Operación Korsun – Shevchenkovskiy, el presagio de las demoledoras ofensivas soviéticas de 1944

Para entonces, ambos bandos habían quedado agotados por la lucha incesante desde el mes de julio, aunque los soviéticos habían logrado una recuperación parcial. Este año no darían respiro alguno, presionando de modo implacable hacia delante no solo durante el invierno, sino también en el periodo de rasputitsa de principios de la primavera.

Expulsados de las riberas del Dniéper a ambos lados de Kiev, los alemanes se aferraron al río en lo que se había convertido en un saliente cada vez más profundo de 120 kilómetros al sureste de la capital ucraniana. Este saliente de Korsun – Shevchenkovskiy, en la línea divisoria entre los 1.er y 2.º Frentes Ucranianos, estaba defendido por los XI y XLII Cuerpos, once divisiones (una de ellas panzer), y una brigada de granaderos panzer. Esta importante fuerza obstaculizaba el desarrollo de las operaciones soviéticas y, al mismo tiempo, ofrecía un blanco tentador. De hecho, el saliente, defendido por la insistencia de Hitler a pesar de las súplicas de sus generales de acortar y enderezar la línea de frente, invitaba claramente al cerco.

El 12 de enero la Stavka cursó puntualmente las órdenes para una operación de dos frentes que implicaba a dos ejércitos aéreos, cinco ejércitos de armas combinadas y dos ejércitos de tanques (más tarde tres), que había de comenzar en un periodo de doce días y que debía cercar y destruir a los dos cuerpos alemanes. Esta operación tendría que ser planeada y preparada en un periodo de tiempo mínimo, en particular teniendo en cuenta el hecho de que ambos frentes estaban llevando a su conclusión ofensivas en diferentes ejes. A fin de lograr la estrecha coordinación requerida para que dos frentes llevasen a cabo un cerco, el representante de la Stavka G. K. Zhukov y sus dos comandantes subordinados principales trabajarían contrarreloj.

Además, la ejecución tendría lugar en una situación altamente dinámica. El Grupo de Ejércitos Sur se encontraba en retirada, pero dos de sus cuerpos panzer estaban a punto de contraatacar al suroeste del saliente contra un avance soviético que extendía gradualmente la longitud de la vertiente occidental de dicho saliente.

Los soviéticos se enfrentaban a un terreno accidentado, salpicado de obstáculos fluviales, en algunos lugares pantanoso, y con unas pocas carreteras en mal estado; también había rasputitsa, que se había adelantado gracias a un invierno templado. El esfuerzo de los ingenieros encaminado a lograr las concentraciones y contribuir al avance de las formaciones iba a ser considerable y difícil de ocultar (por ejemplo, el redespliegue del 5.º Ejército de Tanques de la Guardia requirió la construcción de una carretera de 35 kilómetros en cuatro días)….

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Bagration, L’vov-Sandomir, Yassi-Kishinev. De la derrota a la victoria.

En 1944 hubo demasiadas operaciones como para tratar de llevar a cabo un análisis exhaustivo. Me he circunscrito a las tres de mayor magnitud, más importantes y más exitosas, que estuvieron simbióticamente relacionadas y que lograron en conjunción un resultado decisivo.

De la derrota a la victoria – Ediciones Salamina

Son las que mejor ilustran la disciplina del arte operacional. Pero, además de contemplar estos éxitos, también pongo de manifiesto que otras operaciones se quedaron lejos, a veces muy lejos, de sus objetivos asignados. El ejército alemán era todavía un formidable oponente y muchos generales soviéticos carecían de la experiencia, la formación y la capacidad para dominar con maestría y de manera oportuna conceptos y técnicas en constante evolución, en algunos casos sin remedio.

Por ejemplo, solo la Operación Bagration, de cinco semanas de duración, fue concebida y ejecutada sobre una escala geográfica mucho mayor que toda la campaña de ocho semanas iniciada con la penetración en Normandía y que se extendió hasta mediados de septiembre: cubrió un área de 550 por 650 kilómetros, comparada con la aliada de 350 por 450-500 kilómetros, e involucró a 2,3 millones de hombres comparados con el 1,5 millones en el Oeste.

