Los caminos, carreteras y puentes en la Operación Barbarroja

KIEV 1941 – La Batalla de Hitler por la Supremacía en el Este.


Acostumbrados los mandos sobre el terreno a planificar las operaciones sobre los mapas, un requisito imprescindible para lograr la rapidez que caracterizaba a la Blitzkrieg, se llevaron una sorpresa mayúscula cuando en las inmensidades de Rusia se toparon con la cruda realidad: una espantosa red de caminos de tierra polvorienta atravesados por numerosos cursos de agua de distintos tamaños sobre los que había, caso de haberlos, unos puentes muy rudimentarios ideados para el tráfico de carromatos y que no soportaban el peso de los Panzer.

Esto no hizo más que ralentizar los avances y agravar los retrasos producidos por el abastecimiento y la carencia de combustible….

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El mallorquín Lorenzo Puche en el puesto de Castilla – Sitio de Malta

En uno de los momentos de mayor aprieto del sitio un caballero español desafió a los turcos desde la muralla para elevar los estados de ánimo de los suyos, así lo cuentan los cronistas:

Sin embargo, quiso la suerte que un cañonazo disparado desde el Salvador o la Calcara derribase el estandarte del puesto de Castilla, y teniendo los otomanos este hecho por buen presagio y, a pesar de que uno de los pajes de La Valette cogiera el estandarte y comenzara a ondearlo, volvieron a cargar sobre los parapetos del comendador Claramonte.

Tras ser rechazados en esa posición se dirigieron sobre la punta del espolón (donde según Funes perdió un ojo Buena Enseña de un picazo turco, sosteniendo Balbi había sido herido en el asalto del día anterior estando el puesto a cargo de Pereira, después de que Guasconi hubiera sido también herido). Fue entonces cuando llegó La Valette con otro socorro que expulsó definitivamente a los turcos de los parapetos del puesto de Castilla.

Entonces estallaron repentinamente dos barriles de pólvora entre los escombros del espolón de Castilla. Los turcos, pensando que los daños podrían ser grandes, se lanzaron de nuevo al ataque. Por estar La Valette y Mendoza con el socorro cerca de la cortina de Castilla, dejó este puesto Claramonte para acudir con sus hombres en ayuda de lo que luchaban en el espolón, cosa que finalmente consiguió, expulsando a los turcos del baluarte.

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La Compañía Easy de Winters en Carentan

Posicioné a los hombres a ambos lados de la carretera y me preparé para salir con el propósito de tomar la intersección. El teniente Welsh llevaba a la 1.ª Sección a la cabeza de la columna de la compañía. A la hora prevista, le grité a Welsh, «¡muévete!». Justo cuando comenzó el ataque, una ametralladora alemana emplazada en un edificio en la ladera de una colina comenzó a disparar sobre la carretera. La dotación alemana estaba en una posición perfecta, en el momento oportuno, para destrozar nuestro ataque.

Desde la parte izquierda de la carretera, Welsh envió a seis hombres a la intersección. Fueron directos hacia el cruce y la ametralladora enemiga. Sin embargo, el fuego era muy efectivo. Nuestros hombres a ambos lados de la carretera se mantuvieron agachados en las cunetas, con la cabeza bien gachas, y se quedaron allí, paralizados, dejando que Welsh y sus seis hombres asaltaran la intersección solos.

A mi retaguardia, el coronel Strayer y su estado mayor, incluidos el capitán Hester y Nixon, podían ver lo que estaba sucediendo. Así que me gritaron: «¡que se muevan los hombres, Winters, que se muevan!». Forcejeé para quitarme mi arnés y librarme del exceso de equipo de manera que pudiera correr, ya que era obvio lo que debía hacerse. De pie en mitad de la columna a la derecha de la carretera, grité, «¡vamos, vamos!».

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Abril de 1945 – Stigler y su Me 262 atacan a una formación de bombarderos

Franz sabía que había que dirigirse a toda velocidad contra los bombarderos, alcanzarlos por los laterales o desde abajo, ascender, dar la vuelta y repetir el ataque. Franz levantó la pestaña de metal que guardaba el gatillo del Me 262. Su pulgar enguantado descansaba sobre el botón marrón que disparaba los cuatro cañones pesados de 30 mm del morro del reactor.

Franz solía decir a sus estudiantes lo que le habían contado, que los cañones podían arrancar el ala de un B-17» con solo cinco proyectiles. Estaba listo para comprobar semejante afirmación.

Los bombarderos eran todavía diminutos y estaban muy lejos del alcance cuando Franz miró hacia arriba y vio un panorama que lo dejó boquiabierto. Desde muy alto, volando derechos contra él y sus camaradas, venía una formación de cazas plateados. Conocía la silueta –largos morros, alas rectas y colas estrechas. Había derribado a uno el mes de abril anterior. Se trataba del caza al que los alemanes llamaban «la Cruz Volante», y los norteamericanos «el Munstang». Era el P-51 y había, al menos, cien de ellos. Franz sabía que estaba en problemas. Con una calmada voz de profesor, Steinhoff comunicó por radio: «Problemas arriba».

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RASPUTITSA – KIEV 1941, La Batalla de Hitler por la Supremacía en el Este.

El problema de la Rasputitsa:

Después de que el polvo destruyera los filtros, llegaron las lluvias y la rasputitsa. Las columnas de aprovisionamiento de Guderian avanzaban, en el mejor de los casos, a 12km/h. Al margen de las averías, la circulación con marchas cortas disparó el consumo de combustible. Hasta 300 litros a los 100km para un Panzer III, antes de que el consumo se disparase aún más en las operaciones campo a través. Teniendo en cuenta el reducido número de carros que había en las divisiones panzer, mover cincuenta carros de combate 100 kilómetros requería como poco unos 15.000 litros de combustible, y para empeorar las cosas, las estimaciones sugerían que durante las operaciones campo a través, la tasa de consumo se dispararía un 100 o 200 por ciento.

Tampoco era únicamente el combustible lo que el sistema logístico del ejército no lograba proporcionar en cantidad suficiente. Se necesitaban desesperadamente aceite, neumáticos nuevos, y piezas y motores de repuesto.

Como escribió un soldado, «a pesar de los esfuerzos de nuestros ingenieros es imposible obtener piezas de repuesto, y eso que hemos buscado en una distancia de hasta cien kilómetros en la retaguardia del cuerpo y del ejército».

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