El Tempest sobre Alemania. El Gran Espectáculo. Pierre Clostermann

Aunque distaba de ser un fanático de este deporte, esa mañana me tocó dirigir una patrulla de 6 Tempest del 56.º Escuadrón escoltados por otros seis del 274.º. Sobrevolando Kassel, mientras todo el mundo buscaba una locomotora, y gracias también a esas malditas nubes bajas que lo ocultaban todo, aparecieron a nuestra derecha una veintena de Focke Wulf 190 D9 de «morro largo», probablemente de la JG 26, que solía hacer estragos por la zona.

El gran espectáculo. Pierre Clostermann

«Talbot, ¡romped por derecha!».

De inmediato se sobrevino una batalla campal en un espacio limitado por el techo de nubes. Era un mal comienzo. Sin embargo, tenía un excelente número 2 que no me quitaba el ojo de encima, situándose, de hecho, demasiado cerca, por lo que me miraba a mí en lugar de mirar mi espalda y la suya…

Justo cuando logré conseguir el ángulo adecuado para disparar, pasó un morro alargado acompañado de un haz de trazadoras y recibí un impacto en el ala derecha. Salí despavorido en picado, a tiempo de ver cómo estallaba literalmente el avión de mi compañero. De la bola en llamas cayeron dos alas con escarapelas. Completé el tonel y, tirando de la palanca hacia la barriga, ascendí de nuevo a las nubes seguido por dos Tempest.

Me pregunté qué hacían los pilotos del 274.o, que se suponía que nos estaban cubriendo, cuando algunos Spitfire XIV del 41.er Escuadrón, alertados por Control, se lanzaron al combate.

«Talbot, Rojo, al ataque».

Toqué retirada, ya que en ese revoltijo nos habíamos desviado hacia un gran aeródromo cuya flak abrió fuego de inmediato sobre amigos y enemigos. Probablemente se tratase de Rheine/Hopsten, donde, después de todos los bombardeos que había sufrido durante las dos últimas semanas, los artilleros andaban muy nerviosos.

Tres Tempest volaban bajo, dirigiéndose al oeste. Me uní a ellos para regresar en su compañía. Eran aviones del 486.o. Al final, derribamos dos D9 –uno el 274.o y otro el 56.o-, pero perdimos cuatro Spitfire. Resultaba curioso que nuestro 56.o Escuadrón de la RAF se enfrentase a veces a la JG 56 de la Luftwaffe.

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ISLA DE FUEGO. Jason D. Mark

Stalingrado simboliza muchas cosas: el choque ideológico entre el nazismo y el comunismo, la batalla de voluntades entre Hitler y Stalin, y la fortaleza absoluta del pueblo soviético. Sin embargo, en la mente de la mayoría de la gente representa la barbarie, la insensatez y el despilfarro absoluto de recursos y vidas en los combates urbanos en una ciudad en la que se intercambiaron con aterradora facilidad decenas de vidas por un edificio en ruinas. Y en ningún lugar se manifestó más esta insensatez que en la fábrica de armas de Barrikady y su barrio de viviendas.

Isla de Fuego, Jason D. Mark. Ediciones Salamina

Los hombres de la 305.ª División de Infantería alemana habían habían tomado todos los talleres de la fábrica hacia finales de octubre de 1942. Los únicos obstáculos que se interponían entre ellos y el Volga eran algunas casas maltrechas y los restos de la 138ª División de Fusileros soviética del coronel Lyudnikov.

En una audaz decisión, los mandos alemanes reunieron cinco batallones de zapadores frescos de las divisiones del Sexto Ejército para ayudar a las tropas alemanas desplegadas en Stalingrado a culminar el ataque final sobre la ciudad. El asalto se lanzó el 11 de noviembre de 1942. El avance hacia el río cortó a formaciones soviéticas y dejó una pequeña cabeza de puente.

Durante tres meses se libró una lucha encarnizada en torno a este disputado perímetro. Para los soldados soviéticos, esta cabeza de puente era conocida como la Isla de Lyudnikov, o la Isla de Fuego.

