Operación Tifón – David Stahel. La opinión de Robert Citino y David Glantz

Compartimos las opiniones sobre el libro de dos eminentes historiadores miliatares expertos en el Frente Oriental: Robert Citino y David Glantz.

«El nuevo libro de Stahel sobre la Operación Tifón es su mejor obra hasta ahora. Conjugando una detallada investigación de archivo, un conocimiento profundo de las fuentes secundarias y una narrativa apasionante, Stahel ha establecido un nuevo estándar en el campo académico del Frente del Este. Ningún estudiante del enorme conflicto entre la Alemania nazi y la Unión Soviética debería dejar de leer este libro. Una gran aportación a la historiografía» Robert M. Citino

«Stahel, como ha hecho con sus dos libros anteriores, ha reinterpretado acertada y fundamentalmente las fases tardías de la campaña de Barbarroja. Es de lectura obligada para historiadores militares e historiadores en general» David M. Glantz.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Operación Tifón | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La batalla de Königgrätz o Sadowa – la obra maestra de Moltke

Esta era la situación cuando el 2.º Ejército prusiano comenzó a llegar al campo de batalla pasado el mediodía. Pensando que sus dos cuerpos habían regresado a su posición original, recibió las noticias con calma, una calma que quedó hecha añicos momentos más tarde cuando el jefe de estado mayor de Festetics llegó para objetar contra la orden de replegarse del Swiepwald.

El ataque del 2.º Ejército prusiano, encabezado por las tropas de elite del Cuerpo de la Guardia, sorprendió así al II y al IV Cuerpo todavía orientados hacia el oeste. Por tanto, no golpeó la posición de Benedek en el ala derecha sino en un flanco abierto. La Guardia se adentró en la población de Maslowed a las 13:00 horas, luego cargó ladera arriba hacia las alturas de Chlum alrededor de las 14:00 horas, tomando los cañones que había allí, dispersando a las reservas austriacas, e incluso el cuartel general de Benedek con violentas salvas de sus fusiles de aguja.

Siempre resulta difícil explicar las razones exactas por las que se rompe un ejército, pero el asalto a Chlum pareció haberlo hecho para los austriacos. El propio Benedeck, como venía siendo costumbre, no estaba presente, y recibió la noticia de que los Guardias prusianos estaban en su cuartel general con un delirante, «Deja de decir tonterías –¡eso es imposible!»78. Una hora antes podría haber obtenido una victoria decisiva sobre el 1.er Ejército prusiano; no le faltaban comandantes de cuerpo que exigían a Benedek que los lanzase a un contraataque contra las muy apuradas tropas prusianas que tenían delante. Sin embargo, la ocasión había pasado, y ahora había hecho acto de súbita aparición otro ejército prusiano, avanzando y disparando a toda velocidad.

Las formaciones austriacas presentes en Chlum y sus alrededores se deshicieron, y los hombres huían hacia el sur en gran confusión. Hubo un contraataque fracasado a las 15:30 horas a cargo de los VI y I Cuerpos, pero el fuego de fusilería prusiano lo aplastó incluso antes de ponerse en marcha.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en El modo alemán de hacer la guerra | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Despegan la primera oleada para el ataque a Tarento – El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial

La primera oleada estaría formada por doce Fairey Swordfish y la segunda por nueve. De los doce aviones de vanguardia seis irían armados con torpedos y cuatro con media docena de bombas de 110 kg. Los dos últimos aparatos llevarían una combinación de cuatro bombas de 110 kg más dieciséis bengalas con caída ralentizada por paracaídas. La configuración de la segunda oleada sería de cinco aeroplanos con torpedos, dos con seis bombas y dos con la combinación de cuatro bombas más dieciséis bengalas.

Aunque la luna casi llena garantizaba una noche clara e iluminada, se utilizarían las bengalas para conjurar un repentino oscurecimiento debido a las nubes y facilitar el ataque ya que las bengalas serían lanzadas al este de la dársena, con el propósito de hacer resaltar las siluetas de los buques para todo aquel que las viera desde el oeste, la dirección por la que debían aproximarse los aviones torpederos.

A las 20:00 horas del 11 de noviembre de 1940 el portaviones Illustrious aumentó la velocidad y, poniendo proa al viento, hizo que sobre su cubierta de vuelo el aire circulara recto y a 30 nudos, una condición ideal para el despegue de los 12 apretujados biplanos Fairey Swordfish que esperaban a popa con sus alas plegadas.

Tras iluminarse la luz verde del semáforo adosado a la isla del portaviones, los asistentes de cubierta desplegaron las alas del primer aparato, le quitaron los calzos y se agacharon para dar paso al Swordfish que, con el motor al máximo, recorrió la corta pista hasta fundirse con la penumbra. Diez segundos después -el tiempo mínimo para que se disipara la turbulencia generada durante el despegue- los asistentes repitieron el proceso.

