Lucha en la tundra: asalto a un búnker sovietico. ¡Asalto! Acciones de combate de pequeñas unidades en el Frente del Este

Durante el invierno de 1943-1944, el XIX Cuerpo de Montaña, que ocupaba el sector norte del XX Ejército de Montaña, estaba integrado por dos divisiones de montaña y una división de defensa costera. El cuerpo se enfrentaba a fuerzas soviéticas superiores en número. Tanto los alemanes como los soviéticos ocupaban posiciones relativamente bien construidas por tercer invierno consecutivo.

Ambos bandos limitaban sus actividades a acciones de patrulla intensivas, dándose rara vez durante el invierno las operaciones con fuerzas mayores a la escuadra. Además de la constante actividad de reconocimiento a corta distancia, que era esencial para la seguridad, especialmente en las largas noches de invierno y durante las nevadas, ambos contendientes llevaron a cabo incursiones y ataques de tanteo con el fin de recopilar información, interrumpir el tráfico de suministros y mantener intacta la moral combativa de las tropas.

A primeros de enero de 1944, el 1.er Batallón del 143.er Regimiento de Montaña recibió órdenes de prepararse para llevar a cabo una incursión contra la posición fortificada soviética situada en la Cota 858 (Mapa 36). El objetivo de esta incursión era hacer prisioneros y destruir tantas instalaciones defensivas y refugios enemigos como fuese posible. A las 00:30 horas, la partida de incursores dejó el Campamento Base 2. Los elementos de reconocimiento lideraron la marcha.

A las 03:45 horas fueron reunidos todos los hombres en la posición de partida. Las dos escuadras de apoyo ocuparon sus posiciones asignadas sin establecer contacto con el enemigo. Hofer y su escuadra comenzaron a abrirse paso hacia el este hasta el camino que llevaba al objetivo. Ocultos por la nieve acumulada en altos túmulos a ambos lados del sendero, Hofer esperaba poder acceder al complejo soviético. Cuando llegó a un lugar situado a unos 40 metros de la trinchera de comunicación que conectaba los diversos refugios y emplazamientos, Hofer vio a un soldado soviético emerger de un refugio y caminar hacia la parte nororiental del complejo.

Sin haber notado la presencia de los alemanes, el soldado desapareció en otra sección de la trinchera. Sin vacilar, Hofer decidió tomar el refugio. Justo cuando su escuadra se preparaba para el asalto, Hofer descubrió que había confundido una sección de la trinchera reforzada con piedra con un búnker….

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Pripiat: la construcción de puentes peatonales para establecer cabezas de puente.

Con posterioridad, el modo de actuar de las fuerza soviéticas apostadas en el interior de la cabeza de puente fue el típico de los métodos de combate soviéticos en 1944. Casi siempre al amparo de la oscuridad, hicieron obstinados esfuerzos de mejorar las posiciones de su cabeza de puente mediante la construcción de caminos de troncos, puestos de observación a determinada altura y plataformas de madera.

Expuestos al fuego alemán, los soldados soviéticos se movían por el terreno cenagoso, a menudo con el agua a la altura del pecho. Con los límites impuestos por la escasez de munición, los alemanes hicieron todo lo que pudieron para que la posición se volviese insostenible y los soviéticos acabasen desalojando su cabeza de puente. Sin embargo, la densa vegetación favorecía las tácticas de infiltración y dificultaba la dirección del fuego mediante observadores.

Entonces, los soviéticos comenzaron a construir un puente peatonal sumergido. Este puente, de unos dos metros de anchura, se componía de caballetes previamente ensamblados. Durante la noche, estos eran puestos en su sitio en el río, yendo las planchas de madera horizontales a una profundidad de diez centímetros bajo la superficie. Esto no presentaba dificultades técnicas debido a la lenta corriente del río Prípiat.