Jason D. Mark, una de las máximas autoridades en la batalla de Stalingrado ha hecho un minucioso estudio a partir de fuentes alemanas y soviéticas, como diarios de guerra, informes de combate, obras publicadas, relatos de testigos oculares, cartas y fotografías, entre otros.

Este libro, que tenemos el orgullo de presentar, por fin, en español, presenta una crónica imparcial de la despiadada lucha desde ambas perspectivas, germana y soviética. Más de 250 fotografías, 110 mapas y fotografías aéreas, un gran mapa desplegable que muestra con todo detalle la zona de Barrikady, por una cara y la ciudad por otra, y 8 apéndices, además de amplias notas sobre las fuentes.

Una obra monumental que hará las delicias de todos aquellos interesados por la batalla en particular y en la Segunda Guerra Mundial en general.

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Además, si estás suscrito y eres miembro del Club Salamina, te llevas de REGALO el duodécimo número de nuestra colección exclusiva Boletín Salamina: Testimonios de veteranos de la Batalla de Stalingrado. Unas muy interesantes entrevistas realizadas a veteranos de ambos bandos cuyos testimonios aportan un valor extra al estudio de la batalla. Si no estás suscrito, aprovecha y suscríbete mientras realizas el pedido.

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Punta de Lanza – Combate urbano en Iraq, 2004 – 2007.

La campaña relámpago que derrocó al régimen de Saddam Hussein en Iraq en la primavera de 2003 parecía anunciar la llegada de una nueva forma de hacer la guerra, como lo había hecho la Blitzkrieg alemana al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Pero la victoria inicial pronto se convirtió en un persistente conflicto de contrainsurgencia que recuerda el largo esfuerzo de Estados Unidos por pacificar las Filipinas tras la rápida derrota de España en 1898. En Iraq, los soldados estadounidenses y sus socios de la Coalición se limitaron a cambiar a un oponente bastante débil y generalmente convencional por un enemigo más mortífero, diverso y decidido que se apoyaba en las tácticas de la guerrilla y el terrorismo.

Punta de Lanza, combate urbano en Iraq, 2004 – 2007

Este volumen se centra en esa segunda y más larga campaña. Pero más que una narración del curso general del conflicto, ofrece una visión de soldado de la guerra centrándose en relatos detallados de combates seleccionados. Cada uno de ellos ilustra los retos cotidianos a los que se enfrentaron los soldados estadounidenses en una difícil lucha contra un enemigo ingenioso y a menudo escurridizo. Las armas, la doctrina y los procedimientos desarrollados para luchar en una campaña convencional contra una fuerza contraria similar tuvieron que adaptarse a un tipo de conflicto diferente. Las fuerzas de combate y de apoyo del Ejército de aportaron a esta tarea tanto ingenio como resistencia, al tiempo que siguieron demostrando el mismo valor que mostraron las generaciones anteriores que lucharon en otras guerras de esta nación.

Estos relatos no sólo simbolizan la punta de lanza formada por las unidades de primera línea, sino que también representan las contribuciones de todos los hombres y mujeres estadounidenses que han servido a su país en la Operación Libertad Iraquí. En conjunto, estos relatos proporcionarían a nuestros mandos y soldados desplegados una mejor comprensión de la situación que iban a encontrar y los prepararían para el trabajo a realizar.

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Además, si estás suscrito y eres miembro del Club Salamina, te llevas de REGALO también el SEGUNDO NÚMERO de nuestra colección especial del Boletín Salamina sobre la Guerra de Ucrania: Un informe que analiza el modo en que las fuerzas rusas están llevando a cabo su guerra contra Ucrania mediante el examen de sus capacidades técnicas y la forma en que se están empleando contra las fuerzas armadas ucranianas. Al examinar el rendimiento táctico del sistema de combate ruso, el informe alcanza unas conclusiones sobre qué apoyo internacional es el más adecuado para lograr un efecto más que proporcional contra el mismo. El informe se basa en el trabajo de campo realizado en Ucrania antes y durante el conflicto, en extensas entrevistas con personal militar, científico, de seguridad y de inteligencia.

