Castelnuovo (1539) – Las inconveniencias de provocar a los españoles

Barbarroja plantó su tienda en lo más alto y visible del real, izando a su lado el estandarte del sultán. Ulamen debía batir desde su plataforma la cara norte de Castelnuovo mientras que el almirante turco lo haría con otras dos desde la parte oriental.

Desde el mar Salac debía bombardear sin descanso de la mañana a la tarde la fortaleza de la marina con tandas sucesivas de diez galeras, montando algunas de ellas hasta 2 y 3 cañones gruesos. Antes de que comenzaran los cañones a batir la plaza mostraron los jenízaros mucho deseo de medirse con los españoles, provocándolos a salir y entablar combate con ellos.

Orgullosos y presuntuosos, agitando cimitarras y arcabuces, les gritaban a los soldados españoles que estaban en las murallas «que un español bastaba para dos soldados turcos, y un jenízaro para dos españoles». Aceptando la lucha y furiosos por la afrenta salieron en tromba por la puerta de la plaza 800 españoles, la mitad arcabuceros, y fue tal la escabechina que mataron a mil jenízaros e hirieron a otros tantos, obligando a los demás a retirarse y meterse literalmente en el mar, por no poder retroceder hasta el campamento.

Este revés tan precoz y tan fuera de lugar provocó la ira de Barbarroja, pues suponía una pérdida de reputación de las armas turcas antes de comenzar si quiera el sitio, además de un golpe moral para el resto de tropas y una preciosa pérdida de efectivos de las unidades más veteranas del ejército turco, de las que se esperaba que marcasen la diferencia en el momento decisivo de tomar la plaza. Visto lo poco provechoso de entrar en combate cuerpo a cuerpo con los españoles, el almirante otomano prohibió las escaramuzas.

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Franz Stigler y Adolf Galland comentan algunos problemas del Me 262

Franz Stigler tenía sus impresiones personales sobre los peligros de tratar de irse al aire con el Me 262 estando sometidos a un ataque aéreo:

«Cuando sonaba la sirena de alarma, el corazón se te salía por la boca. Sabías que en un despegue en frío la operación de calentar motores hasta la temperatura operativa era un proceso que llevaría entre cuatro y cinco minutos antes de poder despegar. Eso es una eternidad cuando tienes que preocuparte de que un caza enemigo en pasada rasante no acabe contigo en la pista de rodadura o durante la maniobra de despegue. O en el aterrizaje. Reza también para que con la tensión del momento no entres en pérdida o sobrecalientes los motores».

También Galland tenía algo que decir al respecto: «La vulnerabilidad de los reactores, en especial durante el despegue y el aterrizaje, era causada por el tiempo relativamente largo que se necesitaba para retraer o extender el tren de aterrizaje, además de por la baja aceleración del aparato con los flaps extendidos y el tren bajado. Por tanto, debíamos tener cazas de pistón, en su mayor parte los narigudos FW 190D, en nuestras bases de reactores para que protegiesen los despegues y los aterrizajes después de que los aliados descubriesen el punto más débil del Me 262».

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La última misión del 82.º Escuadrón de la RAF – Dogfight

La formación estaba compuesta de dos secciones de seis bombarderos cada una. Cada avión transportaba cuatro bombas de 113 kilos. Durante el trayecto debían reunirse con un escuadrón de cazas Hurricane que los escoltarían hasta el ojetivo, pero debido a un error de planificación no se presentaron.

Los aviones británcios se aproximaron a su objetivo a 2.700 metros de altura en lo que se presentaba como una mañana despejada de primavera cuando se vieron rodeados de repente de explosiones de proyectiles antiaéreos. La formación se separó y los aviones comenzaron a dar bandazos para dificultar el fuego de la antiaérea. Uno de los bombarderos resultó derribado en este primer encuentro.

Antes de que los bombareros tuvieran tiempo de recomponer su formación cerrada se vieron sometidos al ataque de unos 15 cazas Me-109 de la Jagdgeschwader 3, que lanzándose en picado con el sol a la espalda abrieron fuego con cañones y ametralladoras. Los ametralladores de los Blenheim respondieron con prolongadas ráfagas para intentar repeler a los cazas, pero el ligero armamento defensivo de los bombarderos no era rival para los cazas alemanes.

Delap recordaría más tarde: Algunos de los bombarderos se lanzaron en picado, otros volaron en diagonal intentado acciones evasivas. Mi propio avión quedó con las alas agujereadas y el motor de babor se incendió. Lo único que me salvó fue la plancha de blindaje del respaldo de mi asiento. Entonces un proyectil estalló en el interior de la cabina, provocando un incencio que causó tanto humo que ya no podía ver el panel de instrumentos.

