
Los planificadores de Overlord apenas tuvieron en cuenta los obstáculos del terreno del bocage y solo prestaron un poco más de atención a las praderas inundadas. Todo ello a pesar de que los obstáculos eran claramente visibles en las fotografías del reconocimiento aéreo. Hubo referencias ocasionales a los mismos en discusiones previas a la invasión, especialmente por parte de los planificadores británicos que habían viajado a Normandía antes de la guerra. Pero no hubo una planificación operacional efectiva que hiciese frente a la geografía normanda. Los comandantes terrestres aliados tuvieron que improvisar respuestas al bocage una vez comenzada la invasión a fin de poder salir de las playas y adentrarse en el interior.
De hecho, no solo las respuestas operacionales, sino también las tácticas y tecnológicas tuvieron que ser modificadas bajo la presión de un combate costoso y casi estancado. Solo después de ver frustrados los intentos de abrirse paso a través de los setos con carros de combate ordinarios improvisaron las tropas aliadas dispositivos para ser montados en su parte delantera que cortasen y desraizasen las frondosas paredes del bocage. Sin embargo, estos dispositivos no pudieron diseñarse y distribuirse con la suficiente rapidez como para evitar un costoso estancamiento de siete semanas de duración que recordaba inquietantemente al Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial.
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