La 96.ª Media Brigada francesa y el vino de Málaga. Memorias del capitán Coignet

Partimos para Bayona; la distancia era grande; padecimos el calor, pero al fin llegamos al puente de Irún.

Nuestros camaradas encontraron un nido de cigüeña y cogieron a los dos polluelos. Las autoridades vinieron a ver al coronel a reclamarlos; el alcalde demandó que se los entregasen, porque estas aves eran necesarias en ese clima para la contención de serpientes y lagartos; dijo que en su país se penaba con galeras a aquellos que matasen cigüeñas. Así que, por esta razón, se ven por todos sitios; las llanuras están atestadas de ellas, y merodean por las calles de los pueblos. Se les colocan ruedas viejas en lo alto de postes y hacen sus nidos en lo más alto de los edificios.

Tras haber llegado al lugar de nuestra primera parada, algunos de nuestros soldados encontraron vino de Málaga a tres sous la botella y se lo bebieron como si fuese suero de leche; se desplomaron completamente borrachos. Fue necesario requisar carros para cargarlos como si fuesen terneros (estaban como muertos). Pasada una semana todavía era necesario alimentar a nuestros borrachos; eran incapaces de mantener la sopa dentro de la cuchara. Ni un solo soldado pudo comerse su ración, de lo potente que había sido el vino. Llegamos a Vitoria, una ciudad encantadora, de allí pasamos a Burgos y de ésta a Valladolid, una ciudad grande y bella….

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El descomunal esfuerzo ofensivo soviético en el verano de 1944: Bagration – L’vov-Sandomir – Yassi-Kishinev

Este mapa del libro pone de manifiesto el hercúleo esfuerzo ofensivo del Ejército Rojo en el verano de 1944. Hasta seis grandes ofensivas simultáneas y sucesivas a lo largo de miles de kilómetros de frente.

De la Derrota a la Victoria examina el modo en el que el Ejército Rojo de la Unión Soviética ejecutó las operaciones militares en Europa oriental desde finales de junio a septiembre de 1944. Resurgiendo de las cenizas de las vergonzosas y costosas derrotas de 1941 y 1942, el Ejército Rojo tomó la iniciativa estratégica a finales de 1942, consolidó sus éxitos en 1943 y se embarcó en una serie de ofensivas estratégicas en 1944 que pusieron a la Wehrmacht de rodillas y dejaron el camino expedito hacia la victoria total en 1945.

¿Cómo ocurrió esta transformación y qué características determinaron su éxito?, se pregunta Dick. Según mantiene, la respuesta puede encontrarse en la serie de grandes ofensivas estratégicas que llevó a cabo el Ejército Rojo durante este periodo. Su análisis de estas ofensivas, contextualizado en los cambios doctrinales e institucionales que tuvieron lugar en el Ejército Rojo durante 1942 y 1943, proporciona todos los detalles a esta respuesta. En pocas palabras, a pesar de las imponentes dificultades a las que se enfrentó en los dos primeros años de la guerra, el Ejército Rojo aprendió en última instancia el modo de librar una guerra al nivel operacional; esto, a su vez, propició la victoria estratégica.

CJ Dick demuestra cómo diferentes experiencias históricas, en particular las referentes al tipo y a la magnitud del modo de hacer la guerra, llevaron al este y al oeste por diferentes sendas conceptuales. Su análisis concluye que la vía soviética era más adecuada para la naturaleza terrestre de la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras, el rigor soviético en el análisis teórico, junto con la hábil explotación de su mayor y más traumática y costosa experiencia, llevó al Ejército Rojo a evolucionar conceptos y técnicas operacionales superiores, como muestra claramente en este estudio el análisis comparativo de métodos y resultados.

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Barbarroja: los puentes sobre el río Bobr – Los Brandeburgueses de Hitler

El segundo teniente Kriegsheim viajó también en coche con dos de sus hombres y un intérprete (Kampfdolmetscher) y guía polaco. Todos iban ataviados con Halbtarnung, abrigos largos rusos sobre sus uniformes alemanes y gorras cuarteleras con la estrella roja del Ejército Soviético en la parte frontal en lugar de los cascos habituales.

Se les había proporcionado la última información de inteligencia disponible, procedente de desertores y de puestos de escucha, que incluía lo que esperaban que fuesen los santo y seña correctos si llegaban a darles el alto. Un corresponsal de guerra alemán informó más tarde de su avance al interior de territorio enemigo:
«El polaco iba delante como guía. Kriegsheim controlaba la dirección de la marcha con su brújula y coincidía. Ninguno de los tres terminaba de confiar del todo en el polaco, ya que desde el principio parecía estar nervioso y de mal humor. De repente, aparecieron dos rusos delante de ellos como si hubiesen brotado del suelo, fusil en mano.
«Stoi! Parol!» (¡Alto! ¡Santo y seña!)
«¡Astracán!»
«¡No! ¡No os mováis!»

Los alemanes fueron agrupados sin que tuviesen ninguna oportunidad de escapar. Los rusos señalaron con gestos la dirección en la que debían marchar, gritando de forma contundente «Dawai!» (¡Vamos!), y echaron a andar a unos tres metros de distancia».

Kriegsheim repasó frenéticamente sus opciones. Estaban siendo llevados detrás de las líneas enemigas y, al parecer, sus identidades no habían sido todavía esclarecidas. Una vez que fuesen adecuadamente registrados se habría acabado el juego y no cabía esperar un ápice de piedad. Incluso en esta situación límite, Kriegsheim tuvo muy presente que había órdenes estrictas de no disparar armas antes de las 3:05 horas, aunque no parecía haber mucha alternativa. Sus captores se mantenían a demasiada distancia para poder llegar hasta ellos sin disparar y temía que el polaco acabase traicionándolos con su nerviosismo.

