Las singularidades de las IDF vistas por observadores durante la Operación Kadesh

La Operación Kadesh demostró que las IDF podían manejar fuerzas móviles como pocos ejércitos en el mundo. Demostró de manera concluyente que un ejército de reclutas y de reservistas apresuradamente reunidos podía manejar armamento moderno y operar en un ambiente de potencia de fuego. Hacía cuestión de horas que algunos de los soldados israelíes se habían puesto el uniforme y ya marchaban por el Sinaí. Demostró que un ejército no necesitaba tener una estricta disciplina cuartelaria o presentar un aspecto impoluto para llevar a cabo operaciones destructivas y decisivas. Esto causó alguna consternación en los observadores militares extranjeros:

«Los oficiales son llamados a menudo por sus nombres de pila entre sus hombres y entre sus colegas; hay muy pocos saludos, hay mucha barbilla sin afeitar; no hay signos externos de respeto por la superioridad; en hebreo no existe la palabra “señor”. Toda mi experiencia anterior en los ejércitos norteamericano y británico me ha enseñado que la mejor disciplina durante la batalla depende de la buena disciplina en los cuarteles. El ejército israelí parece desmentir esa noción».

Finalmente, Kadesh demostró que el concepto de Auftragstaktik, que permite a los comandantes de graduaciones inferiores tomar la iniciativa para actuar según dicte la situación aun cuando ello suponga hacer caso omiso de órdenes superiores, estaba todavía vivo y disfrutaba de buena salud en las FDI, a menudo de una forma extrema.

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Jared C. Monti. Medalla de Honor. PUESTOS AVANZADOS. Acciones de combate de pequeñas unidades en Afganistán

El kill team luchaba en tres direcciones, dirigiendo su fuego hacia el norte, el este y el oeste. Por el momento, los intentos de flanqueo enemigos habían sido frenados, pero continuaba el fuego incesante de los insurgentes desde el bosque. El fuego más preciso de los morteros empezó a dar en el blanco en el norte, pero el enemigo no se dejó amedrentar. Superados en número y armamento, los norteamericanos necesitaban más potencia de fuego para cambiar las tornas.

En ese momento, los sargentos Monti y Hawes dirigieron su atención al soldado de primera clase Bradbury, que se encontraba herido a unos 18 metros de distancia en campo abierto. Aunque estaba parcialmente oculto de la observación enemiga, Bradbury seguía estando en peligro de ser alcanzado por fuego indirecto. Podía comunicarse débilmente con los demás, apostados detrás de las rocas, pero sus heridas eran tales que poco más podía hacer. El sargento Monti decidió que tenía que recuperar a Bradbury y ponerlo a salvo detrás de las rocas. En su primer intento logró alejarse unos metros de las rocas antes de que una lluvia de disparos de armas ligeras lo obligase a ponerse a cubierto tras un pequeño parapeto de roca que bordeaba el perímetro.

Monti se encontró allí el cadáver del sargento Lybert. Tras esperar un minuto más, saltó el parapeto e intentó llegar de nuevo hasta Bradbury, pero se vio obligado a retroceder por el fuego. Antes de llevar a cabo el que sería su último intento de salvar a Bradbury, el sargento Monti gritó a los demás miembros del kill team que necesitaba fuego de cobertura de lanzagranadas M203. El sargento Hawes disparó varias granadas contra la línea de árboles del norte y el resto del equipo abrió fuego de fusilería de apoyo. En ese momento, Monti corrió hacia Bradbury y, en cuestión de segundos, cayó mortalmente herido cuando un proyectil de RPG impactó contra el suelo a pocos metros de él.

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Llegada de los Bf 109 de África a Sicilia. Más allá del Deber. Adam Makos

Franz Stigler ya sabía que la batalla por África se había perdido cuando vio aterrizar a los maltrechos Bf 109 de la JG 77. Rodaron hasta los parapetos abiertos donde él y otros se sentaban. Los fuselajes marrones y la panza azul de los aviones estaban acribillados de orificios de bala y cubiertos de aceite, arena y residuos de pólvora. Roedel divisó el avión del comandante de la JG 77, el mayor Johannes «Macky» Steinhoff. Aquellos que conocían a Steinhoff lo miraban como a un padre, aunque solo tuviese treinta y dos años. Steinhoff se abrazó a Roedel, su viejo amigo de la escuela de vuelo, luego se apresuró hacia uno de los cazas de su unidad, que acababa de detenerse. Pasando de largo al piloto del avión, Steinhoff corrió hasta detrás del ala y manipuló la trampilla de la radio en el fuselaje, donde había sido pintada la cruz negra y donde se hallaba el botiquín de primeros auxilios.