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El FW 190 amarillo de von Graff. El Gran Espectáculo. Pierre Clostermann

Me quedé atónito. ¡Había derribado a dos boches! Estaba, al mismo tiempo, rebosante de orgullo y temblando de los nervios reprimidos, que ahora estaban a flor de piel. ¿Y Martell? ¿Qué había sido de él? Volvería a pensar que lo había dejado en la estacada. El cielo estaba vacío. Aunque empezaba a acostumbrarme, volvió a sorprenderme el fenómeno de esta repentina desaparición de todos los aviones. Los Focke Wulf, que tal vez se habían hartado, descendían hacia su base y empezaban a fundirse con el paisaje 3.000 metros por debajo de mí.

El Gran Espectáculo. Pierre Clostermann

¡Se habían ido todos… salvo uno! Mirando hacia arriba pude ver, muy por encima de mí, un Spitfire –probablemente el de Martell- y aquel famoso Focke Wulf amarillo. Fue una exhibición fascinante –toda la gama de acrobacias aéreas; giros Immelmann, toneles rápidos-, la panoplia completa. Pero ninguno de los dos lograba situarse en posición ventajosa respecto del otro. De repente, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se giraron y se enfrentaron. Era una auténtica locura. El Spitfire y el 190 cargaron uno sobre otro disparándose con todo lo que tenían. El primero en romper estaba perdido, exponiendo inevitablemente su aparato al fuego del otro.

Conteniendo la respiración, vi en como en el momento de una colisión inminente se estremecía el Focke Wulf, sacudido por el impacto de los proyectiles y luego se desintegraba en un instante. El Spitfire voló milagrosamente indemne a través de la lluvia de restos en llamas que se precipitaban a tierra. El piloto saltó y abrió su paracaídas. No había durado más que unos segundos.

Martell y yo regresamos juntos, pero yo estaba muy falto de combustible y tuve que aterrizar en Shoreham para repostar. Estaba todavía tan excitado y exaltado que por poco no acaba mi aterrizaje en catástrofe. La pista del aeródromo era muy corta para un Spitfire IX y tuve que frenar con tal brusquedad que casi se desprende mi tren de aterrizaje.

Rodé hasta el camión cisterna que había junto a la torre de control, corté contacto y bajé a tierra con aire de superioridad, como si se pudiese leer en mi cara que acababa de derribar a dos aviones enemigos. No pude resistir la tentación de llamar a Biggin Hill desde la oficina de guardia, en parte para hacerles saber que estaba sano y salvo, pero, sobre todo, por el placer de anunciarlo de manera informal (con una mirada disimulada alrededor de la gente de la oficina):

«¡Ah!, por cierto, he derribado un par de Focke Wulf». Un poco infantil, tal vez, pero nada desagradable.

Hice mi primer tonel de victoria sobre el área de dispersión de Biggin Hill con un ánimo casi devoto. Martell confirmó mi primer éxito. Había visto cómo el Focke Wulf se incendiaba. El segundo lo confirmaría seguramente la película de la cámara del ala….

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Características del Boletín: 48 páginas; Tamaño 13 cm de ancho x 19 cm de alto. Producto exclusivo y gratuito.

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El poder naval incontestable de las armadas del Rey – Felipe II y el mito de la Armada Invencible

… llegado a esta altura del relato de lo acontecido en el verano de 1587, es necesario hacer una reflexión, probablemente algunos de los lectores se hayan dado cuenta. Para quienes aún creen que en breve tiempo (faltaba un año) la marina inglesa se apoderaría de las capacidades navales destronando a la armada española, es interesante resaltar el potencial que la Corona hispana disponía en el Atlántico.

Felipe II y el mito de la Armada Invencible – Antonio Luis Gómez Beltrán

A la vez que se acopiaba se actuaba, con el consiguiente desgaste sobre los medios, recursos humanos y materiales. En la segunda quincena de julio dos potentes agrupaciones se encontraban en la mar; por un lado una poderosa armada navegaba de Lisboa a las Azores con 36 naves de guerra, y por otro, la agrupación armada-flota navegaba desde Cádiz a Lisboa con 82 velas, y en Lisboa quedaba la Escuadra de Galeras con ocho naves. Además, en Pasaje se aprestaba otra armada de naos gruesas, en estos momentos no operativa. A esto habría que sumar las casi 107 velas que navegaban de las Indias a España. Todo un portento de poder naval…

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