Solo dos minutos debieron transcurrir para que la cubierta de vuelo quedara despejada. Culminado el despegue el Illustrious bajó la velocidad a 17 nudos e inició una amplísima virada para hacer que, una vez descrito el círculo, la unidad estuviera en el mismo punto X al momento de lanzar la segunda oleada.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en El Mediterraneo en la Segunda Guerra Mundial | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El Convoy de Occidente – El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial

Armado en Gran Bretaña el convoy de poniente se reunió en Gibraltar tanto con la Fuerza H como con el gran petrolero norteamericano Kentucky. El deber de la Fuerza H -renombrada para la ocasión Fuerza W- era acompañar al convoy hasta el inicio del canal de Sicilia navegando al norte de los mercantes para fungir como barrera ante ataques ítalo-germanos provenientes de las bases aéreas de Cerdeña y Sicilia o de las bases navales de Nápoles y Palermo.

La protección cercana correría a cargo del crucero ligero Cairo, nueve destructores, cuatro dragaminas y seis lanchas tipo Fairmile B, el mismo tipo que tres meses más tarde formaría parte del asalto anfibio contra Tobruk.

Aunque venida a menos por los muchos golpes recibidos, la Fuerza W seguía siendo un adversario temible, sobre todo por su acorazado -el Malaya- y sus dos portaviones -el Argus y el Eagleque, aunque pequeños, ofrecían cobertura aérea in situ sin la espera que siempre padecieron los buques y convoyes del Eje. Zarpadas de Gibraltar el 11 de junio ambas flotas -la Fuerza W y el convoy- avanzaron hacia Levante, el grupo de seis mercantes y su escolta navegando cerca de la costa africana protegidos, como estaba previsto, por la Fuerza W. Seguidos por los exploradores aéreos de la Regia Aeronáutica, durante esta etapa ambas flotas fueron sometidas a esporádicos bombardeos de aviones provenientes de Cerdeña.

El 14 de junio las naves británicas fueron acosadas por varios centenares de aviones de la Regia Aeronáutica y de la Luftwaffe que dieron cuenta del mercante holandés Tanimbar, hundido junto a sus 13.000 toneladas de carga por un torpedo lanzado desde un trimotor S.M. 79. Los graves daños infligidos al crucero Liverpool por otro torpedo italiano obligaron al destructor Antelope a remolcarlo de vuelta a Gibraltar. Las pérdidas que el fuego antiaéreo británico ocasionó entre los aviones atacantes fue compensada al atardecer cuando un escuadrón de Reggiane Re. 2001 proveniente de Cerdeña venció, en feroz combate, a los Sea Hurricane del Eagle.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en El Mediterraneo en la Segunda Guerra Mundial | Etiquetado , , | Deja un comentario

Destructor contra submarino – El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial

El comandante del submarino británico HMS Cachalot (N-83) desechó el cañoneo nocturno en emersión debido al gran perfil de su unidad. Navegando de noche y a toda máquina se ubicó muy por delante de la ruta del tanquero para torpedearlo cuando el barco se acercara a su posición.

Una vez alcanzada la zona de patrulla que le correspondía la aparición de un destructor de la Regia Marina obligó al Cachalot a sumergirse. Esto permitió a su comandante, el teniente de navío Hugo Rowland Barnwell Newton percatarse de que el error de un operador cometido durante el desplazamiento en superficie había impedido la recarga de las baterías, cuyo nivel de energía era muy bajo.

Cincuenta y cinco minutos después el Cachalote emergió y, navegando a toda máquina y con los mejores vigías en la torre, puso proa hacia la ubicación estimada del carguero del Eje teniendo en cuenta que, de no encontrarlo en una hora, deberían abandonar la misión debido al crítico nivel de carga de las baterías. A las 03:35 de la madrugada del 30 de julio de 1941 el serviola de estribor anunció que había descubierto al tanquero enemigo entre los esporádicos bancos de niebla. Duplicando el número de vigías por babor para detectar el posible regreso del destructor, el submarino inició la persecución del blanco. Veinte minutos más tarde y presionado por el bajo nivel de energía de sus baterías y por los bancos de niebla que amenazaban con espesarse, el teniente Barnwell decidió cañonear al tanquero y luego rematarlo torpedeándolo desde la superficie.

Los primeros cuatro disparos del cañón de cuatro pulgadas de cubierta efectuados a una distancia de 1.370 metros bajo la tenue luz de la luna creciente cayeron muy lejos de la nave italiana. Solo la undécima salva pareció impactar el tanquero, generando fuego y una densísima nube de humo en medio de la cual los británicos pudieron ver al navío cambiando de ruta para dirigirse contra ellos. Mientras el Cachalot maniobraba para evitar el abordaje en caso de que esa fuera la intención del rival, sus vigías perdieron de vista al tanquero desaparecido entre las volutas de la nube de humo y un banco de niebla que llegó en su ayuda.

Pocos minutos después un pequeñísimo destructor surgió de entre las brumas a solo 730 metros y, lo que era peor, navegando contra ellos a toda máquina. Las intenciones del enemigo eran bien claras: embestir al submarino.

En el momento en el que la inmersión de emergencia ordenada por el teniente de navío Barnwell Newton comenzó a hacer efecto, el atacante estaba a solo 275 metros. Consciente de la futilidad de su intento de huida, el comandante británico suspendió la maniobra y ordenó abandonar el barco.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en El Mediterraneo en la Segunda Guerra Mundial | Etiquetado , | Deja un comentario