El atasco de tráfico de las Ardenas al Rin. 1940. TANK MEN

Estaba en medio del mayor atasco de tráfico que Europa había conocido. «¡Hemos alcanzado el objetivo de nuestra primera etapa, la frontera de Luxemburgo!». Declaró el Hauptmann [capitán] Carganico, de la 1.ª División Panzer. Había sido un largo y caluroso viaje. Los conductores de carros, «llevaban sentados tras las palancas de dirección cinco horas, pasando un calor terrible, cambiando de marcha, yendo cuesta arriba y cuesta abajo, y deteniéndose y arrancando».

La gigantesca masa de 41.140 vehículos, consistente en 1.222 carros, 545 vehículos de cadenas y 39.373 de ruedas, tenía una longitud teórica de 1.540 km. Una división panzer de 150 km de largo necesitaba una media de diez horas para pasar por un punto, mientras que los elementos mixtos panzer y motorizados, de 130 km de largo190, necesitarían ocho horas y media. Un cuerpo de infantería motorizada transportaba 134.370 hombres con sus suministros. Una división panzer incluía en su impedimenta 20.000 tabletas de Pervitin para así mantener despiertos a los soldados. Hacia el 12 de mayo, los convoyes estaban atascados en el eje norte de marcha desde el río Mosa hasta el Rin, a lo largo de una distancia de 250 km a través de territorio francés, belga, luxemburgués y alemán.

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Emboscada en el valle de Korengal. Puestos Avanzados.

Poco después de llegar al puesto de observación/escucha, el sargento Reese notó movimiento en el sendero. Al principio, Reese pensó que las figuras de la penumbra eran cabras, pero no tardó en percatarse de su error. Llamó por radio al segundo teniente Smith y le informó de la presencia de un «gran grupo de hombres armados» caminando por el sendero desde el este. Los insurgentes habían llegado a la cima de la cordillera y seguían el sendero Chichal-Donga hacia el norte. Debido a la oscuridad, Reese no estaba seguro del número exacto de insurgentes, hasta que el segundo o tercer hombre de la columna encendió y apagó una pequeña linterna tipo Led, lo que permitió a Reese contar inicialmente ocho individuos al frente de la columna. Mientras los insurgentes se dirigían hacia la base de patrulla, el sargento Little se reposicionó al oír la transmisión de radio del sargento Reese con el fin de observar mejor al enemigo que se dirigía hacia él. Los tres miembros del mismo se tumbaron boca abajo y se escondieron detrás de un tronco de árbol caído. Estaban allí para observar, sólo abrirían fuego cuando fuese absolutamente necesario o recibiesen la orden de hacerlo.

Una vez informado de la ubicación del enemigo, Smith sacó soldados de otras posiciones para reforzar la nueva zona de aniquilación, que iba de sur a sureste del triángulo, entre las posiciones de las 9 y las 3 en punto. La base de patrulla se había convertido en una posición lineal modificada de emboscada. Tras contar 26 insurgentes a menos de tres metros del puesto de observación/escucha, el sargento Reese no pudo comunicar este aumento del número de enemigos al segundo teniente Smith sin poner en peligro su posición. Todos los miembros de la sección norteamericana llevaban equipo de visión nocturna, lo que les proporcionaba una ventaja significativa sobre el enemigo. El sargento Little utilizó un dispositivo de designación AN/PEQ-15 ATPIAL que proporciona un haz infrarrojo que ayuda a iluminar los objetivos. El teniente Smith logró identificar positivamente a 15 hombres agrupados en un tramo de 40 metros del sendero que portaban armas y cartucheras de munición y que entraban en la zona de aniquilación de 50 metros de anchura. Smith había maximizado su potencia de fuego en esa zona con una mina Claymore, cuatro ametralladoras (dos Mark 48 y dos Mark 46), un M-203 adicional y otras armas ligeras…

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Las singularidades de las IDF vistas por observadores durante la Operación Kadesh

La Operación Kadesh demostró que las IDF podían manejar fuerzas móviles como pocos ejércitos en el mundo. Demostró de manera concluyente que un ejército de reclutas y de reservistas apresuradamente reunidos podía manejar armamento moderno y operar en un ambiente de potencia de fuego. Hacía cuestión de horas que algunos de los soldados israelíes se habían puesto el uniforme y ya marchaban por el Sinaí. Demostró que un ejército no necesitaba tener una estricta disciplina cuartelaria o presentar un aspecto impoluto para llevar a cabo operaciones destructivas y decisivas. Esto causó alguna consternación en los observadores militares extranjeros:

«Los oficiales son llamados a menudo por sus nombres de pila entre sus hombres y entre sus colegas; hay muy pocos saludos, hay mucha barbilla sin afeitar; no hay signos externos de respeto por la superioridad; en hebreo no existe la palabra “señor”. Toda mi experiencia anterior en los ejércitos norteamericano y británico me ha enseñado que la mejor disciplina durante la batalla depende de la buena disciplina en los cuarteles. El ejército israelí parece desmentir esa noción».

