
«¿Cuánto tiempo le tomaría a su regimiento panzer recorrer 80 kilómetros de noche?». Peiper pudo haber respondido a la pregunta basándose en experiencias anteriores, pero no era de esos hombres a los que les gusta especular. Ordenó a uno de sus carristas más experimentados, Hans Hennecke, que recorriera aquella distancia a bordo de un Panther durante la noche del 11 de diciembre. Al día siguiente, Peiper informó con cierta nostalgia a Krämer que, si bien un solo carro podía realizar el trayecto, lograrlo con una columna entera en territorio enemigo y sobre carreteras heladas era una cuestión muy distinta. Peiper sospechaba que se estaba preparando un gran ataque nocturno. Aunque tenía la sospecha de que se avecinaba algo, aún no estaba seguro, por lo que decidió reforzar el entrenamiento de sus tripulaciones, haciéndolas practicar la conducción en terreno montañoso y sobre carreteras heladas. Sin embargo, no pudo continuar con los ejercicios por mucho tiempo debido a que ya se encontraban bastante cerca del enemigo y sus maniobras podrían ponerlos en estado de alerta. Lo peor era que no se permitía ningún tipo de reconocimiento previo, ya que su presencia en la región de Eifel, lugar en el que se iba a llevar a cabo el ataque, debía permanecer completamente en secreto.
























