
Y aquí en esta zona me encontré un buen día con el U-203, al mando del Kapitänleutnant Rolf Mützelburg, que había servido conmigo desde el principio de la campaña submarina. La tripulación había salido del interior del casco y disfrutaba del buen tiempo y del cálido sol. Jugaban en bañador como niños, con Mützelburg siempre a la cabeza. Estaban jugando al pilla-pilla cuando Mützelburg subió corriendo al puente de la vela y se lanzó elegantemente de cabeza al agua desde lo alto. Se me pusieron los pelos de punta y luego le dije en privado: «¿Por qué has hecho eso? No me pillarás haciéndolo. Es una temeridad; el submarino, con los abultados tanques de lastre en sus costados, no es tan estrecho como para poder saltar por encima». Pero se limitó a reírse y a decirme que lo hacía a menudo y que no tenía intención de dejar de hacerlo. Luego, cada uno siguió su camino. Tres días más tarde, el operador de radio me entregó un mensaje. Mützelburg había vuelto a saltar de cabeza desde el puente de la vela y esta vez no había caído al agua, sino que había aterrizado sobre uno de los tanques de lastre de los costados. Había sufrido diversas fracturas craneales y falleció poco después. Y así fue como perdió la vida uno de los comandantes de submarinos más exitosos.
Además, te llevas de REGALO una magnífica réplica de una carta original de la Kriegsmarine gigante (60×42 cm) a todo color de todo el Atlántico con sus cuadrículas como los que usaban los comandantes de los U-Boote por una cara, y una réplica de una auténtica carta de navegación de las que se llevaban a bordo de los submarinos de la Kriegsmarine del peligroso paso del Estrecho de Gibraltar por la otra.

























