La rendición del general Whitelocke al general español Liniers

El 6 de julio, Whitelocke tuvo noticia de que la retaguardia ya había llegado a Barracas, y le ordenó dirigirse a Miserere, lo que hizo este día. Marchó entonces al Retiro, pues su intención era reagruparse allí y reemprender el ataque.

Pero llegado al Retiro, encontró a Auchmuty con diametrales designios en su cabeza. El general le anunció que la tropa había perdido la moral y le aconsejó aceptar la capitulación. Whitelocke, que carecía de confianza en su propio criterio militar, como ya había demostrado aceptando a última hora el plan de un Gower sólo consultado por su pura indecisión, se desmoralizó a su vez. Para ganar tiempo y asegurar la incorporación de la retaguardia de Mahón, rechazó la propuesta de Liniers, anunciando que la situación de su ejército no era tan mala, y propuso una tregua de 24 horas para recoger heridos y enterrar muertos.

Liniers rehusó tal tregua, y esta tarde se reanudaron las hostilidades, Elio fracasaba en su intentó de tomar la Residencia, mientras el Fuerte y las cañoneras inglesas se disparaban.
Mahon llegó al Retiro con 2.083 hombres, que en parte compensaban los perdidos el día anterior. Además, Whitelocke fue informado de que, con los grandes cañones españoles encontrados en la Batería del Retiro, podía ser arrasada la ciudad. Pero la decisión estaba ya tomada. Gower fue enviado al Fuerte con bandera de parlamento, donde encontró a Liniers comiendo con todos los jefes ingleses capturados, entre ellos Craufurd y Pack, acompañados de igual número de oficiales españoles.

Y ese día se concretaron las condiciones de la capitulación: el ejército británico se embarcaría en el Retiro en un plazo de diez días y abandonaría el Río de la Plata en dos meses. Las fortificaciones de Montevideo deberían ser reparadas por los ingleses, y los españoles les ayudarían a obtener vituallas para la partida…..

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El tercio de Nápoles en la batalla de Wimpfen – Batallas de la Guerra de los Treinta Años

Hoy 31 de enero se celebra el día de los Tercios, nos unimos con un fragmento de un autor extranjero, William P. Gurthrie, sobre la batalla de Wimpfen.

Batallas de la Guerra de los Treinta Años. Vol. I

Los batallones de la Liga se habían detenido más o menos cuando la caballería que los apoyaba se marchó, pero los de Córdoba no hicieron lo mismo. A pesar de las repetidas descargas de artillería los infantes españoles se acercaron a quemarropa a los mosqueteros de la línea de carros. Fueron barridos por un mortífero fuego. Sometidos a esta presión los dos regimientos alemanes del ejército español se deshicieron9. Los propios españoles de Córdoba, el legendario Tercio de Nápoles, estando a la altura de su reputación, formaron en la derecha otro bastión similar al que había formado Schmidt en la izquierda.

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Conteniendo la bolsa norte de Briansk – Operación Tifón

En la bolsa norte, la 18.ª División Panzer de Nehring se hallaba de nuevo en lo más disputado de la lucha.

Opración Tifón

En la madrugada del 13 al 14 de octubre, fuerzas soviéticas efectuaron una ruptura en sus líneas y lograron mantener una brecha de 2 kilómetros en el frente alemán hasta que llegaron los carros de combate germanos a cerrarla justo antes del medio día. Al mismo tiempo, el cercano Regimiento de Infantería Grossdeutschland de Hörnlein estaba siendo sometido a feroces intentos de ruptura por una fuerza enemiga enormemente superior (perteneciente al antiguo 50.º Ejército soviético).

Los informes alemanes hablan de cargas soviéticas a la bayoneta, que en terreno boscoso, lograban llegar a las líneas alemanas, lo que facilitaba los combates cuerpo a cuerpo. Solo este día, el regimiento de Hörnlein perdió cinco comandantes de compañía, entre los que se encontraban algunos de sus venerados poseedores de la Cruz de Caballero, pero sus hombres lograron capturar también entre 3.000 y 4.000 prisioneros soviéticos (incluidos elementos del mando y el estado mayor del 50.º Ejército).

Al día siguiente, la 18.ª División Panzer de Nehring informó de «la captura diaria de miles de prisioneros», mientras que en un solo lugar se habían llegado a capturar 159 cañones soviéticos. Más al sur, entre los días 9 y 14 de octubre, el XXXXVII Cuerpo Panzer de Lemelsen había hecho unos 23.000 prisioneros soviéticos, y para el 19 de octubre, esa cifra se había incrementado a 61.544.

La batalla de Briansk revestía todas las características de otra victoria alemana pero el coste estaba siendo, de nuevo, demasiado alto, y el tiempo continuaba corriendo a expensas del largamente esperado avance sobre Moscú.

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Plaza mayor de Buenos Aires. Los Higlanders escoceses defienden a su general poco antes de la derrota.

A media mañana del 12 de agosto de 1806, la estrategia española de sitiar a los invasores en la Plaza Mayor es culminada por el más completo éxito.

No poco ha contribuido a esto el regimiento de Miñones Catalanes, que, bien pertrechado, se ha ocupado de aniquilar uno a uno los piquetes avanzados ingleses, o los marineros enrolados en el ejército que, como gatos, saltan de azotea en azotea limpiando las calles de enemigos. La desesperada estrategia inglesa consiste entonces en el agrupamiento en la Recova, situada en el centro de la Plaza, y Beresford ordena el abandono del Cabildo, la Catedral y las demás casas. Pero la presión se hace excesiva.

La caballería de Pueyrredón ataca al regimiento 71 de Highlanders mientras se retira, haciéndose con la banderola de una de sus gaitas

Así, mientras los soldados reclutados en la isla de Santa Elena entran en el Fuerte, los bravos Highlanders defienden a su general en círculo bajo el arco de la Recova. Las bajas inglesas se multiplican al ser acribillados desde todas las direcciones. A los pies de Beresford muere el capitán Kennett, su ayudante…

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Pappenheim en la batalla de Breitenfeld (1631)

En cualquier caso, Pappenheim ordenó avanzar a su ala a las 14:00 horas. Los coraceros comenzaron a marchar a trote largo «con un ímpetu considerable», con los arcabuceros a caballo y Holstein prestando apoyo cercano.

Batallas de la Guerra de los Treinta Años Vol. I

Pappenheim se desvió ligeramente a la izquierda para evitar a la infantería enemiga del centro y poder golpear en ángulo recto a la caballería sueca. La «fuerza moral» de 3.800 jinetes de caballería pesada parecía irresistible, especialmente desde que Gustavo Adolfo había decidido enfrentarse a ellos desde una posición de reposo. La mayor parte de los jinetes hubiera vacilado, y era comprensible. Pero el rey había preparado bien a sus hombres, y éstos eran la elite. Justo en el momento preciso —cuando la primera línea de Pappenheim ya había disparado y la caracola se había detenido— todos los suecos descargaron sus armas, 860 mosquetes y 2.450 pistolas.

El impacto moral fue desproporcionado respecto al impacto real (quizá 150 hombres alcanzados de 2.500). La caballería sueca arrancó para «rechazar» a los desordenados Imperiales. Se llegaron a cruzar algunas espadas y hubo algunos fogonazos de pistola pero no se produjo un verdadero contacto. Los mosqueteros largaron una segunda descarga. Los Imperiales rompieron el contacto y lentamente se fueron retirando de la barrera de humo y acero. La «carga» de Pappenheim había sido «repelida», esto es, los suecos habían sobrevivido a la primera caracola. Su júbilo era palpable.

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