Los holandeses vuelven a Chile (1643) – El León contra la jauría Vol.II

El 6 de noviembre de 1642 zarpó del puerto de Texel una flotilla, compuesta de los barcos «Amsterdam», «Concordia» y «Flesinga», con un total de 92 cañones entre las piezas navales y las terrestres transportadas, así como ingenieros y materiales de fortificación,
pues buscaban asentarse en la costa chilena.

Iba al mando de Hendrick Broder. En Pernambuco, aún posesión holandesa, se les unieron los buques «Orange» y «Dofijn», zarpando de nuevo el 15 de enero de 1643, pasando al Pacífico por la ruta de Hornos, pero perdiendo la «Orange». El 3 de mayo ya estaban en el archipiélago de Chiloé, tomando el pequeño fortín de Carelmapu y apresando su escasa guarnición.

El 6 de junio tomaron Castro, tras derrotar a la pequeña milicia que les opuso su gobernador, D. Francisco de Castro, que murió en el combate. En cuanto a Broder, no tardó en morir, aunque de enfermedad, sucediéndole al mando su segundo, Elías Herckman, quien planeaba tomar Valdivia.

Para ello, los holandeses pensaban contar con la ayuda de los indígenas, los araucanos, pero éstos se mostraron muy recelosos y poco amigables, lo que indujo a los invasores a secuestrar algunas mujeres y niños como rehenes para asegurar su fidelidad, lo que no
hizo sino empeorar sus relaciones.

Ya habían llegado las noticias de aquella incursión a Lima, preparándose una expedición de reconquista. De momento el virrey, D. Pedro de Toledo y Leyva, marqués de Mancera, envió a Concepción 300 hombres como refuerzo a bordo de dos barcos, mientras otros tres ligeros vigilaban de cerca a los holandeses. Como faltaran buques de guerra adecuados, se encargaron a toda prisa dos galeones de 1.200 y 1.100 toneladas a Guayaquil, mientras en El Callao se construía otro de 40 cañones, pensando que todos estarían listos en cinco meses y sobreestimando posiblemente la entidad de la fuerza holandesa.

Pero en sus planes interfirió la obligación de conducir la plata del Perú a Panamá, la Flota del Mar del Sur, que según las órdenes reales debía tener prioridad absoluta. Tras realizar con éxito la misión, solo a finales de 1644 y ya de vuelta en El Callao, pudo prepararse la expedición de reconquista.

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