
Uno de los problemas más llamativos era la llamada «españolización» de las unidades internacionales. Desde enero de 1937 la presencia de reclutas españoles entre las filas internacionales se había ido incrementando hasta llegar, en algunos casos, a representar el 70 por ciento de sus efectivos. Pese a lo que pudiera esperarse, el problema no era que se temiera por la integridad de las unidades internacionales por una excesiva presencia de reclutas españoles. Esta se entendía como una necesidad ineludible si se quería mantener el número y operatividad de las unidades.
El problema era la reacción que la presencia de soldados y oficiales españoles había provocado en parte de los voluntarios extranjeros. El resultado más evidente había sido una política, oficiosa cuando menos, de aislacionismo entre unos y otros. Sin menospreciar las dificultades que implicaban las barreras idiomáticas y los ingentes esfuerzos realizados para alfabetizar a los voluntarios y enseñarles castellano (Naya y Prades, 2023), no hay que olvidar que la población local, en la inmensa mayoría de casos no había dispuesto de ninguna oportunidad para acceder al conocimiento de otros idiomas, y la mayoría de los voluntarios tampoco sabían una palabra de castellano. La realidad era que extranjeros y locales se organizaban, en la mayoría de los casos, de forma aislada. Prueba de ello son las escasas, cuando no testimoniales, referencias a compañeros de armas españoles en las memorias de la mayor parte de los brigadistas.

























Muchos militares de la democracia como por ejemplo Blanco Escolá acusan al Caudillo Católico Francisco Franco de imcompetencia militar estratégica y táctica, entre otras cosas por tratar de prolongar artificialmente la Cruzada/guerra de España (1936/1939) y, con ella, los padecimientos de la población en zona roja/antiespañola, los padecimientos del holodomor rojo (las colectivizaciones o koljoses rojos que causaron un estrago de hambre matando a más de 250.000 españoles, muertos de hambre ya desde octubre de 1936, situación que fue heredada y fuertemente mitigada hasta su extinción tan solo ocho años después del término de la guerra en la inmediata post guerra), no abreviándola con una maniobra envolvente desde Cervera (Lérida), cruzando el Cinca y envolviendo al Ejército Rojo en retirada en abril de 19838 y, después, en julio de ese mismo año. Sostienen estos militares que la ofensiva de Aragón que comenzó el 9 de marzo de aquel año, debió haber acabado el mes siguiente con la inmediata toma de Cataluña y la captura del Ejército Rojo en huida al otro lado del Ebro.
Para estos militares que elogian la enorme sagacidad, inteligencia y competencia de Vicente Rojo Lluch, Jefe del Estado Mayor del Ejército Rojo (llamado falazmente «popular», como el PP actual), Francisco Franco torturó a sus oponentes prolongando artificialmente la guerra. Desde luego que nada se puede esperar de la raza de la serpiente (Gn 3, 15), especialmente un testimonio de la verdad:
1º Francisco Franco, ya desde la tarde del 17 de julio de 1936, fue el máximo interesado en, primero, evitar la guerra entre españoles (con carta a Casares Quiroga advirtiéndole y conminándole a que pusiera orden) y, segundo, acortarla todo lo que pudiera con un rápido avance sobre Madrid (tan rápido como los medios disponibles consintiesen).
Francisco Franco organizó rápido el envío del Ejército de África para llegar a Madrid lo antes posible teniendo que lidiar con dificultades milagrosamente salvadas y así concluir la guerra con el menor coste de sangre posible. De hecho, empleó a los moros regulares mercenarios a sueldo como carne de cañón a la cabecera de los asaltos a posiciones fortificadas rojas, para ahorrar sangre española. Y esto lo saben todos los Estados Mayores de la Defensa de España desde entonces, aunque lo callen por orden de la democracia.
Francisco Franco era muy consciente de la inminente guerra mundial que Stalin lograría desencadenar enfrentando a las democracias (peleles ayer y hoy del comunismo, ciegas, retorcidas, depravadas y decadentes) con los regímenes militares como el de Adolf Hitler en Alemania, el III Reich, regímenes reaccionarios contra la decadencia, la descristianización de Europa y del mundo, contra la depravación frente a la castidad o pureza de raza y contra todo tipo de degeneración.
