El hundimiento del HMS Hermes. LA GUERRA DE PORTAAVIONES EN EL PACÍFICO. Mark E. Stille

Mientras Trincomalee era atacada, los hidroaviones japoneses avistaron los buques de guerra que habían huido con anterioridad del puerto. Esta vez, entre los objetivos se encontraban el portaaviones Hermes y varios buques de menor porte. Para hacer frente a esta amenaza, Nagumo lanzó de inmediato su fuerza de reserva, integrada por 85 bombarderos en picado y nueve cazas Zero. Tras algunas dificultades, el Hermes fue avistado finalmente y se produjo otra demostración de excelencia en el bombardeo en picado. De las 45 bombas lanzadas, los japoneses afirmaron haber logrado 37 impactos, lo que fue confirmado por los partes británicos sobre el ataque. Además del Hermes, también fueron hundidos un destructor australiano que navegaba cerca, una corbeta, dos petroleros y un carguero. Los cazas británicos llegaron demasiado tarde, pero lograron derribar cuatro bombarderos Tipo 99 y dañar otros cinco.

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LA CARTA PERDIDA DE MIDWAY: Una carta manuscrita perdida, encontrada literalmente en un cofre de marinero, añade la última pieza que faltaba al rompecabezas de los momentos más decisivos de la batalla de Midway.

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22 de septiembre, avanza la Harka. LA COLUMNA SARO EN LA CAMPAÑA DE ALHUCEMAS

Alhucemas, 22 de septiembre. La cantidad de enemigos y su nutrido fuego no fueron obstáculo para que nuestras Harkas continuasen avanzando hasta llegar, como llegaron, al cuerpo a cuerpo, distinguiéndose notablemente todos los Oficiales por su bravura, especialmente el capitán Rodríguez Bescansa, que tremolando la Bandera de su Tabor se lanzó adelante con heroica decisión seguido de sus harqueños hasta caer gravísimamente herido. El teniente Aranda avanzó con denuedo sobre un grupo enemigo con el que trabó lucha cuerpo a cuerpo. El capitán Zabalza condujo su Tabor con admirable valor y serenidad hasta caer también herido de gravedad en el pecho. Los tenientes Pérez de Lema y Elizagárate cayeron muertos, derrochando valor delante de sus tropas. El teniente Barroso cayó herido, dando admirable ejemplo de serenidad y bravura. El capitán del Regimiento del Serrallo Abelardo Mancebo cayó herido en un costado, de bala de cañón, al transmitir órdenes. El capitán Yolif y teniente Ayala, heridos, se resisten firmemente a ser evacuados. Es una página de espartanos gestos escrita por un puñado de héroes formados por la recia voluntad del comandante Muñoz Grande, que, como siempre, ha sido admirable por su inteligencia, bravura y serenidad al conducir en el combate a sus tropas.

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El ataque. KAMPGRUPPE PEIPER EN LAS ARDENAS, 1944. Sergio Martínez

A pesar de los esfuerzos realizados, el nuevo ataque alemán volvió a convertirse en una auténtica carnicería. Las fuerzas germanas se enfrentaban a unidades pertenecientes a tres divisiones de infantería estadounidenses, las 1.ª, 2.ª y 99.ª, apoyadas, además, por varios batallones de carros. Durante las ocho horas que duró el ataque, la artillería estadounidense disparó más de 10.000 proyectiles contra las formaciones alemanas, que avanzaban sin cobertura a través de campo abierto, lo que provocó un resultado devastador. Uno de los jefes de carro participantes, Willy Kretzschmar, dejó el siguiente testimonio:

«La mitad del engranaje derecho de nuestro Panzer fue volada y salimos de la vía. Quedamos inmóviles. Una hilera de árboles y arbustos a unos 150 metros aún estaba ocupada por infantería estadounidense. Usando nuestras ametralladoras de la barcaza y la torreta, así como proyectiles explosivos, logramos mantenerlos a raya por el momento. Durante dos horas fingimos estar muertos por el intenso fuego de artillería. El pasto, antes cubierto de nieve blanca, se tornó negro. Cuando hubo una pausa en el fuego, corrí hasta el Panzer IV más cercano para pedir que remolcara el mío fuera de la vía. Lamentablemente, ya había sido destruido. Los otros Panzer IV y el cañón autopropulsado habían corrido la misma suerte, la mayoría fueron destruidos por impactos directos de artillería y morteros pesados».

