La patrulla. FUEGO EN LA JUNGLA

La patrulla salió por una abertura de la alambrada defensiva del batallón a las 20.30 horas del 23 de junio de 1966. El segundo de la sección y el guía de la compañía en el perímetro defensivo hicieron recuento de los hombres y lo contrastaron: «¿48?».

«48».

«Hasta luego».

«Buena suerte. Recordad que tenemos un puesto de escucha a unos 200 metros».

La sección comenzó a atravesar una zona de pequeños arrozales y matorrales quemados. La columna avanzaba con la dificultad propia del terreno. No había luna.

Susurros.

«Alto. Pasa la voz».

«¿Qué pasa? Pásalo atrás».

«Uno de los hombres de Kohlbuss se ha torcido el tobillo, parece grave, no puede caminar. Se ha lesionado cruzando el dique».

«Maldición. De acuerdo. Dile que regrese por sus medios a la alambrada», le ordenó el jefe de la sección, el teniente A.A. «Tony» Monroe. «Que regrese gateando si es necesario. Son sólo unos metros. Bielecki, llama al batallón y diles que un marine herido está de regreso. Que no le disparen».

El teniente Monroe dio la señal para que la sección se pusiese de nuevo en marcha. Caminaron 20 metros. Más susurros.

«Alto».

«¿Ahora qué pasa?».

«Mills tiene dolor de muelas. Lo está matando».

El sargento Albert Ellis, guía de la sección, se adelantó hasta el teniente.

«Es cierto, señor. Ya sabes que debería haber ido al dentista la semana pasada. Tres días ahí fuera serían una auténtica faena para él».

«Genial. Simplemente genial. Bielecki, llama al batallón y diles que tampoco disparen a Mills. Va para allá. ¿Nos vamos antes de que todo el mundo tenga que regresar?».

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