Francisco Franco rezó devotamente al lado del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús, que le acompañó en su puesto móvil o Terminus durante la guerra, para evitar justo lo que TODOS los rojos querían y en lo que estaban TODOS sin excepción de acuerdo: solapar la Cruzada española/guerra de España (para los ateos), con la inminente Segunda Guerra Mundial, de modo que los rojos y antiespañoles quedasen alistados junto a Stalin y las democracias (USA, Francia y UK, los tradicionales enemigos de Dios y de España), como por desgracia ocurriría a partir de septiembre de 1939. Eran pues, Juan Negrín (el vasallo de Stalin), Julio Álvarez del Vayo, Pasionaria, Carrillo, etc., los que prolongaron la Cruzada/ guerra de España a pesar del holodomor que venían causando a los pobres desgraciados que tuvieron que padecerlos en su zona con un puñado de lentejas como dieta de guerra. Tan es así que a la Cruzada/guerra de España no le puso fin una ofensiva global de Franco, sino una cruenta guerra civil entre rojos para expulsar a los criminales comunistas y socialistas bolchevizados como Negrín de España, obligándoles a huir dejando a la zona roja medio muerta de hambre y logrando así la capitulación firmada por Casado. El lema rojo era «resistir es vencer» y se pretendióque los rojos resistiesen sin comer, aunque Negrín y los suyos no hiciesen dieta para nada, según afirman Miaja, Casado, Wenceslao Carrillo, Besteiro, Matallana, etc.
2º Las tensiones europeas derivadas de la presión y amenazas asfixiantes a la que fue sometida Alemania desde 1933 por parte del imperio británico (privado de la esclavitud de los alemanes con las «reparaciones de guerra» del Tratado de Versalles, el terror vencedor y esclavizador de alemanes, cuenca del Ruhr invadida incluidos, privados por tanto de la prosperidad con sangre y hambre ajena, como la de los negros de USA durante dos siglos y medio, que hizo a los angloparlantes países ricos y poderosos, de momento), fueron aumentando año tras año, hasta el punto que sólo el más ingenuo podía creer a partir de 1933 que no habría guerra entre ese imperio y Alemania, porque a Alemania no había que dejarla existir libre de marxismo o de imposición colonial, era un atentico peligro para marxistas y demócratas.
De hecho, cuando Franco envió en los primeros días de la contienda a sus militares acompañados de representantes alemanes de la embajada y de empresas alemanas en territorio español para pedir ayuda a Hitler, todos los lugartenientes de éste (Göring, Himmler, Goebbels) se negaron a ayudar a los católicos españoles sublevados con Franco porque ello significaría la guerra mundial con UK. Alemania no podía comprometer la paz ayudando a los sublevados españoles de ninguna manera, era cosa de los españoles y ellos nada podían hacer salvo dar apoyo moral. La torpeza francesa del judío socialista León Blum ayudando a los rojos y antiespañoles con los envíos de Stalin y propios, ayudó a Adolf Hitler a inclinarse por ayudar a Franco, depositando su confianza exclusiva en el caudillo católico español. No obstante, el peligro de conflagración mundial no paró de crecer entre julio de 1936 y abril de 1939. UK se la tenía jurada a Hitler y esperaba el momento y la excusa para atacarle.
De la determinación peligrosa en extremo para Alemania de Adolf Hitler, también católico, no se olvide, derivó la excelente ayuda alemana que ahorró mucha sangre a los vencedores (y a los vencidos, que acabaron odiando a sus líderes rojos cobardemente huidos, «exiliados» dicen ellos y sus leyes de imposición, con un fervor de post guerra católico y patriota que no se veía en España desde Felipe II, algo impensable tan siquiera tres años antes, que hizo que Franco no solo venciera, sino que convenciera, hasta el punto de tener que prohibir las celebraciones en la zona liberada) no sólo con la Legión Cóndor, eso sí, con un peligro enorme de haber estallado en España lo que tres años después estalló por el corredor del Báltico y Dantzig, en Polonia.
Franco, que era católico verdadero y gallego astuto, era muy consciente de todo ello y si no pudo poner fin a la guerra en España de inmediato no fue culpa sino de la falta de medios para hacerlo («ustedes lo tienen todo….todo, menos la razón» le espetaría a Prieto, el del yate Vita en Méjico que acabó reconociéndose culpable lejos de los tribunales del Régimen) y de la resistencia de terror NKVD que Stalin logró imponer a los rojos y antiespañoles, enviando incluso Brigadas bolcheviques para imponer aquí su roja voluntad (incluso eliminando presidentes como el «lenin español», que salió con el rabo entre las piernas, sin plumas y cacareando. Y gracias, porque pudo haber corrido la suerte de Andrés Nin, todavía en paradero desconocido, como tantos rojos anarquistas y trotskistas).
