Fuerzas enfrentadas en 1945. LA GUERRA NAZI-SOVIÉTICA. David Stahel (ed)

El 1 de enero de 1945, el Ejército Rojo contaba con 7.109.000 soldados en el Frente Oriental, a los que había que sumar 326.525 efectivos de sus aliados de Europa oriental. Estas fuerzas se enfrentaban a 2.190.000 soldados alemanes y húngaros. Aunque los generales soviéticos perseveraban en la creencia de que el entrenamiento básico del soldado era opcional porque, en cualquier caso, acabaría dominando su oficio sobre el terreno, el Ejército Rojo terminó por acumular un gran número de veteranos con sólidas habilidades combativas, pese a los costes estériles derivados de dicha actitud. Por su parte, el entrenamiento general de la Wehrmacht siguió siendo superior, pero se deterioró en paralelo al aumento de la tasa de bajas, lo que redujo la brecha en la calidad de los efectivos disponibles tanto para los soviéticos como para los alemanes. Los generales soviéticos aprendieron el oficio de su profesión mediante un largo proceso de prueba y error y, en 1944, superaban ya a sus homólogos alemanes en la práctica del arte operacional. La ventaja soviética no se limitaba al campo de batalla. Su industria había superado en todo momento a la economía de guerra alemana en la mayoría de las categorías principales de armamento.

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El corredor Persa: La ruta iraní de ayuda a la Unión Soviética

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Entebbe. OPERACIONES ESPECIALES. William H. MacRaven

Al despegar de Sharm-a-Sheikh para Entebbe, los aviones llevaban un sobrepeso considerable. Los 43 ºC de temperatura y la carga completa de combustible hicieron que los C-130 tuviesen dificultades para irse al aire. Shani recordaría más tarde: «Al avión le costaba moverse. El peso normal de despegue es de 70.300 kilos y en tiempo de guerra tenemos permiso para despegar con 79.400 kilos. Salimos de Sharm-a-Sheikh con 81.650 kilos. Nos temíamos que el avión no despegase; estábamos muy cerca de la velocidad de pérdida. Tuvimos que permanecer bajos en un efecto suelo para mantenernos en el aire. Cada vez que iniciábamos un giro a la derecha, el avión temblaba, a punto de entrar en pérdida». Finalmente, los pilotos lograron ganar altitud y velocidad antes de descender de nuevo a menos de 12 metros para evitar la detección enemiga. El vuelo, programado para 7 horas y media, llevaría a los C-130 por el mar Rojo y a través de Etiopía. Una vez en territorio etíope, los aviones ascendieron a 6.100 metros. Etiopía no tenía radar de búsqueda aérea, por lo que había pocas probabilidades de comprometer la misión.

En el primer avión iban Shomron y su elemento del cuartel general, Netanyahu y sus 35 comandos, 52 paracaidistas, el Mercedes y dos Land Rover. En el segundo C-130 iban más hombres del elemento de cuartel general de Shomron, 17 paracaidistas, dos APC con sus conductores y el jeep de mando de Shomron. El tercer C-130 llevaba 30 soldados de infantería de la Brigada Golani, los otros dos APC con sus conductores y un jeep. El último C-130 llevaba 20 miembros del equipo médico, 20 infantes de la Golani, diez miembros de la dotación de reabastecimiento y la bomba de combustible, que se utilizaría en caso de que no pudiese bombearse carburante de aviación desde el depósito subterráneo de Entebbe.

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La batalla sobre la curva del Don. LA CAMPAÑA AÉREA POR STALINGRADO. Christer Bergström

Las cifras totales de los combates aéreos librados en la región de Stalingrado–curva del Don el 20 de agosto de 1942 arrojan 33 aviones soviéticos derribados (los pilotos de caza alemanes reclamaron 40, y la Flak tres) por sólo cinco alemanes. A pesar de toda su actividad, ninguna de las dos fuerzas aéreas logró cambiar la situación en el campo de batalla. Ninguno de los puentes del Don fue destruido y, en el sur, el Cuarto Ejército Panzer seguía sin poder abrirse paso. Una importante contribución a este impedimento la realizó un regimiento de artillería de cohetes soviético que causó un elevado número de bajas entre los atacantes. Ni siquiera varias incursiones de Stuka y aviones de ataque al suelo pudieron cambiar la situación a favor de los alemanes. Las lanzaderas de cohetes podían evadir los ataques aéreos, ya que iban montadas en camiones que se alejaban rápidamente tras el disparo de cada salva. A última hora de la jornada, una cuarta parte de los blindados de la 24.ª División Panzer habían quedado fuera de combate en este sector. La batalla continuó durante días, sin llegar a ningún resultado concluyente, igual que antes.

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Los ataques a la Flotilla del Volga, julio 1942. LA CAMPAÑA AÉREA POR STALINGRADO, 1942-1943. Christer Bergström.

Debido al fracaso del ejército en tomar Stalingrado mediante un rápido avance que bloquease el vital transporte de petróleo soviético por el río Volga a la altura de la ciudad, von Richthofen ordenó también que los bombarderos del IV Cuerpo Aéreo lanzasen ataques contra los barcos fluviales en todo el cauce del Volga desde Astracán. Esta localidad, en la costa norte del mar Caspio, era el nudo de comunicaciones entre las rutas de suministro de petróleo marítimas procedentes de los yacimientos de Bakú y Grozni, en el sur, y el territorio continental soviético —a través del Volga. Estos ataques comenzaron el 25 de julio con bastante éxito: dos petroleros fueron incendiados en el Volga, en las proximidades de Stalingrado, y tres barcazas resultaron hundidas. Al día siguiente, los pilotos de los bombarderos de la Luftwaffe notificaron la destrucción en el río de dos petroleros, un vapor de carga de 1.200 toneladas, cinco barcazas y un remolcador. El 27 de julio, los bombarderos alemanes regresaron al Volga para hundir el buque de pasajeros Aleksandr Nevskiy, tres embarcaciones de transporte, tres barcazas petroleras y otras cuatro gabarras. Según fuentes navales soviéticas, sólo entre el 22 y el 28 de julio fueron hundidos 71 buques de la flota de transporte del Volga. Entre estas pérdidas había petroleros, cargueros y diversas embarcaciones fluviales más pequeñas.

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Hacia Kursk. LA GUERRA NAZI-SOVIÉTICA. David Stahel (ed)

En el otoño y el invierno de 1942-1943 fracasó la última gran ofensiva estratégica de la Wehrmacht en Stalingrado y el Cáucaso. Tras esta derrota, Adolf Hitler tuvo que reconocer que la Wehrmacht no podría vencer militarmente a la Unión Soviética mientras el Reich alemán estuviese enzarzado en una guerra en múltiples frentes. En consecuencia, el Alto Mando del ejército no planeó ninguna ofensiva con objetivos ambiciosos para el Frente Oriental en 1943. El 18 de febrero, Hitler declaró durante una reunión informativa en Zaporozhie: «No podemos emprender ninguna operación a gran escala este año. Debemos evitar todo riesgo. Sólo contemplo realizar maniobras menores».

El Ejército Rojo debía ser arrastrado a una guerra de desgaste en los confines de un espacio limitado, debilitándolo hasta el punto de que no pudiese iniciar ninguna otra ofensiva en 1943. Hitler y su cúpula de mando pretendían aprovechar el respiro previsto en el frente germano-soviético para trasladar al Oeste las formaciones más operativas de la Wehrmacht y de las Waffen SS. Allí debían repeler los esperados desembarcos anglo-norteamericanos y aplastar, así, las esperanzas de victoria de las potencias occidentales, obligándolas a salir de la guerra.

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