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La rendición del general Whitelocke al general español Liniers

El 6 de julio, Whitelocke tuvo noticia de que la retaguardia ya había llegado a Barracas, y le ordenó dirigirse a Miserere, lo que hizo este día. Marchó entonces al Retiro, pues su intención era reagruparse allí y reemprender el ataque.

Pero llegado al Retiro, encontró a Auchmuty con diametrales designios en su cabeza. El general le anunció que la tropa había perdido la moral y le aconsejó aceptar la capitulación. Whitelocke, que carecía de confianza en su propio criterio militar, como ya había demostrado aceptando a última hora el plan de un Gower sólo consultado por su pura indecisión, se desmoralizó a su vez. Para ganar tiempo y asegurar la incorporación de la retaguardia de Mahón, rechazó la propuesta de Liniers, anunciando que la situación de su ejército no era tan mala, y propuso una tregua de 24 horas para recoger heridos y enterrar muertos.

Liniers rehusó tal tregua, y esta tarde se reanudaron las hostilidades, Elio fracasaba en su intentó de tomar la Residencia, mientras el Fuerte y las cañoneras inglesas se disparaban.
Mahon llegó al Retiro con 2.083 hombres, que en parte compensaban los perdidos el día anterior. Además, Whitelocke fue informado de que, con los grandes cañones españoles encontrados en la Batería del Retiro, podía ser arrasada la ciudad. Pero la decisión estaba ya tomada. Gower fue enviado al Fuerte con bandera de parlamento, donde encontró a Liniers comiendo con todos los jefes ingleses capturados, entre ellos Craufurd y Pack, acompañados de igual número de oficiales españoles.

Y ese día se concretaron las condiciones de la capitulación: el ejército británico se embarcaría en el Retiro en un plazo de diez días y abandonaría el Río de la Plata en dos meses. Las fortificaciones de Montevideo deberían ser reparadas por los ingleses, y los españoles les ayudarían a obtener vituallas para la partida…..

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El tercio de Nápoles en la batalla de Wimpfen – Batallas de la Guerra de los Treinta Años

Hoy 31 de enero se celebra el día de los Tercios, nos unimos con un fragmento de un autor extranjero, William P. Gurthrie, sobre la batalla de Wimpfen.

Los batallones de la Liga se habían detenido más o menos cuando la caballería que los apoyaba se marchó, pero los de Córdoba no hicieron lo mismo. A pesar de las repetidas descargas de artillería los infantes españoles se acercaron a quemarropa a los mosqueteros de la línea de carros. Fueron barridos por un mortífero fuego. Sometidos a esta presión los dos regimientos alemanes del ejército español se deshicieron9. Los propios españoles de Córdoba, el legendario Tercio de Nápoles, estando a la altura de su reputación, formaron en la derecha otro bastión similar al que había formado Schmidt en la izquierda.

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Conteniendo la bolsa norte de Briansk – Operación Tifón

En la bolsa norte, la 18.ª División Panzer de Nehring se hallaba de nuevo en lo más disputado de la lucha.

En la madrugada del 13 al 14 de octubre, fuerzas soviéticas efectuaron una ruptura en sus líneas y lograron mantener una brecha de 2 kilómetros en el frente alemán hasta que llegaron los carros de combate germanos a cerrarla justo antes del medio día. Al mismo tiempo, el cercano Regimiento de Infantería Grossdeutschland de Hörnlein estaba siendo sometido a feroces intentos de ruptura por una fuerza enemiga enormemente superior (perteneciente al antiguo 50.º Ejército soviético).

Los informes alemanes hablan de cargas soviéticas a la bayoneta, que en terreno boscoso, lograban llegar a las líneas alemanas, lo que facilitaba los combates cuerpo a cuerpo. Solo este día, el regimiento de Hörnlein perdió cinco comandantes de compañía, entre los que se encontraban algunos de sus venerados poseedores de la Cruz de Caballero, pero sus hombres lograron capturar también entre 3.000 y 4.000 prisioneros soviéticos (incluidos elementos del mando y el estado mayor del 50.º Ejército).