3º La prolongación de la guerra por voluntad roja de Stalin y sus lacayos, que no de Franco, sólo beneficiaba esa posibilidad real de aliarse a las democracias, Francia y UK, en una hipotética guerra mundial que hubiese devastado España muchísimo más de lo que hizo la propia Cruzada/guerra de España.
Pero, durante la propia guerra, millones de católicos y patriotas españoles como Franco (que no de Rusia) sufrían en zona roja y antiespañola vasca y catalana, no solo las torturas inhumanas y bestiales en miles de chekas, no solo sufrían paseos o fusilamientos por ir a misa o creer en Jesucristo y besar los crucifijos, calificado de fascista por los rojos (como Trotski, Zinoviev, Kamenev, y un largo etcétera de decenas de millones de rusos) no solo sufrían un hambre atroz privados incluso de cartillas de racionamiento, sino que se les incitaba a ir a misa por parte de iscariotes como los del PNV de Irujo y Aguirre, que pregonaban una falsa «libertad religiosa» en zona roja y que ayudaron al exterminio de católicos incautos escondidos. Pues bien, todo este sufrimiento quiso Franco y los católicos de su ejército mitigar lo antes posible. Si no pudo hacerlo antes se debió a la firme determinación de Stalin y sus ministros de «resistir es vencer», claro que hasta que empezaron a morir de hambre también los rojos y a hartarse de ese paraíso rojo que había devenido en infierno sobre España.
4º A Franco se le acusa de no acortar la guerra al desviar sus tropas africanas (Legión y Regulares con banderas de Falange y Requetés) hacia Toledo para liberar a los asediados del Alcázar. Lo que no se suele permitir publicar a los militares de la democracia o enemigos de ella (bueno, a éstos nada de nada, y eso si siguen siendo militares. Mejor que callen y esperen a hablar cuando convenga dar testimonio a la orden de Dios mismo), es que de haber seguido rectos hacia Madrid por Talavera de la Reina, la resistencia roja hubiese sido mucho mayor y dudosamente se hubiese llegado a los arrabales de la capital antes. Por el contrario, la liberación del Alcázar, fue un golpe tan duro y demoledor para el bando rojo y antiespañol que casi ninguno de ellos albergó, desde entonces, otra esperanza para ganar, que la de que UK mordiese el anzuelo y se sumase a sus filas para exterminar a los católicos. A Dios gracias una calamidad antihumana enemigo mortal de Dios como Winston Churchill no detentaba entonces el poder en UK.
La liberación del Alcázar dio la vuelta al mundo por la valentía sin igual de unos españoles al mando del gran Moscardó, que resistió entre escombros incluso la dinamita roja por toneladas que voló las abigarradas torres del recinto donde incluso se refugiaban mujeres, ancianos y niños, parientes de los guardias civiles y militares sublevados que no querían ser vejados y asesinados como Luís, el hijo adolescente de Moscardó, rehén de los rojos y asesinado por la rabia de no tomar como hombres el recinto y tener que huir como moros delante de Isabel la Católica o como Pedro Sánchez hoy día de todo lugar de España.
5º A Franco también se le acusó de no enviar al Ejército de África por Despeñaperros para acortar la distancia a Madrid. Claro que este tipo de acusación es equivalente a que no se le hubiese ocurrido obligar a los legionarios y regulares a cruzar el Estrecho a nado. Es de una estupidez que si algún militar sostiene hoy esto en cualquier escuela de Estado Mayor, era como para fusilarle cuando el Ejército de España vuelva a ser de España y no de los dueños de Gibraltar o de la Ramera de Babilonia llamada democracia o estado social y democrático de derecho (del derecho del demonio ha hacer lo que le plazca sin oposición alguna).
El Ejército de África no excedió nunca los 10.000 efectivos en su marcha iniciada el 2 de agosto de 1936 desde Sevilla. Con 10.000 efectivos, a los que se le fue incorporando varios falangistas y requetés según avanzaban, difícilmente se podrían cubrir los francos y mantener una vía de abastecimiento cruzando Despeñaperros. Lo lógico era avanzar por Extremadura para unir lo antes posible las dos zonas sublevadas y abastecer a los de Mola y Saliquet de munición sin perder contacto con África en la retaguardia, mientras los pocos barcos que pudieron reunir los nacionales acudían al Rif a recoger más legionarios y regulares.
