresión era que: «Parecía otro gran despliegue táctico frente a Slapton Sands y no me podía sacar de la cabeza que iba a ser otra miserable jornada de dos días con una ducha caliente al final»….

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Los Fallschirmjager asaltan Eben Emael. Sky Men.

El resto de Ju-52 y sus planeadores continuaron su camino, felizmente inconscientes de que habían perdido dos planeadores en el trayecto. La atención se centró en mantener el contacto con el remolcador de delante de cada uno, iluminado solamente por sus llamaradas de escape y ocho luces pequeñitas dispuestas en «V» que apuntaban hacia atrás e invisibles desde tierra.

Una inmensa hoguera situada en el cruce próximo a Effern era la primera baliza de navegación y cinco kilómetros más allá un haz de luz de reflectores podía verse rompiendo la oscuridad. «Volamos de acuerdo con un trazado de destellos», recordó el Feldwebel Wenzel, «cada 20 kilómetros se había instalado un reflector» y los soldados atrás cantaban los números con ritmo mientras se iban dejando atrás las balizas. «En Aquisgrán había tres reflectores», explicó Wenzel, «y cuando estábamos sobre ellos, mi aprendiz de piloto el Unteroffizier Brautigen se soltó». La liberación de los planeadores se retrasó 10 minutos porque el jefe de formación de Ju-52 calculó que estaban 460 metros por debajo de lo que debieran, lo que significaba otros diez minutos de ascenso más allá de la frontera holandesa.

La razón principal de la liberación de los planeadores sobre Alemania era para asegurar una aproximación sigilosa, planeando en territorio enemigo. Este aspecto se vio comprometido cuando las ráfagas de trazadoras y el fuego antiaéreo holandés comenzaron a estallar en el cielo sobre Masstricht. La Fuerza Granit destinada a atacar Eben Emael se había reducido a 70 hombres, el 80 por ciento de la fuerza que se estimaba necesaria. A las 04:15 los planeadores, solo distinguibles por un suave silbido de viento, comenzaron descender sobre sus objetivos.

Había ocho pequeñas aberturas cuadradas a cada lado del planeador DFS 230, ofreciendo únicamente una visión restringida hacia abajo. Liberarse del amarre constituía el punto de no retorno. Cinco hombres y el piloto se sentaban hacia delante en los asientos centrales, debiendo salir a través de la ventana de la cabina. Los cuatro hombres que se sentaban mirando hacia atrás, donde estaba sujeto el equipo pesado, tendrían que salir por la pequeña puerta de babor situada cerca de la cola. Herméticamente encerrados en los estrechos fuselajes, a nadie le entusiasmaba la perspectiva de dar botes por tierra en el aterrizaje con cientos de kilos de TNT susceptibles de desprenderse y estallar en derredor. El Jäger Engelmann, que volaba con Wenzel, recordó que liberaron el cable a 2.600 metros: «Estaba amaneciendo y hacía mucho frío en nuestro planeador, su fina piel sintética no nos ofrecía protección alguna contra el frío».

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