El puente era, por tanto, invisible a los observadores alemanes. Éstos no sospecharon de su existencia hasta que aparecieron de repente algunos cañones contracarro soviéticos en la orilla norte del río.

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HMS Ark Royal: uno de los navíos protagonistas. El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial.

La Fuerza H -creada a toda prisa por la Royal Navy para llenar el vacío en el Mediterráneo occidental dejado por la extinta Marine Nationale- operaría a ambos lados del estrecho de Gibraltar de acuerdo a las necesidades del momento y, aunque tenía su base principal en el Peñón, estaba bajo control directo del Primer Lord del Almirantazgo.

Su primera acción fue destruir a la Marina de la República de Vichy, bombardeando desde el mar a los navíos franceses amarrados en el puerto de Mers-el-Kébir. Medio año después de la desagradable misión de acabar con la flota mediterránea de su antiguo aliado, el 31 de enero de 1941 la Fuerza H -formada por el acorazado Malaya, el crucero de batalla Renown, el crucero ligero Sheffield, el portaviones Ark Royal y diez destructores- zarpó de Gibraltar con el objetivo final de atacar Génova. Durante el desplazamiento debían aprovechar y destruir la represa de Santa Clara, ubicada al interior de Cerdeña.

El bombardeo contra Génova debía llevarse a cabo al día siguiente de ese ataque. Aunque el 2 de febrero a las 08:00 horas el raid contra la represa se inició tal y como estaba previsto, la imponente estructura enclavada en un estrecho valle no pudo ser alcanzada por las bombas de los aviones del Ark Royal, tarea que las malas condiciones atmosféricas volvió aún más difícil. El empeoramiento del clima obligó al almirante James Fownes Somerville a cancelar la operación y regresar a Gibraltar, atracando en sus muelles el 3 de febrero.

El segundo intento, bautizado como Operación Grog, comenzó al mediodía del 6 de febrero de 1941, a plena luz del día y bajo la estrecha vigilancia de los espías del Eje que pululaban en Algeciras y su comarca. A esa hora cinco destructores zarparon haciendo creer, a quien los estuviera observando desde la costa, que salían a cazar submarinos en el mar de Alborán. A las 13:30 horas zarpó hacia Inglaterra un convoy de buques mercantes escoltado por 9 torpederos. Por último, a las 17:00 horas, zarparon el Malaya, el Renown, el Sheffield y el Ark Royal, los cuales, protegidos por cuatro destructores, siguieron la estela del convoy hacia el Atlántico.

La finta duró hasta la llegada de la noche cuando los buques de línea y sus cuatro escoltas invirtieron el rumbo para internarse en el Mediterráneo. Pero las precauciones no fueron suficientes ya que los observadores italianos emplazados en la costa española informaron a Roma de la reentrada en el Mediterráneo de la columna vertebral de la Fuerza H. Tomando una ruta inusual el grupo pasó entre Ibiza y Mallorca reuniéndose en ese punto con el primer grupo, el de los cinco destructores antisubmarinos. Para confundir al enemigo dos de esos destructores navegaron a levante de Mallorca intercambiando entre ellos mucho tráfico de radio, para confundir a los equipos de triangulación del Eje en caso de que estuvieran a la escucha. Pero esa noche ni italianos ni alemanes estaban realizando ese tipo de búsqueda en el Mediterráneo….

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La defensa de Chugev durante la tercera batalla de Kharkov. Granaderos.

Los elementos de vanguardia del ataque se aproximaron vacilantes a nuestras posiciones. Ni una sola bala se había disparado hasta ese momento. Todo estaba tranquilo. No lograba divisar el sector de Bremer pero me mantuvieron constantemente informado a través de la compañía. Más y más rusos vinieron sobre la cresta y comenzaron a bajar la ladera. Toda ella estaba cubierta de pequeños puntos oscuros. De vez en cuando la vanguardia se detenía y escuchaba atentamente. No se oía nada, no se discernía ningún movimiento, así que luego continuaban avanzando hacia el oeste.