6º A Franco se le acusa de no tener capacidad táctica para tomar Madrid. Lo que se prohíbe publicar hoy día bajo terror censor democrático o rojo encubierto es que Franco desistió de proseguir la toma de Madrid en las luchas por el Hospital Clínico, en Moncloa, y en las luchas por Carabanchel, porque los anarquistas de Durruti y otros grupos rojos estaban ya tomando la medida stalinista de la «tierra quemada» a base de dinamita (incluso intentaron reducir la Basílica del Pilar de Zaragoza a escombros desde el primer momento), reduciendo a escombros todo tipo de edificio, fábrica, monumento, museo, palacio, iglesia, basílica, monasterio, etc. De haber proseguido en la toma de Madrid de modo directo, con el «amor» por el patrimonio histórico español que tenían sus enemigos rojos y antiespañoles, podría haber tomado un Madrid completamente arrasado por la dinamita roja que dejaba escombros en sus huidas continuas, como por ejemplo la localidad guipuzcoana de Irún, entre otras muchas, todavía silenciadas por los «historiadores» militares.
Fue la amenaza de la dinamita, como la del Alcázar, la que hizo a Franco desistir de que Madrid corriese la misma suerte, pues el bando de Franco sí amaba a España y a su patrimonio, no como Durruti y sus aliados o asesinos de su bando.
Descartada la posibilidad de una toma frontal, las batallas de la carretera de La Coruña, Jarama y Guadalajara (error cometido por la arrogancia insensata de Mussolini), dan testimonio de la apabullante ayuda de Stalin al bando rojo y antiespañol, que hacía inviable tomar Madrid sin un derramamiento enorme de sangre, sin un desgaste inasumible. Eso sí, el tiempo no era aliado del bando que llevaba la iniciativa, el de Franco, el nacional y católico. Y así, Franco desvió el esfuerzo hacia el norte, donde las divisiones entre rojos y antiespañoles (que traicionaron de modo continuo a los primeros en Vizcaya y en Santander) fueron muy bien aprovechadas por el bando patriota y católico, que acabó por ocupar toda la franja norte con no mucho desgaste y sí mucha ganancia en pocos meses, inclinando la ventaja ahora de su parte. ¿Fue un error desistir en la toma de Madrid para tomar el norte? Los militares al servicio de la democracia seguro que asentirían con ello por afinidad con los perdedores, pero saben perfectamente que la estrategia de Franco fue la más acertada dados los medios disponibles entonces, marzo de 1937.
7ºA Franco se le acusa de provocar la «masacre» de Guernica (Vizcaya) con el bombardeo de esa localidad por sus aliados, la Aviazione Legionaria primero y por la Legión Cóndor después.
Guernica era objetivo de guerra porque tenía industria militar y porque en aquellos momentos era lugar de paso de rojos y gudaris en huida ante el avance de los de Mola. La industria de Guernica quedó intacta de los «horrorosos» bombardeos «criminales» que bien merecieron el garabato de Picasso y su propaganda, instigada por un periodista blanco sudafricano beneficiario del apartheid, que pretendió encender la mecha contra los aviones de Adolf Hitler y su general de la Legión Cóndor. Tendrán que explicar cómo es posible que su industria cayera intacta en manos nacionales en el avance hacia Bilbao, porque todavía no lo han explicado los militares de la democracia. Tampoco ardió el famoso «árbol de Guernica».
Lo que sí que ardió, fueron muchas casas construidas en madera, muchos vecinos lo achacan a la inacción de los bomberos de Bilbao que se limitaron a tomar fotos, pero no a hacer funcionar las bombas de agua y las mangueras. También debería ser explicado esto.
El número de muertos se acerca a la asombrosa y descomunal cifra de 130 personas (mayoría gudaris en huida), aunque la propaganda antifranquista y antiespañola lo multiplicó por más de 35. El caso es que se atribuyó más muertos que población tenía Guernica por entonces, inventándose que era día de mercado (mercado al son de los cañones como música de fondo, anda ya).