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La batalla del mar de Filipinas. LA GUERRA DE PORTAAVIONES EN EL PACÍFICO. Mark E Stiller

La serie de ataques frenéticos y descoordinados de la TF 58 contra la 1.ª Flota Móvil en el mar de Filipinas produjo resultados decepcionantes. Aparte de la naturaleza inconexa de los ataques, el reducido nivel de daños se debió a la falta de práctica contra objetivos navales y a la decidida defensa de los japoneses. Se hubiesen infligido mayores daños, casi con total certeza, si más de 21 Avenger hubiesen estado armados con torpedos. Tal y como sucedieron las cosas, el único torpedo que dio en el blanco fue el que causó el daño más importante del ataque, que se cobró al portaaviones Hiyo. La mayor decepción para los estadounidenses fue la huida del Zuikaku. Los daños leves sufridos por el Zuikaku, el Junyo y el Chiyoda es algo a destacar, teniendo en cuenta el número de bombas que les fueron lanzadas, lo que sirvió como prueba adicional de la dificultad de hundir grandes buques únicamente con bombas.

Además de los daños infligidos a las unidades de la flota el 20 de junio, los japoneses sufrieron también grandes pérdidas de aviones. Comenzaron el día con 100 aparatos disponibles y lo terminaron con 35. La mayoría de las pérdidas se debieron, probablemente, al gran número de cazas Zero que despegaron para formar parte de la CAP y que fueron derribados posteriormente por los Hellcat. En comparación, las pérdidas norteamericanas de aviones fueron ligeras durante el ataque propiamente dicho. Se perdieron 17 aparatos: seis Hellcat, cinco bombarderos en picado y seis Avenger. Sólo seis lo fueron por fuego antiaéreo, el resto acabaron derribados por los Zero de la CAP.

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LA CARTA PERDIDA DE MIDWAY: Una carta manuscrita perdida, encontrada literalmente en un cofre de marinero, añade la última pieza que faltaba al rompecabezas de los momentos más decisivos de la batalla de Midway.

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La ofensiva de las Ardenas de 1944. KAMPFGRUPPE PEIPER EN LAS ARDENAS, 1944. Sergio Martínez

El 16 de diciembre de 1944, Hitler jugó su última carta desesperada. Lanzó una gran ofensiva en las Ardenas, el mismo escenario donde, cuatro años y medio antes, había logrado una de las mayores victorias militares de todos los tiempos. Esta vez, sin embargo, las circunstancias eran radicalmente distintas. La tropa alemana no tenía la misma calidad ni formación, la Luftwaffe no controlaba los cielos, y los suministros de combustible, munición e incluso alimentos eran dramáticamente escasos. El terreno helado y embarrado del invierno no era el mismo que el de la primavera de 1940. Los imponentes carros pesados Tiger II y Panther no se comportaban como los ágiles Panzer II y III de antaño. Además, no había maniobras de distracción que pudiesen confundir a los Aliados. Todo se centraba en un único golpe decisivo. Por su parte, su enemigo estaba bien preparado, motivado y listo para luchar hasta el final. De entre todas las unidades alemanas que participaron en la ofensiva, hubo una que acaparó la atención tanto de sus propios mandos como de sus enemigos: el Kampfgruppe Peiper.

Perteneciente a la División Leibstandarte, esta formación tenía la misión de liderar el avance por el sector norte del Sexto Ejército Panzer de las SS, abriéndose paso hasta el río Mosa. A través del seguimiento de esta unidad, es posible entender todos los obstáculos a los que se enfrentaron los alemanes en las Ardenas, convirtiéndose en el mejor ejemplo para comprender por qué fracasó la última gran ofensiva en el Frente Occidental.

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