¿Y cuál era nuestra situación? Mis soldados estaban agazapados en sus pozos de tirador esperando la orden que los haría iniciar el combate: «¡Fuego!» Se estaban congelando. Habían estado expuestos al hielo, la nieve y la congelación durante días y días y mantenían sus armas pegadas a ellos con los dedos entumecidos, para colocarlas en el último segundo sobre la nieve endurecida y comenzar la lucha contra los soviéticos.

A través de mi auricular escuché la disminución de la distancia al blanco en el flanco izquierdo. Nunca había silencio en el teléfono. La artillería envió sus coordenadas. Bohr exclamó: «¡otros 500 metros!» Unos minutos más tarde solo 200 metros separaban a los rusos de la 1ª Compañía. Ésta solicitó permiso para disparar. Me negué a dar la orden. Ambos carros de combate soviéticos se movían ladera abajo para dar alcance a la vanguardia del ataque.

La voz de Bohr, que era el jefe provisional de la 1ª Compañía en sustitución de Bremer, volvió a susurrar por el auricular: «¡otros 100 metros!» La voz comenzó a mostrar cierta dosis de ansiedad cuando a 75 metros yo seguía sin reaccionar. Los carros de combate se encontraban a unos 150 metros de la posición cuando, a la orden de «Fuego», la muerte y la destrucción golpeó las filas soviéticas, siendo puesto fuera de combate uno de los carros de combate por un cañón de asalto. La cosecha de muerte fue espeluznante. De igual manera los elementos de retaguardia de las unidades rusas pronto cesaron cualquier movimiento. Habían caído en una trampa mortal; la ladera fue su perdición.

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El Kampfgruppe Henke se dispone a defender Nimega. Nunca nieva en septiembre

A medida que se extendía la noticia en Nimega sobre los saltos y aterrizajes al sur de la ciudad, al oberst Henke, que mandaba una pana mayor sobrante de un regimiento de instrucción Falschirmjäger, se le ordenó coordinar las medidas necesarias para custodiar los dos puentes que cruzaban el Waal en Nimega.

Henke puso en estado de alarma a todas las fuerzas locales y las tomó bajo su mando. No obstante, el Kampfgruppe Henke no tenía ni las tropas ni el material necesarios para defender la ciudad de forma satisfactoria. Disponía de tres compañías del Batallón Ersatz 6 del Wehrkreis VI, una compañía del Regimiento de Instrucción Hermann Göring, que estaba de tránsito en su retirada hacia el norte y de los miembros de una escuela de suboficiales que ya habían sido apostados como vigilancia del puente.

Además, estaba la plana regimental de Henke, algunos reservistas y otras tropas que eran responsables de la guardia de la estación de tren y apartaderos. La fuerza sumaba unos 750 hombres. Las baterías antiaéreas emplazadas fueron ajustadas de modo que pudieran desempeñar un papel dual como piezas contracarro.

Nimega era una ciudad con una extensión de 5 a 6 km de áreas urbanizadas. Solo se podían cubrir sectores limitados. Por lo tanto, Henke decidió concentrar sus fuerzas en dos posiciones al sur de los puentes de carretera y ferrocarril. Eran objetivos difíciles de custodiar, porque el río Waal tiene casi 300 metros de anchura en este tramo…..

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Los soviéticos establecen una cabeza de puente en una ciénaga. ¡Asalto! Acciones de combate de pequeñas unidades en el frente del este

Al principio, los alemanes solo observaron débiles patrullas. Sin embargo, éstas fueron creciendo gradualmente en efectivos y en número. Los alemanes esperaban que los soviéticos intentasen una operación de cruce en el área del puente, donde las condiciones del terreno favorecían una empresa de esas características.