Guernica, aquel día, era el punto de cruce del río que los gudaris derrotados y en huida cobarde, (como la de sus hijos de ETA del tiro en la nuca y la bomba en Hipercor o bajo el coche o el autobús), pasaban apresurados y que los nacionales querían cortar para hacerlos prisioneros y así evitar que siguiesen luchando (aunque poca resistencia oponían). Por su parte, los rojos anarquistas seguían su labor de dinamiteros de la táctica de «tierra quemada» provocando incontables destrucciones e incendios por todas las Vascongadas, incluso matando el ganado que no podían llevar consigo (hambruna de post guerra asegurada). Téngase en cuenta que los gudaris no fueron capaces de defender Guipúzcoa en septiembre de 1936, ni Álava en noviembre de ese año, en aplastante mayoría contra sus oponentes, ni Bilbao, y que la defensa encarnizada contra los nacionales fue ejecutada por los rojos de Asturias, Galicia y Santander, traicionados después en Santoña por esos gudaris a los que la guerra ya no les interesaba. Los rojos, pues, fueron los únicos que sí opusieron encarnizada resistencia al avance nacional en Vascongadas, nunca los proto etarras, cobardes para siempre como ha demostrado la historia de entonces y desde entonces.
8º A Franco se le acusa de no cercar al Ejército Rojo del Ebro cruzando el Cinca y embolsándolos por la retaguardia, es decir, desde la orilla izquierda del Ebro entre Mequinenza y Tortosa. Se acusa a Franco de librar una sangrienta guerra decimonónica de desgaste en la batalla del Ebro, necesitando siete ofensivas para expulsar, que no capturar, a los rojos y antiespañoles catalanes de la orilla derecha del río.
Aparte de que el suicidio lo cometió Vicente Rojo Lluch al encerrar a lo mejor de sus tropas en el lado derecho del Ebro sin poder pasar más allá de Gandesa y Villalba de los Arcos, la idea de cercar a los rojos ignora la situación europea de ese momento, las enormes tensiones que se suscitaron con la libre, entusiasta en extremo y voluntaria anexión de los austriacos, por aplastantísima mayoría incluso en las urnas, a la Alemania del III Reich.
Acercar la guerra a los Pirineos no convenía, por su peligrosidad, al bando de Franco, sí al rojo y antiespañol para precipitar lo que buscaban desde el principio, una alianza antifascista con Francia, UK, etc., que es lo mismo que quería su jefe del Kremlin. Franco prefirió maniobrar con mucha cautela privando a los rojos de la provincia de Castellón, con su vital riqueza agrícola en una zona roja que ya pasaba hambre atroz, volar los puentes sobre el Ebro para privar de aprovisionamiento a los rojos por medio del levantamiento de las esclusas de los afluentes del Ebro arrastrando la corriente troncos con explosivos y con ayuda de la aviación, no muy precisa, pero que dejó a los rojos casi sin poder comer y con creciente desesperación y falta de munición. Una batalla de desgaste que minó la moral roja y antiespañola de tal modo que no hubo manera de volverla a recuperar a partir de noviembre de aquel año 1938 y haciendo que la siguiente campaña de Cataluña fuera poco más que un paseo militar detrás de los desechos de los derrotados huyendo por delante de las bayonetas nacionales.
Si Franco fue un incompetente militar en la batalla del Ebro, ¿qué cabe decir de los rojos, que enviaron a sus tropas a una ratonera sin escapatoria a un suicidio lento y agónico?¿No era mucho más competente Vicente Rojo Lluch que Franco?¿Liquidar a tus propias tropas de modo lento y cruel es ser «competente»?¿Quedar retratado en la historia por haber sacrificado lo mejor del ejército rojo/antiespañol en una campaña cuya esperanza no era otra que meter España en la venidera Segunda Guerra Mundial?
De no haberse desencadenado la ofensiva del Ebro y de permanecer en el lado izquierdo del río, la batalla de Cataluña hubiese sido terriblemente sangrienta y mucho más peligrosa en orden a la intervención anglo-francesa, con total y rotunda seguridad. Franco, efectivamente, lo hizo mal, muy mal. Tan mal lo hizo que por culpa de Franco, los rojos y antiespañoles perdieron la guerra, digan lo que digan los «fascistas». El máximo responsable de la derrota roja y antiespañola, quede bien claro para toda la historia solamente fue uno, Francisco Franco Bahamonde, faltaría más. Que nadie culpe a nadie más de la derrota de los demócratas de Stalin, de los luchadores por la libertad del Kremlim contra el «fascismo» a golpe de cheka y paseos y de la derrota escandalosa de la tan adorada «diosa» democracia de rojos y antiespañoles que al verdadero culpable que todo lo hizo mal: FRANCO.