Preparando posiciones para la batalla de Kursk. Cazador de Panzers. Vasiliy Krysov

Las tripulaciones pasaron los dos días posteriores a la llegada disponiendo los emplazamientos de las principales posiciones de fuego y dos posiciones de reserva para cada cañón autopropulsado. Completamos esta infernal tarea casi sin descanso, anticipándonos a que el enemigo pudiera lanzar en cualquier momento su ofensiva.

Debido al calor insoportable, nuestras guerreras estaban empapadas de sudor y nos atormentaba la sed; un quinto miembro de la tripulación que quedaba ocioso –no teníamos palas para todos- no daba a basto para traernos agua. Tras haber camuflado la última posición y haber quedado satisfechos con el trabajo, nos sentamos al fin a descansar. Teníamos las manos llenas de ampollas, pero estábamos de muy buen ánimo –¡los alemanes no nos pillarían desprevenidos!

Las tripulaciones pasaron días enteros preparando afanosamente un plan de fuego y haciendo ejercicios para su correcta implantación. De forma simultánea, observé atentamente a mi tripulación y a la sección durante todo este tiempo, examinando veladamente la reacción de los hombres a las distintas situaciones a medida que éstas se producían: ahora una incursión aérea, luego un bombardeo de artillería… y, especialmente, cuando disparaban las lanzaderas de cohetes Nebelwerfer alemanas, ya que eran capaces de estremecer a cualquiera con sus aullidos.

Pero por encima de todo, no perdí de vista a mi tirador, del que tanto dependería en combate. Por fortuna, el sargento mayor Valeriy Korolev, que era el tripulante más joven, se comportaba de forma calmada, no retemblaba con las explosiones y no buscaba ponerse a cubierto si no había necesidad. El resto de los miembros de la tripulación tenían experiencia de combate previa, así que confiaba en ellos.

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Arthur Krüger: el final del regimiento de infantería Danzig (Capítulo 20) – Supervivientes de Stalingrado

Nuestras compañías solo tenían entre treinta y cincuenta hombres. Nuestra línea de frente presentaba huecos; estábamos esperando refuerzos. Nos aproximamos a los rusos tanto como nos fue posible, a menudo a una distancia de 100 metros, para evitar los órganos de Stalin, que eran efectivos en un radio de impacto de 250 metros. Si nos disparaban tocarían a su propia gente.

Además, disponían de buenos francotiradores. Andar por ahí de día era suicida. Por la noche cavábamos como locos para ampliar nuestras trincheras. La tierra se sacaba con lona y se esparcía detrás de nuestra posición. La munición y las raciones nos llegaban de la retaguardia. También recibíamos algún reemplazo de vez en cuando, conductores y gente de las unidades de servicios de retaguardia, lamayoría sin experiencia y pobremente adiestrados.

Debido a la escasez de infantería, cubrí un hueco de la línea del frente con mi grupo de diez hombres de morteros pesados. Delante de nosotros había un campo de minas y luego los rusos. Tenía en mi grupo cuatro cabos, veteranos con los que había luchado durante desde hacía bastante tiempo. Calibramos los morteros con precisión y podíamos hacer blanco sobre los enemigos detectados dentro de la distancia de tiro.

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Los españoles del 10.º Regimiento de Infantería de Luisiana. Azules y Grises

Dentro del ejército regular de las Fuerzas Armadas de la Confederación se encontraba el 10.º Regimiento de Infantería de Luisiana, que, según Raúl C. Cancio, fue el paradigma, el ejemplo, de una unidad militar mixta de confederados y extranjeros, por lo que recibiría el apelativo del Cosmopolitan Regiment, ya que contaba en sus filas con nacionales de Francia, Canadá, Inglaterra, Alemania, Austria, Irlanda, Italia, Martinica, Noruega, Portugal, Rusia, Cerdeña, Escocia, Sicilia, Suiza y españoles de Cuba y de la metrópoli. El capellán del regimiento era el jesuita francés Louis Hyppolite Gache.

El regimiento se formó en la primavera de 1861 por el coronel de origen francés Antoine Jacques Philippe de Mandeville de Marigny, graduado en Saumur, y con experiencia en la caballería francesa. Entre los cuarenta y nueve españoles que se integraron en diez de sus once compañías, se reseñan los tenientes Fabre, Cucullu y Herrero, destinados respectivamente en las Compañías E, F y G; también el teniente de intendencia de la plana mayor, Serafín Riva, y el sargento mayor Calleja, de la Compañía I. En julio de ese mismo año, en Camp Moore, se culminó su organización, que contaba con un total de novecientos cincuenta y tres efectivos, entre oficiales y tropa.

Así, en la Compañía C, los Hewitt’s Guards, consta el alistamiento de un español, Gustavo López, quien residía en Nueva Orleans y era marinero de profesión. El 3 de agosto, en ruta hacia Virginia, se cayó del tren que lo transportaba y murió a consecuencia de tan fatal accidente. En la Compañía F, la Louisiana Rebels, se alistaron dos españoles…

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Arenga al Tercer Ejército – George S. Patton

¡Muchachos!, estas historias que algunos medios están difundiendo por ahí sobre que America quiere mantenerse al margen de esta guerra, que no quiere luchar, son un montón de mierda. A los americanos tradicionalmente les ha encantado luchar.

Todo verdadero americano ama el rugir de la batalla. Los americanos aman a los ganadores. Los americanos no tolerarán perdedores. Los americanos desprecian a los cobardes. Los americanos luchan para ganar. Esa es la razón por la que los americanos nunca han perdido y nunca perderán una guerra.

No todos vosotros vais a morir. Solo el dos por ciento de los que estais hoy aquí morirá en combate. No se debe temer a la muerte. Con el tiempo, la muerte le llega a todo hombre. Y todo hombre está asustado en su primera batalla. Si dice que no lo está, es un maldito mentiroso. Algunos hombres son cobardes pero luchan igual que los hombres valientes o se les retorcerán las tripas al ver a hombres luchar que están igual de asustados que ellos. Recordad que el enemigo está tan asustado como vosotros, y probablemente incluso más. No son superhombres. El verdadero héroe es el hombre que lucha incluso cuando está asustado. Algunos logran superar su miedo inmediatamente una vez bajo el fuego, a otros les lleva una hora, algunos necesitarán días, pero un verdadero hombre nunca permitirá que su miedo a la muerte se anteponga a su honor, a su sentido del deber para con su país y para con la Humanidad.

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Operaciones soviéticas de desminado y reconocimiento de las trincheras alemanas. ¡ASALTO! Acciones de combate de pequeñas unidades en el Frente del Este.

A continuación os compartimos una acción de pequeñas unidades incluida en ¡ASALTO! que describe los procesos de desminado y acercamiento progresivo a la línea de trincheras alemanes por parte de los soldados del Ejército Rojo

A mediados de julio de 1942 tres batallones soviéticos se enfrentaban a un batallón alemán en el sector del saliente de Voronezh. La distancia entre las líneas de frente respectivas variaba entre los 1.400 y los 1800 metros. Cada batallón ruso estaba compuesto por una compañía de morteros y tres compañías de fusileros, una sección de obuses, y un pequeño destacamento de ingenieros.

Las posiciones alemanas estaban protegidas por alambradas y un campo de minas, dispuesto con minas antipersonal activadas por presión directa sobre el detonador. Mediante el envío de numerosas patrullas, algunas de las cuales sufrieron bajas a causa de las explosiones de las minas, los soviéticos pudieron calcular el perímetro aproximado del campo de minas.

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