
El planeador entró en una «fantástica barrena» antes de que el piloto liberase el paracaídas de freno y se estrellase contra el pequeño campo, a 30 metros del hotel. Los hombres de Skorzeny salieron del planeador destrozado y se dirigieron de inmediato al hotel. Skorzeny había ordenado previamente a los comandos que no abriesen fuego a menos que les disparasen. Ese silencio añadido aumentó el factor sorpresa. Poniendo al general Soleti delante de él, Skorzeny siguió a sus hombres hacia el hotel, pasando por delante de un guardia italiano que se quedó atónito al ver acercarse a los alemanes. La entrada trasera conducía a una sala de radio donde había dos soldados italianos sentados ocupándose de las comunicaciones. Skorzeny le dio una patada a la silla de uno de los hombres y luego rompió la radio con la culata de su subfusil. La sala de radio estaba aislada de las dependencias principales del hotel, así que los comandos salieron de inmediato y rodearon el exterior hasta la entrada principal. Para llegar rápidamente hasta allí, los comandos tuvieron que trepar por el muro de 3 metros de la terraza. Mientras uno de sus suboficiales ayudaba a Skorzeny a subir el muro, vio a Mussolini asomado a una ventana del segundo piso. Skorzeny gritó al Duce: «¡Aléjese de la ventana!».
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