El repliegue a pie. LA RETIRADA DE MOSCÚ. David Stahel

El colapso del frente de Schmidt obligó a la retirada general de toda su línea, que fue puesta en marcha inmediatamente. Willy Peter Reese, de la 95.ª División de Infantería, escribió en su diario sobre las agotadoras exigencias físicas causadas por tener que efectuar el repliegue completamente a pie:

«La luz de la luna iluminaba a la silenciosa columna de fugitivos que marchaba lentamente, abriéndose camino por la nieve hacia el oeste entre tambaleos, resbalamientos y tropezones. Delante de nosotros se hallaba la incertidumbre, quizá la tierra de nadie, quizá el enemigo; detrás de nosotros, la certeza, los rusos perseguidores. Estábamos exhaustos después de la tercera noche sin dormir… Continuamos como autómatas. El sueño se apoderaba de nosotros incluso en plena marcha. Se nos cerraban los ojos, las piernas seguían funcionando mecánicamente; luego cedían nuestras rodillas, nos desplomábamos, nos despertábamos del dolor por la caída, nos alzábamos hasta ponernos de rodillas, alguien nos ayudaba a levantarnos y con las últimas fuerzas que nos quedaban por el temor a la muerte, seguíamos caminando. Nos dijeron que cualquier descanso significaba la muerte. ¡Vienen los rusos! El grito funcionó como el chasquido de un látigo: ¡adelante!».

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