El sargento Bourgogne y el gran incendio de Moscú de 1812

El sargento Bourgogne vivió intensamente el incendio de Moscú, hasta tal punto que dedica un capítulo completo al mismo. En uno de los primeros parajes cuenta después de salir a la calle de un palacio en llamas donde habían acabado con nueve incendiarios que los habían atacado:

«A continuación nos encontramos con algunos chasseurs [cazadores] de la Guardia, que nos dijeron que los propios rusos habían incendiado la ciudad y que los hombres que acabábamos de encontrarnos eran los responsables de ello. Poco después sorprendimos a tres de estos desgraciados prendiendo fuego a una iglesia ortodoxa. Al vernos, dos de ellos arrojaron sus antorchas y huyeron. Nos dirigimos contra el tercero, que conservó su antorcha y que, ignorándonos, trató de seguir a lo suyo: un culatazo de mosquete en la cabeza fue el castigo a su obstinación».

«Justo entonces nos encontramos con una patrulla de fusilier- chasseurs [fusileros-cazadores], que como nosotros se habían perdido. El sargento al mando me dijo que se habían tropezado con convictos que prendían fuego a una gran cantidad de casas, que habían encontrado a uno al que le había tenido que cercenar la muñeca con su sable para obligarlo a arrojar la antorcha, pero que la había cogido con su mano izquierda para continuar con la faena y se habían visto obligados a matarlo».

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Memorias del sargento Bourgogne | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Batallas de la Guerra de los Treinta Años (II) – Bandera de la portada

La bandera fue hallada a mediados del siglo XIX en los desvanes de la catedral de Notre Dame por un arquitecto reStaurador que se la dio a su amigo coleccionista Alexandre de Cluny. Ninguno de los dos tenían la más mínima idea de la procedencia de la bandera, pero por el aspa de borgoña éste pensó que se podría tratar de una enseña medieval de la antigua Casa de Borgoña.

Años después la bandera pasó al Mussée de l’Armée de los Inválidos con la siguiente catalogación: “Bandera española del Regimiento de Alburquerque, tomada en Rocroi en 1690”, lo que sin lugar a dudas es un disparate, pues dicha batalla tuvo lugar en 1643. Lo de llamar al tercio regimiento puede ser una deformación de uso, al ser la palabra que acabó imponiéndose con posterioridad al siglo XVII y porque la palabra tercio era casi exclusiva de la monarquía hispánica (y no de todas las naciones).

Tampoco se sabe en qué se basó el conservador para catalogar a la bandera como procedente de Rocroi. Para la fecha de la batalla el duque de Alburquerque mandaba la caballería, aunque es posible que el sargento mayor Mercader, que se hizo cargo del tercio, se la quedase por carecer de bandera propia.

Según la descripción de la bandera, es de “paño azul pálido cruzado por un aspa roja de Borgoña, sobrepuesta a una cruz griega blanca que figura en su centro; y al canto cenefa de triángulos alternos rojos y azul pálidos , ribeteada por un galón amarillo superior y otro inferior”.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Batallas de la Guerra de los Treinta Años II | Etiquetado , , | Deja un comentario

Memorias del Sargento Bourgogne – La batalla de Krasnoi y el 1.º Regimiento de Voltigeurs

El 1.er de Voltigeurs, que estaba delante de nosotros, logró llegar casi hasta los pies de las baterías pero fue detenido por un cuerpo de coraceros, los mismos hombres con los que habíamos lidiado en la madrugada del 15 y que no se atrevieron a cargar sobre nosotros.

Entonces se retiró a la izquierda de la batería, formando un cuadro casi frente a nuestro regimiento. La caballería enemiga volvió de nuevo al ataque pero fue recibida con un intenso fuego de los voltigeurs que mató a una gran cantidad de jinetes. Llevaron a cabo una segunda carga y se encontraron con la misma recepción, que dejó el lugar atestado de hombres y caballos. Una tercera carga, apoyada con botes de metralla disparados por dos piezas artillería, logró al fin el éxito.

El regimiento fue arrollado. El enemigo rompió el cuadro y aniquiló a sablazos a sus integrantes. Aquellos pobres desgraciados, casi todos muy jóvenes, al tener las manos y los pies casi congelados, no tenían capacidad para defenderse y fueron completamente masacrados. Presenciamos esta escena sin poder ayudar a nuestros camaradas. Solo regresaron once hombres; el resto murieron, fueron heridos o acabaron capturados, llevados a golpes de sable a un pequeño bosque que teníamos enfrente. El propio coronel, cubierto de heridas, fue hecho prisionero junto a varios de sus oficiales.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Memorias del sargento Bourgogne | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Memorias del Sargento Bourgogne – La sangre de caballo como alimento

El hambre era ya un peligro mayor que el enemigo. Lo que más a mano tenían los soldados eran los caballos moribundos, pero tenían que ser rápidos porque se congelaban en minutos. A este respecto dice Bourgogne:

Cuando nos deteníamos a comer algo lo más rápidamente posible, sangrábamos a los caballos que iban quedando abandonados, o los que podían ser sacrificados sin ser vistos. La sangre se vertía en una cacerola, se cocinaba y se consumía. Pero a menudo nos vimos obligados a comérnosla antes de que hubiese tiempo de cocinarla. O se daba la orden de marcha o los rusos caían sobre nosotros.

En este último caso no les prestábamos mucha atención. En alguna ocasión he visto a hombres comiendo tranquilamente mientras otros disparaban a los rusos para mantenerlos a distancia. Pero cuando la orden era imperativa y nos veíamos obligados a marchar, nos llevábamos la cacerola con nosotros y, mientras caminábamos, cada hombre metía las manos y tomaba lo que quería; a consecuencia de ello las caras quedaban untadas de sangre.

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Memorias del sargento Bourgogne | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Memorias del Sargento Bourgogne – Los estragos del frío

Ese día, 6 de noviembre, había una densa niebla y más de veintidós grados bajo cero. Nuestros labios se habían helado, nuestros sesos también; toda la atmósfera era gélida. Soplaba un viento terrible y la nieve caía en enormes copos. No solo perdimos de vista el cielo, también a los hombres que caminaban delante de nosotros.

El gran Ejército se va agotando y diezmando un poco más cada día. El viento corta como una navaja de afeitar. El frío hace que los miembros sean tan frágiles como el alabastro. El hielo suelda los párpados y los dedos se quedan pegados al acero de las armas. Las articulaciones de los pies y de las manos se quiebran a la menor torsión. Para apropiarse más fácilmente de la ropa de los muertos no hay que esperar a que los cuerpos se congelen. Más de uno es despojado antes de exhalar su último aliento….

QUIERO EL LIBRO

Publicado en Memorias del sargento Bourgogne | Etiquetado , , , | Deja un comentario