
Mientras continuaba la lucha en el río, los disparos de las armas automáticas golpeaban los cascos, algunos de ellos procedentes de búnkeres situados a menos de un metro de la orilla. A pesar del fuego de respuesta de los barcos, las granadas contracarro y los proyectiles de los cañones sin retroceso seguían lloviendo desde los búnkeres de barro situados a ambos lados del río. Los disparos más intensos procedían del este, de la zona donde los informes de inteligencia habían situado al Viet Cong. Con una ráfaga de proyectiles explosivos de 40 mm contra la abertura de un búnker en la orilla oriental, un artillero de la Marina voló la parte superior de la fortificación y la silenció. Aunque la mayoría de las posiciones enemigas se encontraban a menos de cinco metros de la orilla y formaban una zona de aniquilación de 1.500 metros de longitud, pocos soldados del ejército alcanzaron a atisbar algo más del enemigo que no fuese el destello de sus armas.
A medida que la línea de embarcaciones se adentraba en la emboscada, se intensificó la lucha. Algunas lanchas redujeron la velocidad y otras la aumentaron, pero todas disparaban con la totalidad de su armamento operativo. Los artilleros y los ametralladores disparaban, recargaban y volvían a disparar tan rápido como podían.






