Pero, viendo que la resistencia alemana sería mayor a ambos lados del área del puente, los soviéticos decidieron establecer una cabeza de puente en el punto más insospechado –en las ciénagas más inhóspitas, situadas al este del puente. En un primer momento, las fuerzas soviéticas se establecieron en dos pequeñas isletas que los alemanes habían dejado desocupadas por ser demasiado cenagosas. Pasaron varios días. Entonces, una mañana, los alemanes observaron a algunos soldados soviéticos en un tramo de la orilla norte, frente a las isletas. Se perdieron entre la maleza y los cañaverales, aunque el agua les llegaba al pecho. Los alemanes no dieron mucha importancia a este descubrimiento, ya que pensaron que no podrían quedarse allí y, por tanto, no percibieron que se pudiese producir una amenaza desde aquella dirección.

Esto resultó ser un grave error. La cabeza de puente soviética estaba siendo gradualmente reforzada y tres o cuatro noches más tarde la guarnición se apoderó de los puestos avanzados alemanes más cercanos. El consiguiente contraataque alemán fracasó porque era extremadamente difícil aproximarse a la ciénaga. Además, la unidad alemana que efectuaba el contraataque quedó sometida al certero fuego de flanco de francotiradores soviéticos apostados en árboles en las isletas del río. Como las fuerzas enemigas no podían ser desalojadas de la orilla norte con fuego de armas ligeras, los alemanes tendieron a aceptar que la situación era inevitable. Continuó persistiendo la sensación general de que ningún peligro de importancia acechaba a las posiciones alemanas desde aquella dirección.

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Septiembre de 1941 – Ataque a una línea de búnkeres soviéticos. ¡Asalto! Acciones de combate de pequeñas unidades en el frente del este

En la estela del avance del regimiento había un número desconocido de búnkeres y posiciones defensivas soviéticas establecidas en las colinas que dominaban el valle del Izora. Estas posiciones debían ser neutralizadas con el objeto de asegurar las líneas de comunicación alemanas durante el avance sobre Slutsk. A últimas horas del 13 de septiembre, el regimiento cruzó el río al sur de Gorki y pasó la noche en dicha localidad. El ataque contra las colinas defendidas por los soviéticos al norte del río debía comenzar al día siguiente con un avance por el valle del río de los 1.er y 2.º Batallones mientras el 3.er Batallón protegía el flanco hacia el norte (Mapa 2). 

Se disponía de muy poca información respecto del terreno o de las fortificaciones soviéticas en el área. Los mapas alemanes, al igual que algunos mapas enemigos capturados previamente, eran inadecuados o imprecisos. Por esta razón, el comandante del 3.er Batallón decidió llevar a cabo un cuidadoso reconocimiento del terreno antes de iniciar el ataque. Las tareas de exploración ocuparon toda la mañana, y no fue hasta el mediodía cuando comenzó por fin el ataque del 3.er Batallón contra los búnkeres soviéticos situados al este de Gorki. Agregados a los elementos de vanguardia iban tres grupos de demolición equipados con lanzallamas y explosivos de carga hueca. Solo se requirieron unos minutos para deshacerse del primer búnker soviético.

Mientras los zapadores se preparaban para atacar el búnker siguiente, entraron en acción dos obuses soviéticos emplazados en un campo de maíz situado al oeste de Vilosi. La artillería del regimiento estaba alerta y destruyó los dos obuses y un depósito de munición cercano. Para las 16:00 horas, los dos grupos de demolición habían tomado el segundo búnker y se preparaban para atacar un tercero que presumían sería el último. Media hora más tarde estaba en manos alemanas. Los zapadores estaban a punto de retirarse y disfrutar de un merecido descanso cuando el 1.er Batallón, que avanzaba más al sur, descubrió otros dos búnkeres, uno de los cuales se hallaba a unos 1.000 metros al suroeste de Vilosi. Los grupos de demolición destruyeron ambos búnkeres en poco tiempo, allanando así el camino del 3.er Batallón hacia la Cota 312, al noreste de Vilosi.

