Amigos, este fin de semana (27 y 28 de febrero) estaremos con nuestra colección de libros en las HISPANIA WARGAMES. Tendremos el placer de tener con nosotros a Hugo A Cañete, que firmará su serie de libros de los Tercios.
¿Quieres asistir a las HISPANIA wargames? Pues lo único que tienes que hacer es reservar el fin de semana del 27 y 28 de Febrero de 2016 y venirte con nosotros a Alhaurin de la Torre (Málaga) para disfrutar de la V edición de estas jornadas de ocio alternativo, basadas en los wargames y los juegos de mesa.
La entrada es GRATUITA, y para disfrutar de la mayoría de las actividades solo hay que apuntarse a ellas previamente. Así que echa un vistazo a la zona de actividades, lee sus requisitos y apúntate.
Hecho lo cual y ordenado que a la señal de un pistoletazo acudiese la infantería y caballería que estaba más lejos, hizo que seis soldados de su compañía se pusieran los ropajes de los villanos que servían de guías, y tomando cada uno una espada corta y una pistola, del tamaño que podían esconderla cómodamente, les ordenó que cuando abriesen la puerta se llegasen a ella con disimulo, y sirviéndose de la lengua alemana, en la que eran muy pláticos, procurasen adueñarse del puente, tirando un pistoletazo, con lo cual al momento serían socorridos desde la posición más cercana, en que estaba dicho capitán.
Llegaron, pues, los primeros algo antes de haberse abierto la puerta y fueron preguntados por los centinelas si habían visto al enemigo, tomándolos por gente suya. Los soldados habiendo respondido que no, se pusieron a coger fruta de un jardinejo que había pegado a la puerta para con aquella excusa no tener que apartarse de ella. Poco después se abrió ésta, y habiendo salido seis mosqueteros a explorar, fueron derechos a dar con la emboscada de Misiers, donde con no poca dicha pudieron sin mucho ruido asirlos y detenerlos a todos, acudiendo los soldados disfrazados sin perder tiempo a la puerta y, apoderándose del puente levadizo, hacer la señal, con la que inmediatamente fueron socorridos desde todas las posiciones emboscadas.
Los que estaban de guardia en la puerta intentaron alguna defensa, tirando unos diez o doce mosquetazos, pero fueron rechazados con muerte de unos pocos sin más daño nuestro que matar a un soldado y herir a dos. Así las cosas, se retiraron a la última puerta y la cerraron; pero, sirviéndose los nuestros de las hachas y martillos…
Durante la segunda misión en 2008 los talibanes eran a la vez más beligerantes y más furtivos. Los ataques suicidas comenzaron a aparecer entonces, algo no experimentado por los soviéticos.
No existe una defensa con garantías contra un ataque suicida, ilógico para los soldados occidentales y cruelmente efectivo. Como consecuencia, el 2 Para perdió cinco soldados en una explosión. La emboscada más común era aquella que consistía únicamente en un Dispositivo Explosivo Improvisado o IED, letal y de menos riesgo para los insurgentes. Los IED incidían en el ritmo de las operaciones terrestres, donde la ventaja táctica se consigue con reacciones veloces e inmediatas.
«Siempre te ronda la cabeza», apuntó el sargento Phil Stout, describiendo el embrutecedor efecto que tenían las cargas ocultas. ¿Voy a apoyarme sobre algo o arrodillarme sobre algo y volar por los aires?». El sargento Scottie Paterson describió como quedó atrapado a bordo de su vehículo blindado de exploración Jackal: «Estaba saliendo del wadí y entonces, bum, luego ese pitido en mis oídos…..».
A mediodía del 21 de agosto, el Segundo ejército alemán avanzó entre Namur y Charleroi. se trataba de una impresionante masa de 137 batallones de infantería apoyados por 820 cañones.
En la orilla meridional del Mosa, avanzando hacia el lado oriental de la formación en V francesa se encontraba el Tercer ejército alemán. Por la mañana, Bülow había ordenado a Hausen, que flanqueara a los franceses en el Mosa y cruzara el río por Dinant, donde la caballería de Richthofen había intentado pasar infructuosamente el 15 de agosto.
La llegada del Tercer ejército alemán sumaba cuatro cuerpos más a la avalancha alemana, frente a un solo cuerpo francés, el I Cuerpo de Franchet d’Esprèy. Lanzerac corría el peligro de verse desbordado por el Norte y por el Este. Sin embargo, Hausen respondió a Bülow que sus fuerzas estaban todavía concentrándose en el área entre Namur y Dinant y que no estarían en condiciones de ayudar al Segundo ejército hasta el día 22. Bülow no iba a perdonarle a Hausen este retraso jamás.
La batalla del Paso de Kasserine no la perdieron ni los golpes ofensivos excentricsh (divergentes) ni la fricción en el mando. Lo que demostró este encuentro fue, más que ninguna otra cosa que el ejército estadounidense se estaba recomponiendo por fin, que estaba reuniendo un bagaje que incluía un sólido liderazgo sobre el terreno (mayores, tenientes coroneles y coroneles), vastos recursos materiales y una elevadísima potencia de fuego. Una combinación que con el transcurso de la guerra a los alemanes les iba a resultar cada vez más y más difícil contrarrestar. Tal vez sea mejor dejar la última palabra a Rommel. En Kasserine, escribiría más adelante, «die Amerikaner hatten sich vorzüglich geschlagen» -«habían luchado brillantemente». Al menos, sobre esto, podemos reconocer que su autoridad es absoluta.
La interpretación estadounidense de la Batalla de Kasserine, curiosamente, tiende a fijarse más en lo que casi fue un desastre que en la recuperación posterior. En medio de los combates Fredendall perdió su trabajo y en la mayoría de las historias aparece como un bufón. Aunque «echar la culpa al general» es una de las formas más simplistas de historia militar, a veces es difícil de evitar y en este caso las evidencias contra él son abrumadoras.
Estaba verdaderamente obsesionado por la seguridad con exclusión de cualquier otra misión y aunque ciertamente era un blanco del espionaje alemán, también es verdad que emitió órdenes tan extrañas como: «Envíe a su jefe a informar al caballero francés cuyo nombre empieza por J en un lugar que empieza por D, que está a cinco casillas de la rejilla da la izquierda del que empieza por M», que dejaron a sus propios oficiales rascándose la cabeza perplejos.