Abrió la compuerta y se inclinó al interior del compartimiento del caza. Steinhoff alargó la mano, forcejeó y luego sacó a un hombre del avión –por los pies. El hombre abrazó a Steinhoff y luego se agachó y besó el suelo. Mientras las hélices de otros aparatos se iban deteniendo hasta quedar inmóviles, Steinhoff se precipitó hacia otro caza y abrió la compuerta, liberando a otro hombre, al tiempo que el piloto del avión apoyaba la cabeza contra el colimador, agotado. Los pilotos de Steinhoff habían dejado sus herramientas, balas y piezas de repuesto en África, pero no habían abandonado a sus mecánicos. Todo lo contrario, los pilotos los habían ayudado a meterse en esos compartimientos oscuros y claustrofóbicos de las panzas de los cazas. En su interior, habían experimentado un vuelo infernal de cuarenta y cinco minutos. Sin espacio para moverse. Sin paracaídas. Sin escapatoria.

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Rommel llega a Trípoli. Blindados en el desierto. Robert Forczyk

Cinco días después de la victoria británica en Beda Fomm llegó a Trípoli en un avión de transporte Ju 52 el teniente general Erwin Rommel con un pequeño séquito de estado mayor y se presentó a dar novedades a Gariboldi. La Directiva N.º 22 de Hitler, cursada en enero, autorizaba el despliegue de una pequeña fuerza expedicionaria aeroterrestre alemana en el norte de África. Aunque Rommel recibió la orden de cooperar con los italianos, dependía del Oberkommando des Heeres (OKH). Siguiendo las directrices de Hitler, la Unternehmen Sonnenblume (Operación Girasol) del OKH sólo pretendía proporcionar una fuerza de bloqueo (Sperrverband) al mando de Rommel que evitase un colapso total italiano. Dada la aparente incapacidad italiana para detener los blindados británicos, la fuerza de Rommel fue optimizada para funciones defensivas contracarro, no para una guerra de maniobra. Aunque en un principio se pretendía enviar una sola división alemana, el informe de von Thoma influyó en la decisión del OKH de aumentar la fuerza expedicionaria a dos divisiones a principios de febrero.

Aunque estaba claro que las fuerzas británicas desplegadas en torno a El Agheila eran escasas, Rommel no podía emprender ninguna acción ofensiva real hasta que tuviese disponible el resto de la 5.ª División Ligera. En los primeros once días desembarcaron en Trípoli un total de 7.232 soldados alemanes y 2.366 vehículos, pero harían falta seis semanas para trasladar toda la división al norte de África. El 5.º Regimiento Panzer del coronel Herbert Olbrich (con dos batallones) no llegó hasta principios de marzo. Rommel envió de inmediato los panzer de Olbrich al frente, sin esperar a que las tropas se aclimatasen a las condiciones del desierto.

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La Montaña Blanca (1620). Batallas de la Guerra de los Treinta Años. William P. Guthrie

Para las 13:15 horas el grupo de Bucquoy había dejado aislado al Regimiento de Caballería de Solms, capturado al propio Solms y alcanzado la línea de la cima. Los cinco reductos adelantados habían sido arrollados con facilidad, unos por Bucquoy y otros por Tilly. A medida que los restos de Thurn y de la caballería pasaban en avalancha, los valones de Verdugo y los italianos de Spinelli marcharon contra Hohenlohe. Aquellas unidades se derrumbaron sin disparar un tiro; el Regimiento de Infantería de Kaplir y la mayor parte del 2º escalón siguieron su ejemplo. Los húsares de la retaguardia comenzaron a alejarse. En el Palacio de la Estrella, alarmado Sajonia-Weimar por la llegada de Tilly, envió a pedir ayuda a Kornis. «Ya no deseo ser alemán», dijo dramáticamente, «¡sino húngaro!». «¡Germani currunt!», informó Kornis, abandonando el campo de forma Pragmática.

Desesperada e inútilmente Anhalt y Thurn intentaron reunir a sus regimientos en desintegración. Hoffkirch fue abatido, Styrum y Pechmann, viendo como se estaban poniendo las cosas, siguieron el ejemplo de Kornis. Schlick y su puñado de moravos aguantaron firmes, pero Spinelli y Bauer los hicieron retroceder al interior del parque. Para las 13:30 horas, todo había terminado. Algunos Católicos acosaron a los rebeldes en fuga, otros arrollaron a la Infantería Real, que de forma suicida todavía mantenía la formación. El resto rodearon el Palacio de la Estrella, donde Schlick y Sajonia-Weimar trataban de improvisar una defensa. Para las 14:00 horas hasta ellos se habían rendido. Los rebeldes habían sido aplastados, la rebelión sería la siguiente en serlo.

El ejército Protestante sencillamente dejó de existir. Unos 4.000 hombres murieron o fueron capturados, y se tomaron 100 banderas y los diez cañones.

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