Asalto a un búnker francés en la ribera de Sedán. LA BLITZKRIEG CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS

Una vez ha recuperado el aliento, el enemigo abre fuego de artillería sobre el Mosa, exactamente en el punto de cruce de los zapadores alemanes –puede observarlo con todo detalle desde el terreno elevado del sur de Sedán. Uno de los búnkeres de cañones contracarro abre entonces fuego contra los atacantes. Se aproximan al siguiente búnker por la retaguardia; el grupo se acerca sigilosamente por el punto ciego que producen los tubos de los cañones. Rubarth va primero, como de costumbre. Obstáculos de alambrada y cables bajos bloquean el camino, pero una vez más, logra introducir la carga explosiva por la aspillera: Rubarth se pone a cubierto… no ocurre nada. La espoleta ha fallado. Bueno, pues otra vez arriba, nueva espoleta y ahora sí… se produce una explosión. Parte de la pared del búnker queda en ruinas. Las granadas de mano animan a los ocupantes a moverse y salen arrastrándose, entumecidos por el humo de la pólvora –llorando, gimoteando, completamente abrumados. «¡Oh –camerade!», tartamudean, agitando una bandera blanca. El ataque de los Stuka les ha destrozado los nervios y la carga concentrada de Rubarth los ha reducido a gelatina.

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El «Führungschaos» – Pánico en Narvik. NORUEGA 1940. Antonio Muñoz

En la mañana del 14 de abril se confirmaron las noticias del ataque británico en Narvik y el hundimiento de los destructores alemanes que todavía sobrevivían a la primera batalla. Hitler consideró todo aquello una verdadera catástrofe. «Hemos tenido mala suerte», le dijo simplemente a Brauchitsch. Las tropas de Dietl, su viejo compañero de lucha desde 1919, habían quedado aisladas. Hitler temía que un fiasco en el norte podía dañar su prestigio ante el OKH, resentido por haber sido apartado del planeamiento de la operación.

La reacción de Hitler ante las primeras dificultades estuvo muy lejos de la «inalterable determinación» de tintes místicos con la que gustaba revestir sus decisiones. Aunque Dietl no había sufrido todavía un solo ataque, el 14 de abril Hitler le ordenó que evacuara Narvik y buscara refugio con sus fuerzas en Suecia, y más tarde sugirió que se replegara a las montañas circundantes, lo que, con la falta de vituallas, significaba la destrucción de las tropas.

Los que rodeaban a Hitler en la sala del Gobierno del Reich, que se utilizaba para sus conferencias militares, quedaron pasmados. «Reacción espantosa (de Hitler)», anotaba en su diario Jodl, quien denominó a este periodo «Führungschaos» («caos en la dirección»).

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Testimonios sin filtros de las tropas panzer. LA BLITZKRIEG CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS

«Esta recopilación de experiencias de integrantes de las divisiones panzer del XIX Cuerpo de Ejército (mot) de Guderian durante las campañas de Polonia y Francia no es un libro de testimonios al uso, y ahí radica su atractivo. En general, la gran mayoría de testimonios son recuperados después de la Segunda Guerra Mundial, desde la perspectiva de la derrota, y se centran en las penurias del frente, en la apacible vida en la retaguardia y en anécdotas y recuerdos neutros y medidos sobre el conflicto. La presente obra, publicada en 1942 con el título Mit den Panzern in Ost und West, recoge los testimonios de aquellos soldados que experimentaron la guerra relámpago en uno de los mejores cuerpos acorazados del ejército alemán durante el cénit de su éxito. Son testimonios sin filtros, sin censura, sin autocensura. Desde la perspectiva de la sinceridad de sus protagonistas, es posible ver cómo pensaban, cómo actuaban y cómo se expresaban los soldados alemanes de 1939 y 1940 en un momento en el que se creían invencibles. Aunque en algunos relatos se dejan ver los prejuicios étnicos y políticos del entorno del que procedían, la gran mayoría son historias de soldados de primera línea».

Extracto del prólogo a la edición española, escrito por nuestro traductor de cabecera, Hugo A. Cañete.

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La luftwaffe en Narvik. NORUEGA 1940. Antonio Muñoz

La Luftwaffe había hecho ímprobos esfuerzos para apoyar a las tropas de tierra, pero cuando la niebla se aclaró en Bardüfoss, los Gladiator y Hurricane pudieron recuperar el dominio del cielo sobre Narvik. Dos bombarderos He 111 y varios de los lentos y pobremente armados hidroaviones que intentaban desembarcar refuerzos y vituallas en los pequeños fiordos al sur de Narvik fueron derribados. Los alemanes lanzaron una incursión para neutralizar Bardüfoss, apoyado por cazas bimotores Me 110 con depósitos de combustible suplementarios (Dackelbauch, «barriga de perro salchicha»). Estos depósitos de 1.050 litros ampliaban el radio de acción de los cazas más de 1.200 km, ampliando el tiempo operativo sobre el objetivo entre 20 y 30 minutos. Sin embargo, el peso de los depósitos entorpecía las maniobras de los Me 110 y los convertía en presas fáciles para los Hurricane. La idea de usar los Stuka desde el aeródromo de Mosjøen no se puso en práctica hasta después de que comenzara la evacuación aliada.

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De regalo para los miembros del CLUB SALAMINA un magnífico MAPA tamaño A2 de la zona de operaciones de Narvik por una cara y de una guía de viaje Michelín de 1940 de Noruega por la otra, para que puedas seguir el curso de las operaciones.

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El teniente Rudolf Behr en Polonia. LA BLITZKRIEG CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS

[Teniente Rudolf Behr] Se oye ruido en los auriculares; orden del jefe por radio: «¡Todo el mundo a sus puestos de combate!». Las cabezas vuelven a desaparecer en el interior de los panzer; las escotillas se cierran y se aseguran. Los carros de combate están listos para atacar con su estruendoso ruido. Hemos dejado atrás el pueblo. La compañía se sale de la carretera y se desvía hacia la izquierda, a campo abierto, vadea un arroyo y, a continuación, se despliega en abanico. Los carros ruedan hacia el enemigo en un frente amplio y en formación poco compacta.

Mientras miro por las estrechas mirillas de la torreta, veo cómo los panzer de mi sección avanzan a derecha e izquierda de mi posición. Me concentro todo lo que puedo en el terreno que tengo delante. Aún no hay señales del enemigo. Todo parece muerto. Pero tiene que estar ahí: en la maleza, detrás de las colinas, en las granjas que hay entre las manchas de bosque… Entonces, de repente, mi tripulación y yo oímos un golpe seco que reverbera débilmente en todo el carro de combate. ¡Hemos sido alcanzados por un cañón contracarro!

Probablemente, ha impactado en una de nuestras cadenas. Los otros panzer avanzan a toda velocidad.

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