Finalmente, Kadesh demostró que el concepto de Auftragstaktik, que permite a los comandantes de graduaciones inferiores tomar la iniciativa para actuar según dicte la situación aun cuando ello suponga hacer caso omiso de órdenes superiores, estaba todavía vivo y disfrutaba de buena salud en las FDI, a menudo de una forma extrema.

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Jared C. Monti. Medalla de Honor. PUESTOS AVANZADOS. Acciones de combate de pequeñas unidades en Afganistán

El kill team luchaba en tres direcciones, dirigiendo su fuego hacia el norte, el este y el oeste. Por el momento, los intentos de flanqueo enemigos habían sido frenados, pero continuaba el fuego incesante de los insurgentes desde el bosque. El fuego más preciso de los morteros empezó a dar en el blanco en el norte, pero el enemigo no se dejó amedrentar. Superados en número y armamento, los norteamericanos necesitaban más potencia de fuego para cambiar las tornas.

En ese momento, los sargentos Monti y Hawes dirigieron su atención al soldado de primera clase Bradbury, que se encontraba herido a unos 18 metros de distancia en campo abierto. Aunque estaba parcialmente oculto de la observación enemiga, Bradbury seguía estando en peligro de ser alcanzado por fuego indirecto. Podía comunicarse débilmente con los demás, apostados detrás de las rocas, pero sus heridas eran tales que poco más podía hacer. El sargento Monti decidió que tenía que recuperar a Bradbury y ponerlo a salvo detrás de las rocas. En su primer intento logró alejarse unos metros de las rocas antes de que una lluvia de disparos de armas ligeras lo obligase a ponerse a cubierto tras un pequeño parapeto de roca que bordeaba el perímetro.

Monti se encontró allí el cadáver del sargento Lybert. Tras esperar un minuto más, saltó el parapeto e intentó llegar de nuevo hasta Bradbury, pero se vio obligado a retroceder por el fuego. Antes de llevar a cabo el que sería su último intento de salvar a Bradbury, el sargento Monti gritó a los demás miembros del kill team que necesitaba fuego de cobertura de lanzagranadas M203. El sargento Hawes disparó varias granadas contra la línea de árboles del norte y el resto del equipo abrió fuego de fusilería de apoyo. En ese momento, Monti corrió hacia Bradbury y, en cuestión de segundos, cayó mortalmente herido cuando un proyectil de RPG impactó contra el suelo a pocos metros de él.

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Llegada de los Bf 109 de África a Sicilia. Más allá del Deber. Adam Makos

Franz Stigler ya sabía que la batalla por África se había perdido cuando vio aterrizar a los maltrechos Bf 109 de la JG 77. Rodaron hasta los parapetos abiertos donde él y otros se sentaban. Los fuselajes marrones y la panza azul de los aviones estaban acribillados de orificios de bala y cubiertos de aceite, arena y residuos de pólvora. Roedel divisó el avión del comandante de la JG 77, el mayor Johannes «Macky» Steinhoff. Aquellos que conocían a Steinhoff lo miraban como a un padre, aunque solo tuviese treinta y dos años. Steinhoff se abrazó a Roedel, su viejo amigo de la escuela de vuelo, luego se apresuró hacia uno de los cazas de su unidad, que acababa de detenerse. Pasando de largo al piloto del avión, Steinhoff corrió hasta detrás del ala y manipuló la trampilla de la radio en el fuselaje, donde había sido pintada la cruz negra y donde se hallaba el botiquín de primeros auxilios.

Abrió la compuerta y se inclinó al interior del compartimiento del caza. Steinhoff alargó la mano, forcejeó y luego sacó a un hombre del avión –por los pies. El hombre abrazó a Steinhoff y luego se agachó y besó el suelo. Mientras las hélices de otros aparatos se iban deteniendo hasta quedar inmóviles, Steinhoff se precipitó hacia otro caza y abrió la compuerta, liberando a otro hombre, al tiempo que el piloto del avión apoyaba la cabeza contra el colimador, agotado. Los pilotos de Steinhoff habían dejado sus herramientas, balas y piezas de repuesto en África, pero no habían abandonado a sus mecánicos. Todo lo contrario, los pilotos los habían ayudado a meterse en esos compartimientos oscuros y claustrofóbicos de las panzas de los cazas. En su interior, habían experimentado un vuelo infernal de cuarenta y cinco minutos. Sin espacio para moverse. Sin paracaídas. Sin escapatoria.

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