Incluso en el caso poco probable de que sus identidades no fuesen descubiertas, podían ser
considerados desertores soviéticos. Mientras se aproximaban a un pequeño edificio que mostraba luz bajo su puerta, Kriegsheim tomó por fin una decisión. Con un rápido movimiento, metió la mano en su abrigo largo del Ejército Rojo y sacó la pistola que llevaba escondida, dándose la vuelta y mostrando el feldgrau de su uniforme alemán mientras abría fuego sobre el primer ruso. La bala alcanzó en la cara al sorprendido soldado, que cayó de inmediato mientras el segundo lograba disparar un solo tiro de fusil que fue bajo e impactó contra el suelo. Instantes más tarde impactaron dos balas en su cuerpo, la primera en el hombro y la segunda en la mandíbula con un golpe mortal.

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Operación Paracaidista de Feodosiya – Enero de 1942. La Experiencia Aerotransportada Soviética.

Mientras el batallón aerotransportado del mayor Nyashin se preparaba en el aeródromo de Krasnodar para el salto, pequeños grupos de reconocimiento de paracaidistas navales equipados con radios fueron lanzados en la retaguardia alemana para recopilar y transmitir información de inteligencia a la fuerza de asalto.

El 31 de diciembre, en unas condiciones meteorológicas extremas, despegó la fuerza en bombarderos TB-3. La densa cobertura de nubes obligó a los aviones a volar en una sola columna a intervalos sustanciales. Las densas nubes obligaron a los aviones a volar a 75 metros, demasiado bajo para un salto seguro. Después de que el navegante del avión amenazase al mayor Nyashin con abortar la misión debido a la baja altitud, los dos acordaron ascender a 450 metros entre las nubes justo antes del salto.


Los paracaidistas saltaron al fin en esas horribles condiciones. A medida que caían, tropas alemanas que escoltaban un convoy de munición dispararon sus ametralladoras contra las impotentes tropas suspendidas. Los fuertes vientos dispersaron a los paracaidistas. El reagrupamiento fue difícil, pero la dispersión creó también la impresión entre los alemanes de que se había lanzado a una fuerza mucho más grande. Tras el salto se sucedieron combates intensos pero fragmentados. Pequeños grupos de paracaidistas se infiltraron a duras penas entre las posiciones fortificadas alemanas y avanzaron sobre Ak Monai.

Cuando el batallón hubo reagrupado suficientes hombres, atacó y tomó una posición artillera alemana en el flanco norte de las defensas de Ak Monai. A primeros de enero de 1942, el batallón había ocupado defensas en Ak Monai y en la base del banco de arena de Arabat.
Entre tanto, el 44.º Ejército ocupó Feodosiya y avanzó 10 o 15 kilómetros tierra adentro hasta Vladislavovka, pero allí los alemanes se mantuvieron firmes y evitaron que los soviéticos cercasen sus fuerzas.

Mientras los germanos se retiraban hacia el oeste, la fuerza aerotransportada soviética se dividió en grupos de diversión que hostigaron a las fuerzas en retirada. Los paracaidistas fueron sustituidos más tarde por una unidad de infantería naval. La decisión del comandante del frente de cancelar el salto paracaidista destinado a asegurar el aeródromo de Vladislavovka para los combatientes soviéticos significaba que sus fuerzas carecerían de apoyo aéreo efectivo durante toda la ofensiva.

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Pérdida y recuperación de los medios blindados soviéticos en las ofensivas soviéticas de 1944-1945. De la Derrota a la Victoria. Bagration – L`vov-Sandomir – Yassi-Kishinev

La Operación de Prusia Oriental, montada como un esfuerzo de apoyo para la ofensiva principal en el eje Varsovia – Berlín, tuvo que atravesar una línea de defensas bien preparadas en profundidad sin contar con el factor sorpresa y, en consecuencia, las pérdidas fueron altas.

Haciendo una generalización de estas y otras operaciones del tercer periodo, las pérdidas totales de los ejércitos de tanques alcanzaron una media de un 70 por ciento o más, aunque las pérdidas irrecuperables no superaron el 25 por ciento de los efectivos iniciales. El elaborado método de empleo de instalaciones de recuperación y reparación hizo posible que los ejércitos de tanques recobrasen y devolviesen a la acción la mayoría de sus carros de combate y cañones autopropulsados susceptibles de ser reparados sobre el terreno (aunque, debido a la escasez de piezas de repuesto, buena parte del equipo reparable se canibalizaba a medida que progresaba la operación).

En cada una de estas operaciones, casi todos los carros de combate y cañones autopropulsados que requirieron reparaciones corrientes y el 80 por ciento de los que necesitaron reparaciones de nivel medio fueron devueltos a las unidades de combate. De hecho, no era raro, como en el caso del 1.er Ejército de Tanques de la Guardia en la Operación L’vov – Sandomir, que las pérdidas totales excedieran los efectivos iniciales del ejército. En la misma operación, cada uno de los carros de combate y cañones autopropulsados del 3.er Ejército de Tanques de la Guardia estuvo fuera de servicio dos o tres veces y regresaron al servicio en otras tantas ocasiones.

Por supuesto, un factor crítico en el éxito del sistema de recuperación y reparación fue el triunfo en el campo de batalla. Cuando las batallas llegaban a su fin, las fuerzas soviéticas quedaban en posesión del lugar de la carnicería, lo que les permitía recoger, reconocer y clasificar a cada vehículo en las distintas categorías, que iban desde destrucción total a problemas menores de movilidad. Por el contrario, para los alemanes en retirada cada vehículo de combate que quedaba en el campo de batalla era una baja irrecuperable, con independencia de cual fuese su grado de daños.

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