El Raid de Doolittle como detonante de la operación de Midway

La gran importancia del raid de Doolittle radica en su inmediato efecto en la controversia aún vigente sobre el plan de la Flota Combinada para el ataque a Midway. Aunque el Estado Mayor de la Armada había aceptado la operación, en principio y de mala gana, el 5 de abril, el momento de su ejecución y otros aspectos cruciales estaban todavía en disputa cuando los incursores del teniente coronel Doolittle descargaron con éxito sus bombas sobre Tokio y otras ciudades japonesas.

En lo que respecta a la Flota Combinada, el raid reforzó su determinación de presionar para una temprana ejecución de la operación, como había propuesto inicialmente. El fracaso de todas las precauciones adoptadas por el almirante Yamamoto contra un ataque de portaaviones enemigos sobre suelo japonés hirió profundamente su orgullo, determinándolo en su decisión de que no se podía permitir que volviera a suceder algo así, a cualquier coste. Decidió que no debía retrasarse más el retomar la ofensiva encaminada a destruir la fuerza de portaaviones norteamericana y trasladar la línea defensiva de
vigilancia hacia el Este, a Midway y las Aleutianas occidentales.

Tampoco en el Estado Mayor de la Armada pasaron desapercibidas las implicaciones del bombardeo de Tokio. Ni los más vehementes opositores al plan de Midway podían negar ahora que la amenaza del Este, si no mayor que la potencial de Australia, sí era al menos más apremiante e inmediata. Además, el fracaso a la hora de mantener la capital a salvo de ataques dejaba en entredicho tanto al Estado Mayor de la Armada como a la Flota Combinada. El resultado fue que desapareció cualquier indicio de oposición al establecimiento del periodo de primeros de junio como inicio del ataque a Midway y a otros puntos cuestionados de la propuesta de la Flota Combinada, pudiendo proceder el Cuartel General de la Flota a la elaboración del plan final de operaciones.

Dicho plan estuvo completado hacia finales de abril y fue aprobado por el almirante Yamamoto. A continuación, fue sometido oficialmente al jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante Nagano, que le dio rápidamente su aprobación. En consecuencia, el 5 de mayo, actuando en nombre del Emperador, el almirante Nagano emitió la Orden Número 18 del Cuartel General Imperial de la Armada que ordenaba escuetamente al comandante en jefe de la Flota Combinada «llevar a cabo la ocupación de la isla de Midway y puntos clave en las Aleutianas occidentales en cooperación con el Ejército».

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Yamamoto y la génesis del ataque a Pearl Harbor. Midway, la batalla que condenó a Japón

El plan de guerra básico elaborado por el Estado Mayor de la Armada bajo la supervisión del almirante Osami Nagano era el más ortodoxo y, al menos en apariencia, el más prudente.

Con una firme adhesión al principio de máxima concentración de la fuerza, preconizaba, básicamente, el empleo del grueso de la fuerza de superficie de la armada así como de sus grupos aéreos embarcados, incluyendo el grupo de portaaviones, en un golpe directo y audaz hacia el Suroeste con el fin de capturar las áreas petrolíferas al comienzo de las hostilidades. De este modo, los estrategas del Estado Mayor esperaban completar la conquista antes de que pudiese interferir el cuerpo principal de la Flota del Pacífico de Estados Unidos, con base en la distante Pearl Harbor. Y, si más tarde llegaba al ataque, la flota japonesa lo interceptaría y destruiría en el Pacífico occidental, de acuerdo con los principios de la vieja doctrina defensiva. 

Mientras el Estado Mayor de la Armada llevaba a cabo la planificación en esta línea, ciertos oficiales clave de la Flota Combinada exploraban por su parte la viabilidad de un plan mucho más agresivo y osado. Generalmente se acepta que el concepto básico de dicho plan se gestó en la mente del almirante Isoroku Yamamoto, comandante en jefe de la Flota Combinada, a principios de 1941. 

