La Casamata del Cañón – Desembarco de Alhucemas. Marruecos. Las etapas de la pacificación, general Manuel Goded

Dándome cuenta claramente de la situación comprometida de mi columna, esperando la segura reacción enemiga tan pronto Abd-el-Krim pudiera reunir sus contingentes, y convencido como estaba desde antes del desembarco de que los ataques enemigos habían de producirse de noche, me preocupé de conservar en mi mano una reserva de fuerzas escogidas, acostumbradas a maniobrar y combatir de noche, y que pudiera marchar con rapidez en la oscuridad a los sitios amenazados, designando para ello a la harca Varela, tropa indígena escogida, con una oficialidad brillantísima, y que, especializada en las sorpresas de guardia y ataques nocturnos en el frente de Melilla, reunía condiciones excepcionales para el objeto perseguido.

Marruecos. Las etapas de la pacificación. Manuel Goded.

La harca, con sólo una compañía en línea en el llamado Collado de la Harca, conservó las restantes mías reunidas vivaqueando a inmediación de éste, donde establecí mi puesto de mando. Sorprendió a algunos que contando con tan reducidas fuerzas mantuviese en reserva una unidad completa indígena de las más acreditadas como fuerzas de choque, pero esta precaución me salvó y salvó a toda la columna en aquella dura noche del 11 de septiembre.

Eran centros principales de resistencia de la línea en el frente de mi columna: el Collado de la Harca, donde establecí mi puesto de mando; el Puesto de mando de la mehalla, donde estableció el suyo el teniente coronel Abriat; el Puesto del proyector, y la llamada Casamata del Cañón. Era esta última una obra de fortificación enemiga en la punta de Morro Nuevo que me preocupaba, pues el cañón que en ella tenían los rifeños había sido abandonado por éstos en el momento del desembarco, y las fuerzas del Tercio, que se apoderaron de la Casamata al desembarcar, habían disparado con él contra los que huían. Conocía, pues, el enemigo la existencia del cañón en la Casamata, y entre sus gritos e insultos a nuestras tropas desde sus trincheras, a corta distancia de nuestro frente, repetían constantemente que irían a buscar el cañón.

La necesidad de impedir a toda costa que el enemigo realizara esta amenaza y se apoderara del cañón constituyó desde el primer momento cuestión de honor para la columna y fue obsesión constante para el mando y tropas de la misma en todos los ataques de aquellas duras noches de septiembre, y los episodios sangrientos que se desarrollaron alrededor de la famosa Casamata del Cañón merecerían…

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