Al día siguiente, la 18.ª División Panzer de Nehring informó de «la captura diaria de miles de prisioneros», mientras que en un solo lugar se habían llegado a capturar 159 cañones soviéticos. Más al sur, entre los días 9 y 14 de octubre, el XXXXVII Cuerpo Panzer de Lemelsen había hecho unos 23.000 prisioneros soviéticos, y para el 19 de octubre, esa cifra se había incrementado a 61.544.

La batalla de Briansk revestía todas las características de otra victoria alemana pero el coste estaba siendo, de nuevo, demasiado alto, y el tiempo continuaba corriendo a expensas del largamente esperado avance sobre Moscú.

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Plaza mayor de Buenos Aires. Los Higlanders escoceses defienden a su general poco antes de la derrota.

A media mañana del 12 de agosto de 1806, la estrategia española de sitiar a los invasores en la Plaza Mayor es culminada por el más completo éxito.

No poco ha contribuido a esto el regimiento de Miñones Catalanes, que, bien pertrechado, se ha ocupado de aniquilar uno a uno los piquetes avanzados ingleses, o los marineros enrolados en el ejército que, como gatos, saltan de azotea en azotea limpiando las calles de enemigos. La desesperada estrategia inglesa consiste entonces en el agrupamiento en la Recova, situada en el centro de la Plaza, y Beresford ordena el abandono del Cabildo, la Catedral y las demás casas. Pero la presión se hace excesiva.

La caballería de Pueyrredón ataca al regimiento 71 de Highlanders mientras se retira, haciéndose con la banderola de una de sus gaitas

Así, mientras los soldados reclutados en la isla de Santa Elena entran en el Fuerte, los bravos Highlanders defienden a su general en círculo bajo el arco de la Recova. Las bajas inglesas se multiplican al ser acribillados desde todas las direcciones. A los pies de Beresford muere el capitán Kennett, su ayudante…

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Pappenheim en la batalla de Breitenfeld (1631)

En cualquier caso, Pappenheim ordenó avanzar a su ala a las 14:00 horas. Los coraceros comenzaron a marchar a trote largo «con un ímpetu considerable», con los arcabuceros a caballo y Holstein prestando apoyo cercano.

Pappenheim se desvió ligeramente a la izquierda para evitar a la infantería enemiga del centro y poder golpear en ángulo recto a la caballería sueca. La «fuerza moral» de 3.800 jinetes de caballería pesada parecía irresistible, especialmente desde que Gustavo Adolfo había decidido enfrentarse a ellos desde una posición de reposo. La mayor parte de los jinetes hubiera vacilado, y era comprensible. Pero el rey había preparado bien a sus hombres, y éstos eran la elite. Justo en el momento preciso —cuando la primera línea de Pappenheim ya había disparado y la caracola se había detenido— todos los suecos descargaron sus armas, 860 mosquetes y 2.450 pistolas.

El impacto moral fue desproporcionado respecto al impacto real (quizá 150 hombres alcanzados de 2.500). La caballería sueca arrancó para «rechazar» a los desordenados Imperiales. Se llegaron a cruzar algunas espadas y hubo algunos fogonazos de pistola pero no se produjo un verdadero contacto. Los mosqueteros largaron una segunda descarga. Los Imperiales rompieron el contacto y lentamente se fueron retirando de la barrera de humo y acero. La «carga» de Pappenheim había sido «repelida», esto es, los suecos habían sobrevivido a la primera caracola. Su júbilo era palpable.

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Los portaaviones de la Royal Navy en el Mediterráneo

Los responsables directos de las principales victorias británicas en sus enfrentamientos navales con los italianos no fueron los acorazados, sino los portaviones.