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El sargento Bourgogne entra en Moscú con la Guardia Imperial

El emperador ya estaba allí con su estado mayor. Nos detuvimos y vimos a nuestra izquierda un inmenso cementerio. Tras esperar un momento, salió de Moscú el mariscal Duroc, que acababa de entrar, y dirigiéndose al emperador le presentó a varios habitantes que sabían hablar francés.

El emperador los interrogó; entonces el mariscal le dijo a su majestad que en el Kremlin había un gran número de personas armadas, de las que la mayoría eran criminales liberados de las prisiones; habían estado disparando contra la caballería de Murat, que formaba la vanguardia. A pesar de darles varias órdenes persistieron en mantener sus puertas cerradas.

«Estos desgraciados», dijo el mariscal, «están todos borrachos y no atienden a razones».

«Abre las puertas a cañonazos», replicó el emperador, «y expulsa a todo aquel que encuentres tras ellas».

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La incursión a la Isla de Fanning – I Guerra Mundial en el Pacífico

Una de las curiosidades menos conocidas de la Primera Guerra Mundial fue una serie de acciones bélicas conocidas como la «guerra de los cables»

Este tipo de ataques que se desarrollaron mediante bombardeos desde buques a larga distancia o sabotajes de grupos de hombres armados, consistió en neutralizar las estaciones radios o cables submarinos del oponente para cortar de raíz las comunicaciones del enemigo con sus colonias, los países neutrales o territorios más o menos alejados de la metrópoli. De hecho, uno de los ejemplos más famosos de la «guerra de los cables» tuvo lugar en el Frente de Asia-Pacífico a inicios del conflicto contra la estación radiocablegráfica de la Isla de Fanning.

Fanning era un territorio del Imperio Británico desde su anexión en 1788. Perteneciente al Atolón de Tabuaeran en las Islas de la Línea, este paraíso tropical constituía un lugar estratégico clave por su ubicación justo en el centro del Océano del Pacífico. Precisamente Fanning era famosa por actuar de puente entre el comercio de Asia con Sudamérica, en especial entre China y Chile a lo largo de más de 5.500 millas náuticas, lo que convertía al enclave en un dominio muy apreciado por el Reino Unido.

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La expedición de L’Hermite a Perú – El ataque a El Callao (1624)

El día ocho se aproximaron los holandeses, rompiendo el fuego los nueve buques, mientras seiscientos hombres embarcaban en lanchas de desembarco, seguidos de una segunda oleada de otros tantos. El desembarco se produjo en Chuquitanta, a dos leguas de El Callao, para hacer una intentona por tierra, preferible a afrontar las fortificaciones del puerto.

Pero L’Hermite tomó las patrullas a caballo de los españoles por una poderosa fuerza y no se decidió a seguir, ordenando el reembarque. La treta de los españoles había funcionado perfectamente: muchos de los »temibles» jinetes que tanta prudencia provocaron, eran simples civiles a lomos de mulas, sumariamente armados, pero que a distancia parecían aguerridos escuadrones.

Vueltos los holandeses a la isla de San Lorenzo, y ante el puerto de El Callao, atacaron con sus lanchas y galeotas (traidas desarmadas a bordo de los buques mayores), intentanto quemar al inútil «Loreto» y otras embarcaciones allí fondeadas, trabándose escaramuza nocturna con las españolas en la noche del 11 de mayo, sin resultados de mención, salvo algunas bajas por ambas partes y hacer prisionero a un condestable holandés.

El virrey convocó junta, en la que se decidió, en vista de los escasos elementos de defensa, improvisarlos: así se construyeron en apenas veinte días 12 cañoneras o pequeñas galeotas, tres de a tres cañones, las «Magdalena», «Santiago» y «San Cristóbal», otras siete de a dos piezas: «San Juan», «Santa Juana», «Santiago el Mayor», «Trinidad», «Rosario», «Loreto» y «San Ignacio», y tres más de solo una: «Jesús María», «San Pedro» y «Buen Viaje».

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Barbarroja 1941 – Los ucranianos no quieren luchar

Exactamente a las 17.30 horas los cañones comenzaron a rugir y a aplastar el bosque desde ambos lados de la carretera. Los motores de las motocicletas aullaban; tanto éstas como las que llevaban sidecar con hombres en su interior parecían animales de presa.

Agarrados fuertemente a sus máquinas, mis camaradas bajaron desde la elevación y corrieron hacia las detonaciones de los proyectiles y las ráfagas de las ametralladoras enemigas. En pocos segundos la compañía había llegado a la linde del bosque y había desaparecido. Peter apretó el acelerador y salió corriendo en busca de su compañía.