Continuando su ataque, el 3.er Batallón consiguió ligeras ganancias a últimas horas de la tarde del 14 de septiembre, pero se detuvo a las 20:15 horas, una vez anocheció, y se retiró a Vilosi a pasar la noche. Los otros dos batallones habían hecho escasos progresos durante el día y pasaron la madrugada del 14 al 15 de septiembre en el extremo oriental de Vyarlevo. Durante la noche, aviones soviéticos arrojaron bombas sobre áreas muy dispersas, incluidas algunas posiciones defendidas por sus propias tropas. 

La toma de la Cota 312, fuertemente defendida y prevista para el día siguiente, prometía ser una tarea ardua. Aunque la hora H se había fijado en un principio a las 06:00 horas, el ataque tuvo que ser pospuesto hasta la tarde debido a que se necesitaron las horas de la mañana para efectuar un concienzudo reconocimiento del terreno por parte de dos patrullas enviadas por el 3.er Batallón…

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Peculiaridades de los métodos de combate soviéticos – ¡ASALTO! Acciones de combate de pequeñas unidades en el Frente del Este.

El comportamiento de las tropas soviéticas en los ínterin entre los grandes enfrentamientos merecía un cuidadoso análisis, ya que proporcionaba claves sobre lo que podía esperarse durante la fase inicial de la batalla en ciernes. La recopilación de información se veía complicada por el hecho de que los comandantes soviéticos pusieron todo el énfasis en la ocultación de sus planes en la fase de concentración para un ataque y durante los preparativos de los sistemas defensivos.

La efectividad del secreto y la adaptación al terreno fueron meridianamente demostradas en el traslado y reagrupación de fuerzas. Aunque la velocidad con la que los comandantes soviéticos efectuaban una reagrupación improvisada de grandes formaciones era en sí misma un logro considerable, la pericia con la que los soldados se trasladaban a la zona del ataque o de un área a otra se antojaba en ocasiones increíble. Ver a unos pocos soldados moviéndose por la nieve a gran distancia significaba a menudo bastante poco para un observador incauto y frívolo. Sin embargo, la observación constante y un recuento preciso revelaban a menudo unos cambios sorprendentemente rápidos en el estado de situación de la fuerza enemiga. 

En vista del estado de alerta constante del soldado soviético y de su área de puestos avanzados intensamente minada, cualquier preparación apresurada por parte alemana de un reconocimiento en fuerza estaba abocada por regla general al fracaso o a resultados deficientes. En circunstancias favorables, la patrulla regresaba con un solo prisionero que, o bien pertenecía a alguna unidad de servicios de retaguardia o carecía de información relevante. El mando soviético mantuvo una rígida seguridad y los soldados rara vez conocían las intenciones de sus unidades. No obstante, esta falta de información respecto a los planes de una ofensiva soviética no implicaba que poderosas fuerzas lanzasen un ataque en el mismo punto al día siguiente. 

Al objeto de celebrar los días festivos señalados del régimen soviético, los francotiradores trataban generalmente de superar las marcas existentes y, en esas ocasiones, los soldados alemanes debían estar particularmente alerta. Sin embargo, por lo general, los ataques soviéticos podían tener lugar en cualquier día, a cualquier hora, sobre cualquier tipo de terreno y en cualesquiera condiciones meteorológicas. Estos ataques debían su efectividad principalmente al logro y explotación de la sorpresa, a cuyo fin empleaban las tropas del Ejército Rojo tácticas de infiltración tanto en frentes estáticos como en el transcurso de operaciones móviles. Los soldados soviéticos eran maestros en la penetración de las líneas alemanas sin preparación artillera o fuego de apoyo, y en infiltrar por vía aérea escuadras, secciones o compañías sin levantar sospecha alguna.

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Festung Tobruk. Duelo en el desierto. De Antonio Muñoz.