Las oleadas de aviones lanzados desde esas plataformas móviles fueron un instrumento de acoso muy efectivo que, inclusive, logró paralizar navíos de la Regia Marina que luego fueron cañoneados por la flota. Para el inicio de la guerra entre Gran Bretaña e Italia -10 de junio de 1940- la Royal Navy contaba con un notable número de portaviones: tres de la clase Courageous (26.500 toneladas y 48 aviones cada uno); el Argus, decano de esta clase de naves (14.775 toneladas y 20 aviones); el Eagle (26.200 toneladas y 21 aviones); el Hermes (10.950 toneladas y 20 aviones y, por último, el Ark Royal (27.000 toneladas y 60 aviones).

Gran Bretaña, aprendiendo de eventos como la pérdida del Repulse y el Prince of Wales y el raid de Tarento, dirigió parte de su esfuerzo bélico en la construcción de portaviones de línea, como el Unicorn, los seis de la serie Formidable y los ocho de la clase Colossus, reforzados por cuarenta y cinco portaviones de escolta hechos a partir de buques mercantes modificados.

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El Ejército Español en la defensa de Buenos Aires

El ejército español había sido organizado en cuatro divisiones.

La primera estaba mandada por el coronel Cesar Balbiani y constituía el ala derecha. Constaba de dos batallones de Patricios, 800 hombres; el Cuerpo de Marina, 400; dos compañías de Miñones Catalanes (los Miñones eran infantería ligera), 130; una compañía de Granaderos de Milicias Provinciales, 90; el primer escuadrón de Húsares, 217, y el tercer escuadrón de Cazadores, 180. Contaba también con 14 piezas de artillería y sus correspondientes artilleros y sirvientes. El número total de sus efectivos, incluidos los jefes, era de 1.987 hombres. Su distintivo fue la banderola roja.


La segunda división era comandada por el coronel Francisco Javier Elio y constituía el centro. Constaba del Tercio de Gallegos, 550 hombres; el Tercio de Andaluces, 400; el Cuerpo de Pardos y Morenos (negros y mulatos), 400; dos compañías de Miñones Catalanes, 130; el Quinto Escuadrón de Carabineros, 150. Portaba 9 cañones y sus artilleros. En total 1.720 hombres. Su distintivo fue la banderola blanca.

La tercera división fue encomendada al coronel Bernardo de Velasco y constituía el ala izquierda. Constaba de la tropa profesional del Fijo y Blandengues (guardia fronteriza), 400; el Tercio de Cantabros, Castellanos, Vizcaínos (vascos) y Asturianos, 500; el Tercio de Arribeños (provenientes de otras ciudades del Virreinato, 250; dos compañías de Miñones Catalanes, 130; el segundo escuadrón de Húsares, 150; el sexto escuadrón de migueletes; 150. Portaba 16 piezas de artillería. En total 1.580. Su distintivo fue la banderola azul.

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Defensa de Buenos Aires. El combate de Santo Domingo

Amaneció en 1 de julio sin noticias del inglés en Barracas, pero no permaneció ocioso el centro del ejército pues se terraplenaron algunas zanjas que había del otro lado del Riachuelo y que podían abrigar al enemigo.

Pronto llegaron noticias del avance enemigo, pues a mediodía avisaron las avanzadas de los Usares de Pueyrredón, que los ingleses pasaban por los Quilmes. Era el momento de apostarse para impedirles el franqueo del río. Así, dispuso el General [Elio, jefe de esta división del centro], apostar a la Compañía de Granaderos de Galicia en una embarcación que se hallaba varada a la parte del norte del Riachuelo; la 1ª. y la 2ª Compañía en al Quinta de Ugarteche como cien varas al E. y sobre la orilla del Rio, el resto de Galicia con los Pardos y Andaluces permanecieron en al posición del día anterior; esto es en una línea perpendicular el Riachuelo.

Esto es, tres compañías flanquearon, sobre la orilla, el puente sobre el que necesariamente deberían transitar los británicos y el resto se situó en el extremo del puente. Pero los acontecimientos se precipitan: A las dos de la tarde volvieron a avisar que los enemigos iban llegando a la Chacarita de Santo Domingo, que sólo distaba dos leguas [8 kms.]; con esta noticia resolvió el Coronel Elio pasar a la Ciudad a dar cuenta al General en Jefe; el Comandante de Gallegos Don Pedro Antonio de Cerviño quedó mandando el Campo.

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