Como comandante supremo en el mar, al almirante Yamamoto le preocupaba sobre todo la amenaza que suponían las potentes fuerzas navales americanas concentradas en las Hawái. Si, tal y como preveía el Estado Mayor de la Armada, se asignaba el grueso de la potencia naval a la invasión de la región meridional sin inmovilizar, siquiera temporalmente, aquellas fuerzas, el almirante Yamamoto veía serio peligro de que Estados Unidos atacase en el Pacífico occidental antes de que la flota japonesa pudiera redesplegarse con el fin de hacer frente a dicho ataque.

Pensaba, pues, que era absolutamente esencial eliminar ese peligro asestando un golpe incapacitante a la Flota estadounidense del Pacífico de forma simultánea al inicio de las operaciones en el Sur. Ésta fue la génesis del ataque sorpresa a Pearl Harbor. 

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A rastras al aeródromo de Gumrak. Supervivientes de Stalingrado

El jefe de intendencia de Paulus me encontró en un búnker abandonado con mucha fiebre, producida por una herida, me despertó y me llevó ante el jefe del estado mayor del Sexto Ejército.2 Allí recibí la autorización para ser evacuado por avión y órdenes para poder trasladarme al último aeródromo auxiliar situado en la esquina suroeste de Stalingrado.

Durante cuatro horas me dirigí hacia mi objetivo con las dos manos y la pierna sana sobre un manto de nieve que me llegaba al tobillo. La herida de la parte superior de mi muslo derecho me causaba un dolor enorme con cada movimiento. Adelante, adelante, mis últimas reservas de voluntad me instaban a seguir, pero mi cuerpo agotado era incapaz de continuar. Un trozo de pan al día durante meses, y en los últimos días ni siquiera nos entregaron eso.

A esto había que añadir la terrible carga mental de este primer colapso terrible de nuestras tropas. Quedé tumbado totalmente agotado sobre un pequeño montículo nevado y me limpié la nieve de los ojos con la manga raída de mi abrigo. ¿Había algún motivo para hacer este esfuerzo? Para los rusos un hombre herido era ejecutado con la culata del fusil. Solo precisaban prisioneros sanos para sus fábricas y sus minas.

Esa mañana me había conseguido disuadir el jefe del estado mayor de mis sórdidos planes. «Trata de llegar al aeródromo», me dijo mientras escribía mi autorización para ser evacuado. «Los heridos graves todavía están siendo evacuados. ¡Siempre hay tiempo para morir!». Y de esa manera partí. Quizá hubiese todavía alguna posibilidad de salvación, de salir de esta gran área de terreno convertida por la naturaleza y el hombre en un caldero.

¿Pero cómo de largo iba a ser el camino para un hombre que tenía que retorcerse como una serpiente a cada paso? ¿Qué era aquella multitud negra que había allí en el horizonte? ¿Se trataba realmente del aeródromo o un espejismo creado por una mente sobreexcitada y febril? Me arrastré durante otros tres o cuatro metros y entonces me detuve a recuperar el aliento. ¡Ni se te ocurra tumbarte! O me pasaría lo mismo que les había sucedido a aquellos por encima de los cuales acababa de pasar arrastrándome. También ellos habrían querido descansar un momento en su desesperada marcha hacia Stalingrado.

Pero entonces el agotamiento se apoderó de ellos y el frío cruel se encargó de que nunca más despertaran. Uno casi podía envidiarlos. Ellos habían dejado de sentir dolor o de tener preocupaciones.

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Midway. La batalla que condenó a Japón. Una perspectiva japonesa. De Mitsuo Fuchida y Masatake Okumiya.

Ya está a la venta nuestro primer libro sobre la Guerra del Pacífico. Como hicésemos con Nunca Nieva en Septiembre y la perspectiva alemana de la Operación Market Garden, os presentamos ahora la Batalla de Midway, el enfrentamiento que causó un punto de inflexión en la Guerra del Pacífico desde un punto de vista japonés, el de dos de sus aviadores embarcados, Fuchida (que lideró el ataque a Pearl Harbor) y Okumiya, uno de los primeros pilotos en picado de la Armada japonesa.

