Ataques frontales de las unidades de fusileros soviéticas. La retirada de Moscú – David Stahel

Mientras los ejércitos de Strauss y Kübler se enfrentaban a la perspectiva de que sus grandes formaciones pudiesen ser envueltas y quedar cercadas, los grupos panzer de Reinhardt y Hoepner experimentaban una guerra de invierno muy diferente. El sector más peligroso de los dos comandantes panzer era el del V Cuerpo de Ejército de Ruoff, que se hallaba justo al oeste de Volokolamsk, en el área del Cuarto Grupo Panzer de Hoepner.

Allí, la lucha tomó la forma de una sucesión de vaivenes que resultó muy costosa para ambos bandos, aunque en mucha mayor medida para las menos experimentadas formaciones soviéticas. El 25 de diciembre, un ataque de dos regimientos soviéticos contra el centro del cuerpo acabó en una sangrienta derrota, pero otro ataque contra la 106.ª División de Infantería de Dehner logró romper sus líneas al día siguiente. Hoepner le preguntó a Reinhardt si la cercana 6.ª División Panzer podía despachar una fuerza de socorro inmediata para restablecer la situación y éste le envió 10 carros de combate.

El cuerpo de Ruoff contraatacó el 28 de diciembre y, tras una costosa lucha, recuperó las alturas situadas al oeste de Ivanovskoe y Mikhailovka. En el curso de los combates fueron cercadas una serie de unidades del Ejército Rojo y una fuerza de socorro soviética enviada a liberarlos perdió 9 carros de combate en el intento. Fue una lucha descarnada y, aunque el V Cuerpo de Ejército se enfrentó ciertamente a una situación grave, Ruoff no tuvo que preocuparse por sus flancos.

A diferencia de los sectores de los comandantes de cuerpo de los Cuarto y Noveno Ejércitos, el enemigo venía siempre por una sola dirección y Ruoff contaba con la presencia de formaciones móviles mucho más cerca. Al presenciar algunas de las pérdidas de estos combates, un hombre de la 106.ª División de Infantería de Dehner escribió en una carta el 29 de diciembre:

«Si uno se pone en la cima de una colina alta en Timonion o Pashkovo y mira a su alrededor, puede ver un extraño rampante de color oscuro. Mirando por los prismáticos, uno ve que se trata de cadáveres de soldados soviéticos. Están apilados alrededor de nuestras dos poblaciones. Estas son las consecuencias de los inacabables ataques que los soviéticos han dirigido contra nosotros. Cargan contra nuestras posiciones tres o cuatro veces al día, en ocasiones más aún, avanzando frecuentemente con compañías y batallones desde varias direcciones –y todos son barridos por las ametralladoras… Se podría decir que esto de aquí no es una guerra sino un matadero… Cómo pueden resistir nuestros muchachos a pesar de todo esto escapa a mi comprensión»….

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