
El capitán Bätcher, de la KG 100, recordaría: «El 29 de diciembre, aterricé mi He 111 en Pitomnik a las 10.10 horas, llevaba mantequilla, sal, correo y 600 litros de combustible en mis “contenedores bomba [Versorgungsbombe]”. Los heridos fueron subidos a mi avión y, una hora más tarde, despegamos de regreso a Morozovsk. Apenas nos habíamos ido al aire cuando fuimos atacados por un grupo de cazas. Mis hábiles artilleros pudieron repeler la mayoría de sus ataques, pero los rusos no cejaron. Eran muy agresivos y cada uno de ellos realizó entre ocho y diez ataques individuales. Mi avión fue alcanzado por su fuego una y otra vez, incluidos cinco proyectiles de cañón. Varios soldados heridos a bordo sufrieron heridas adicionales a causa de ello y yo quise aterrizar lo antes posible para que los pudiesen atender. Pero cuando los soldados se enteraron de mis intenciones, me pidieron que volase a la base principal. ¡Querían alejarse lo más posible de Stalingrado!».
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