BLINDADOS EN EL DESIERTO. La guerra acorazada en el norte de África. De Beda Fomm a la Operación Crusader, 1940-1941

En este estudio, el primero de dos volúmenes que abarcarán la historia de la guerra acorazada en el norte de África, el exitoso autor Robert Forczyk explora la historia de la campaña desde el ataque italiano inicial en 1940 y la llegada del Panzergruppe Afrika de Rommel hasta la ofensiva británica de la Operación Crusader, que llevó a la liberación de Tobruk a finales de 1941.

Completamente ilustrado en toda su extensión con fotografías, láminas, mapas, croquis organizativos a nivel táctico y apéndices que analizan la información relativa a los carros de combate y su régimen de entregas en el teatro, así como los órdenes de batalla, Blindados en el Desierto se sumerge en las fuentes de la época con el fin de proporcionar una nueva visión de la guerra acorazada en el desierto.

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Cena de la concesión de las Hojas de Roble. Teddy Suhren. As de Ases.

Frente a mí se sentaba el general Dietl, de las Tropas de Montaña, uno de los generales más carismáticos y populares de la guerra. Rogge se sentó junto a Hitler. Al final de la comida nos sirvieron a todos un poco de schnapps. Curiosamente, en el cuartel general del Führer había –para mi deleite- copas de aguardiente de la Marina, verdaderos cálices de 0,4 o 0,5 cl. Hitler era abstemio, pero dio permiso a Keitel con un asentimiento de cabeza para que propusiese un brindis. Y allá que fuimos, con el brazo flexionado a la altura del segundo botón y haciendo reverencias en todas direcciones.

Pero mientras los demás tomaban los sorbos con decoro y elegancia, yo incliné la copa a mi manera habitual y me la bebí de un trago. Apuré hasta el fondo; asombro por todas partes. Hitler sonrió, miró al ordenanza y le hizo una señal con la mano. Éste se acercó inmediatamente y me dio otra copa llena hasta el borde. Bueno, pensé para mis adentros, ya que me daban la oportunidad de tomar un buen schnapps, tendría que bebérmelo. No soy de modales delicados; sólo un simple marino, así que tendrían que aguantarse. Al parecer, al propio Hitler le gustaban este tipo de gestos espontáneos, ya que era consciente de que estaban libres de la actitud aduladora y rastrera habitual.

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El general Raus dirige el repliegue en el Dniéper. Operaciones Panzer. Erhard Raus

El general Raus fue el responsable del repliegue alemán hacia el Dniéper en 1943 y el cruce por Kremenchug. En sus memorias relata: «Se habían necesitado cuatro días completos para cruzar el equivalente de dieciséis divisiones a través de los dos puentes. Los dos jefes de carreteras trabajaron en perfecta coordinación y durante los primeros momentos dirigieron diariamente entre 5.000 y 7.000 vehículos a motor a través del Dnieper. Más tarde incrementaron este ritmo a una media de entre 8.000 y 10.000. Un total de unos 70.000 vehículos a motor cruzaron el puente de carretera: seis divisiones panzer y cinco divisiones de infantería.

Tres divisiones de infantería, con todos sus transportes tirados por caballos, además de dos grandes columnas de aprovisionamiento, cruzaron el río por el puente de ferrocarril, que había sido cubierto con planchas. En paralelo a éste, nuestros ingenieros construyeron un puente flotante improvisado para el cruce de 30.000 vehículos civiles que el Octavo Ejército retiró a través de Kremenchug en el mismo periodo.

Una mañana supe que unos 25 Panzer VI Tiger habían sido abandonados por sus tripulaciones más allá de la línea defensiva de la cabeza de puente de Kremenchug debido a problemas técnicos. De inmediato ordené que unas 30 cabezas tractoras con apoyo de ingenieros volviesen a cruzar el río y recuperasen nuestros Tiger, que pudieron ser cruzados con éxito a la orilla occidental».

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La toma de Kabul (1978). Calle a Calle. La guerra urbana y las ciudades como elemento decisivo

Los soviéticos decidieron asaltar el palacio presidencial de Tajbeg empleando una combinación de tres fuerzas: el batallón musulmán Spetsnaz, que pertenecía al GRU, y los grupos Spetsnaz Grom y Zenit, ambos pertenecientes al KGB. Grom era un grupo organizado encubierto cuyos miembros se hacían pasar por atletas profesionales. Zenit era un grupo ad hoc compuesto por oficiales Spetsnaz que se habían graduado en el Curso de Capacitación Profesional para Oficiales de Balashikh y por miembros Spetsnaz del KGB.

En una maniobra preliminar que pretendía minimizar la resistencia, el batallón musulmán organizó una recepción para los jefes de la brigada de seguridad afgana. De comer prepararon pilaf, aunque hubo cierta dificultad para conseguir bebidas alcohólicas. El personal del KGB de la embajada contribuyó con una caja llena de vodka y coñac «de representación diplomática», además de diversas exquisiteces como caviar y pescado. La mesa de recepción estaba muy bien decorada. Al tratarse de un país islámico, el vodka y el coñac se sirvieron en teteras para preservar la apariencia y el decoro.

Quince miembros de la brigada de seguridad afgana asistieron a la recepción encabezados por su comandante, el mayor Dzhandad, y su adjunto político, Ruzi. Durante la misma, los soviéticos entablaron conversación con los afganos mientras brindaban por la amistad y la cooperación militar soviético-afgana. En ocasiones, los camareros, que eran soldados soviéticos, vertían agua en lugar de vodka en los vasos de los oficiales soviéticos. El adjunto político de la brigada de seguridad se volvió especialmente locuaz y contó al capitán Lebedev que el presidente Taraki había sido asfixiado por orden de Amin. Era una información sensible y confirmaba las sospechas soviéticas.

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La moral en la guerra. Bosque de Hürtgen. La Guerra Moderna

El mercenario griego Jenofonte señaló la importancia de la moral a la hora de decidir una batalla al escribir en el siglo IV a.C.: «Ni el número ni la fuerza dan la victoria en la guerra, solo la obtiene el ejército que va a la batalla con más fortaleza del alma. Sus enemigos generalmente no podrán resistírsele». En el mismo sentido, la máxima de Napoleón, «la moral constituye las tres cuartas partes del juego; el equilibrio de fuerzas solo representa la cuarta parte restante», sigue siendo un axioma en la formación del liderazgo militar. A lo largo de la historia, los mandos más perspicaces han reconocido que una moral alta es un requisito previo para la victoria.

Por el contrario, una moral baja contribuye al fracaso de las operaciones militares. Los soldados que tienen baja la moral carecen de motivación, son más susceptibles al miedo y a entrar en pánico, y pueden convertirse en bajas por motivos psicológicos. Cuando existe un problema grave y generalizado de baja moral dentro de una organización militar, la derrota es probable. Ese fue el caso de la 28.ª División de Infantería cuando se enfrentó a la decidida resistencia alemana en el bosque de Hürtgen en noviembre de 1944.

La moral de los hombres de la 28.ª División cayó en picado desde el momento en que entraron en el frondoso bosque de abetos, que mostraba las cicatrices de la guerra: los restos de la terrible contienda librada por la 9.ª División estaban por todas partes en forma de cascos abandonados, máscaras antigás, casacas empapadas de sangre y minas dispersas. Había cráteres de obús llenos de agua por todas partes. Peor aún, los cadáveres de soldados alemanes y norteamericanos, enredados, semihundidos en los lodazales salpicaban este grotesco y tétrico paisaje.

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