En nuestro afán por combinar ensayos de autores de reconocido prestigio con memorias de protagonistas en nuestro fondo, hemos elegido este libro al ser una mezcla de ambas cosas. Son memorias pero también es un concienzudo estudio de las causas de la derrota japonesa en Midway encargado a los autores, dos veteranos aviadores de la Armada Imperial Japonesa de reconocido prestigio, para la Academia de Guerra Naval japonesa con acceso a todo el material disponible.

Mitsuo Fuchida, que dirigió el primer ataque aéreo a Pearl Harbor, mandaba el grupo aéreo del portaaviones Akagi y posteriormente elaboró un estudio de la batalla en la Academia de Guerra Naval japonesa. Masatake Okumiya, uno de los primeros pilotos de bombarderos en picado japoneses, se hallaba a bordo del portaaviones Ryujo, y posteriormente sirvió como oficial de estado mayor en una división de portaaviones.

En su obra muestran que la operación fue mal concebida y deficientemente planeada y ejecutada, y exponen sin ambages sus conclusiones sobre cuáles fueron las causas y los principales responsables del descalabro japonés, que irían bastante más allá de la excelente labor de la inteligencia enemiga que permitió a los estadounidenses anticipar con precisión dónde y cuándo sería el siguiente ataque nipón. No cabe dudad de que, a pesar de los años, sigue siendo una valiosa contribución a la literatura sobre la Segunda Guerra Mundial.

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Lucha en la tundra: asalto a un búnker sovietico. ¡Asalto! Acciones de combate de pequeñas unidades en el Frente del Este

Durante el invierno de 1943-1944, el XIX Cuerpo de Montaña, que ocupaba el sector norte del XX Ejército de Montaña, estaba integrado por dos divisiones de montaña y una división de defensa costera. El cuerpo se enfrentaba a fuerzas soviéticas superiores en número. Tanto los alemanes como los soviéticos ocupaban posiciones relativamente bien construidas por tercer invierno consecutivo.

Ambos bandos limitaban sus actividades a acciones de patrulla intensivas, dándose rara vez durante el invierno las operaciones con fuerzas mayores a la escuadra. Además de la constante actividad de reconocimiento a corta distancia, que era esencial para la seguridad, especialmente en las largas noches de invierno y durante las nevadas, ambos contendientes llevaron a cabo incursiones y ataques de tanteo con el fin de recopilar información, interrumpir el tráfico de suministros y mantener intacta la moral combativa de las tropas.

A primeros de enero de 1944, el 1.er Batallón del 143.er Regimiento de Montaña recibió órdenes de prepararse para llevar a cabo una incursión contra la posición fortificada soviética situada en la Cota 858 (Mapa 36). El objetivo de esta incursión era hacer prisioneros y destruir tantas instalaciones defensivas y refugios enemigos como fuese posible. A las 00:30 horas, la partida de incursores dejó el Campamento Base 2. Los elementos de reconocimiento lideraron la marcha.

A las 03:45 horas fueron reunidos todos los hombres en la posición de partida. Las dos escuadras de apoyo ocuparon sus posiciones asignadas sin establecer contacto con el enemigo. Hofer y su escuadra comenzaron a abrirse paso hacia el este hasta el camino que llevaba al objetivo. Ocultos por la nieve acumulada en altos túmulos a ambos lados del sendero, Hofer esperaba poder acceder al complejo soviético. Cuando llegó a un lugar situado a unos 40 metros de la trinchera de comunicación que conectaba los diversos refugios y emplazamientos, Hofer vio a un soldado soviético emerger de un refugio y caminar hacia la parte nororiental del complejo.

Sin haber notado la presencia de los alemanes, el soldado desapareció en otra sección de la trinchera. Sin vacilar, Hofer decidió tomar el refugio. Justo cuando su escuadra se preparaba para el asalto, Hofer descubrió que había confundido una sección de la trinchera reforzada con piedra con un búnker….

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