El fuego de artillería estaba todavía dirigido a la linde del bosque. Ni un solo disparo de artillería fue hecho contra nosotros. Pequeños caballos desaliñados masticaban sus bridas. Los rusos en fuga escaparon hacia el norte por ambos lados de la carretera. Pero ¿qué sucedió entonces? La compañía se detuvo. Comenzó a luchar con los rusos en retirada y con bolsas aisladas de resistencia.

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FW 190 – El pájaro carnicero. Evolución de las tácticas contra los “Viermots” (cuatrimotores)

Desde que los bombarderos cuatrimotores hicieron acto de presencia sobre los cielos europeos los pilotos de la Jagdwaffe estuvieron discutiendo de cual era la mejor manera de enfrentarse a ellos.

Pintura de Loin Wyllie

En un primer momento se pensó en una aproximación clásica desde atrás, pero el caza estaría sometido al fuego defensivo de las ametralladoras de 12,7 mm no sólo del bombardero atacado sino de sus compañeros que se disponían en formación de caja. Era necesario acercarse lo suficiente para estar al alcance de las MG 17 de 7,92 mm y con sus proyectiles trazadores corregir el disparo de los cañones MG 151.

El gigantesco B-17 ocupaba no sólo todo el visor de puntería Revi sino todo el parabrisas del caza, de hecho no sorprende que muchos pilotos abrieran fuego prematuramente y realizasen una maniobra evasiva. Los que esperaban a estar a distancia de tiro estaban también pendientes de buscar la mejor ruta de escape tras el ataque. Bajo estas condiciones raramente se llevaban a cabo los ataques del modo planeado. Otra dificultad añadida para los jefes de formación era volver a reunir a sus aparatos para realizar otra pasada pues los cazas salían en todas direcciones cuando realizaban las maniobras evasivas.

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La batalla de los Abrojos – El león contra la jauría

Siguiendo la táctica tradicional española dispuso a sus galeones en una larga hilera, ligeramente cóncava, con la capitana en cabeza y la almiranta cerrando la marcha, detrás, protegidas por este despliegue defensivo y con órdenes de alejarse lo antes posible del combate, quedaban las inermes carabelas de las tropas y del azúcar.

Los holandeses desplegaron en forma similar y con la ventaja del barlovento no tardaron en caer sobre la escuadra ibérica, enfrentándose entre sí los buques principales, mientras el resto se limitaba a cañonearse a media distancia. Así que el combate principal se dividió al principio y al final de cada formación y entre los buques principales.

Siguiendo de nuevo la táctica tradicional española, el insignia de Pater embistió a la capitana de Oquendo, buscando el abordaje. El choque fue muy duro, metiendo su bauprés entre los palos mayor y mesana del «Santiago», que aprovechando el impulso del choque y maniobrando con el timón y el velamen, según dispuso Oquendo, giró enlazado con el «Prins Willem», con lo que el español quedaba ahora a barlovento, así el humo del combate iría en dirección a los holandeses, perjudicándolos notoriamente. Pero el costado libre del español fue atacado inmediatamente por otro de los grandes buques holandeses, ahora el «Provintie Utrech», iniciándose así el duro combate.

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Combate entre el San Mateo y el Saint-Pierre – Batalla de San Miguel o Isla Tercera (1582)

Los franceses copaban las bordas, castillo y alcázar de su galeón, toda la tropa gritaba con el ánimo de aterrorizar a la tripulación del San Mateo, dotación que por otra parte parecía brillar por su ausencia, a excepción de los marineros de gavias y otros que se veían por cubierta.

El estruendo de timbales y cornetas hacía, quizá, más horrible aquella amenazante figura que desde los penoles del mastelerito y masteleros pasando por las gavias se adornaban de banderas y gallardetes de colores amarrillo, anaranjado y negro. Cuando el Saint-Pierre aproaba contra el castillo de proa del San Mateo, la artillería del primero, la de su cubierta baja con sus cañones, medios y culebrinas, y la de la principal, con sus versos, esmeriles y falconetes, lanzaba  una descarga cerrada contra el costado del galón hispano, a su vez la arcabucería barría las bordas y todo aquello que se encontrase al descubierto, era el momento para que los marineros más habilidosos lanzasen  sus cabos con las garfios para amarrar el mastodóntico galeón, el cual parecía inactivo. Era la táctica española, dejar que el otro descargase sus armas y aguantar tras la resistente estructura y envolvente del forro. La descarga fue como una bofetada, estremeció hasta la última cuaderna, consiguió que la nave se balanceara sobre su crujía. El galeón no reaccionaba.

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