
Proporcionar una cobertura eficaz de cazas a los transportes Ju 52 resultó ser una tarea difícil. La distancia de vuelo desde Morozovsk, donde estaban basados muchos de los cazas alemanes de la región, hasta Stalingrado era de 200 kilómetros. En circunstancias normales, un Messerschmitt Bf 109 G-2, con su capacidad de combustible de 400 litros, tenía un alcance medio de combate de 550 a 660 kilómetros, o una autonomía de vuelo de entre 60 y 80 minutos. Pero los Ju 52 realizaban el trayecto a una velocidad de crucero de sólo 160 kilómetros por hora, lo que implicaba un tiempo de vuelo de al menos 80 minutos. Una de las muchas ventajas del Bf 109 era su velocidad de pérdida relativamente baja, pero los cazas de escolta no podían reducir su velocidad a la de los bombarderos o aviones de transporte. Por lo tanto, a la hora de escoltar a los lentos Ju 52, los pilotos de los Bf 109 tenían que recurrir a todo tipo de trucos —virar cara al viento, zigzaguear, descender y ascender—, lo que hacía que el vuelo fuese de todo menos económico. Esto, junto con los diversos desvíos que los vuelos de transporte tenían que realizar para evitar las concentraciones de AAA y los cazas soviéticos que los esperaban, llevó a muchas formaciones de escolta a Stalingrado al límite de la autonomía de vuelo del Bf 109.
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