La primera línea de defensa del perímetro, bautizada como Red Line, estaba formada por los 128 puestos fortificados italianos de hormigón, que se conocían con una letra y una cifra. Se añadieron faldones de hormigón para los cañones y ametralladoras que defendían cada puesto.

Se cavaron nuevas posiciones para tapar las brechas y los puntos ciegos del perímetro que no estaban batidos por armas automáticas. Morshead apartó una compañía de cada batallón como reserva a 500 metros a retaguardia. Detrás de la Red Line se construyó otro perímetro interior, la Blue Line, una serie de puntos fuertes de tamaño pelotón con piezas contracarro y ametralladoras, distribuidos a intervalos de 500 metros, y protegidos por un campo de minas continuo y un cinturón de alambradas. La Red Line absorbería el choque del ataque enemigo, mientras que la Blue Line protegía los emplazamientos de artillería situados atrás y luego destruiría los destacamentos enemigos cuando entraran en los campos de minas interiores.

Una reserva de tres batallones estaba preparada para intervenir en el caso de que el enemigo traspasara esta línea. Finalmente quedaba un tercer cinturón defensivo, Green Line, con las posiciones de la infantería cavadas en torno a los emplazamientos artilleros. Pero estas obras fortificadas tardaron mucho tiempo en completarse y cuando comenzó el ataque alemán, Morshead apenas había podido acabar de preparar la Red Line, mientras que la Blue Line no había recibido una sola mina. Las cuatro brigadas de la 9.ª División Australiana se dividieron la defensa del perímetro. La 18.ª Brigada fue designada reserva de la guarnición.

El sector oeste del perímetro fue asignado a la recién llegada 26.ª Brigada. La 20.ª Brigada cubría el sector sur, y los dos batallones de la 24ª ocuparon el sector oriental.5 Así pues, solo siete de los trece batallones de infantería de Morshead estaban desplegados en primera línea. Como cada batallón tenía una compañía en reserva detrás de la Red Line, las compañías de primera línea cubrían un sector de 1,6 km, algo más que el asignado a todo un batallón durante la Gran Guerra. Cada puesto fortificado estaba ocupado por entre diez y quince soldados…

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Defensa de Buenos Aires por el Tercio de Gallegos. Derrotas Inglesas en el Río de la Plata, 1806-1807. Luis Gorrochategui.

Sonaron los cañonazos y las 14 columnas se pusieron en movimiento. Al teniente de la 1ª compañía del Tercio de Gallegos, Luis Rañal, se le mandó de gran guardia a la Plaza
nueva, puso sus centinelas avanzados y tomó todas aquellas precauciones que exigía el caso; al amanecer el 5 advirtió que los enemigos se dirigían al ataque, voló los cohetes que llevaba para este caso, luego que tuvo la contestación de inteligencia del fuerte, se retiró.

Ya ningún defensor dudó entonces que se iniciaba el ataque. Hablemos primero de las columnas que se dirigieron directamente al segundo anillo. El regimiento 88 se dividió en dos mitades, una de ellas dirigida por el teniente coronel Alejandro Duff. Éste, desconfiando de un plan tan azaroso, prefirió dejar sus banderas en retaguardia, y sin ellas, embocó la calle Cangallo. Al llegar a la altura de Suipacha, limite del segundo anillo, descargó sobre ella tal lluvia de balas que, desviándose en esa esquina hacia el centro, trató de refugiarse en la iglesia de San Miguel, a sólo una cuadra de distancia. Llegado a ella, intentó derribar la puerta, pero sufrió terrible mortandad en el atrio, acribillado de modo fulminante desde las azoteas. Relata el propio Duff:

No bien alcanzamos la entrada de la iglesia de San Miguel, el enemigo comenzó un terrible fuego desde las casas opuestas. Habiendo perdido unos treinta hombres en esta entrada, y comprendiendo que era imposible forzar las puertas de la iglesia con las herramientas que me habían entregado, juzgué prudente desistir y penetrar más en la ciudad esperando encontrar una posición más ventajosa.

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