
En la mañana del 27 de abril (1945), cuando salimos al exterior, percibimos vagamente la proximidad del frente, hacia el este. Se oyen estruendos; los rusos se acercan. El informe de la Wehrmacht, que escuchamos todos los días, no dice nada al respecto. Combates defensivos por todas partes, en el frente occidental y, por supuesto, contra el Ejército Rojo, que está atacando Berlín. Los sonidos sordos provienen del frente, a unos 40 kilómetros de distancia. Las mujeres están angustiadas. Tiemblan visiblemente, y los niños se aferran a sus madres, siguiéndolas a todas partes. La esposa del granjero nos pregunta qué va a pasar ahora. Le aconsejamos que se vaya, que huya. Nuestra opinión se basa en la experiencia: lo que toman los rusos, nunca lo devuelven.
Miro a las mujeres en silencio, consciente de lo que les sucederá si el frente las alcanza. Conocemos estas situaciones de sobra —vi0laci0nes, palizas, fusilamientos y mucho más. Nos horrorizan las atrocidades perpetradas por los rusos en todos los sectores del frente. Les decimos a las personas que se den prisa, que hagan las maletas y huyan, y deciden hacerlo una hora más tarde. Como no hay nada que hacer hasta el mediodía, los ayudamos a preparar las dos carretas para las que tienen caballos. Les aconsejamos qué llevarse y qué dejar aquí. La esposa del granjero está desolada por su buena porcelana, que al parecer es muy valiosa. Platos, tazas, vajilla —y la cubertería de plata, que es antigua. Lo enterramos todo bajo la era. “¡Por si acaso podemos volver!”. Fritz y yo nos miramos, ¿volver? Sabemos que eso nunca sucederá. Los rusos se lo llevarán todo, nadie volverá a ver sus pertenencias.
De regalo para los miembros del Club Salamina una réplica tamaño póster (A2) a todo color (42x59cm) de un mapa del área de Berlín por una cara y de un plano del casco urbano de la ciudad por la otra, una gran ayuda para seguir el curso de las operaciones.




























