{"id":1146,"date":"2020-04-07T10:55:13","date_gmt":"2020-04-07T10:55:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/?p=1146"},"modified":"2025-03-04T22:27:18","modified_gmt":"2025-03-04T22:27:18","slug":"la-retirada-de-moscu-6-de-noviembre-capitulo-4-memorias-del-sargento-bourgogne-granadero-de-la-guardia-imperial-de-napoleon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/la-retirada-de-moscu-6-de-noviembre-capitulo-4-memorias-del-sargento-bourgogne-granadero-de-la-guardia-imperial-de-napoleon\/","title":{"rendered":"La retirada de Mosc\u00fa, 6 de noviembre (Cap\u00edtulo 4). Memorias del Sargento Bourgogne. Granadero de la Guardia Imperial de Napole\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Ese d\u00eda, 6 de noviembre, hab\u00eda una densa niebla y m\u00e1s de veintid\u00f3s grados bajo cero. Nuestros labios se hab\u00edan helado, nuestros sesos tambi\u00e9n; toda la atm\u00f3sfera era g\u00e9lida. Soplaba un viento terrible   la nieve ca\u00eda en enormes copos. No solo perdimos de vista el cielo, tambi\u00e9n a los hombres que caminaban delante de nosotros. <\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-resized\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><a href=\"https:\/\/edicionessalamina.com\/p\/memorias-del-sargento-bourgogne\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"649\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Memorias-del-sargento-Bourgogne-Ediciones-Salamina-1-649x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1149\" style=\"width:477px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Memorias-del-sargento-Bourgogne-Ediciones-Salamina-1-649x1024.png 649w, https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Memorias-del-sargento-Bourgogne-Ediciones-Salamina-1-190x300.png 190w, https:\/\/www.edicionesplatea.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Memorias-del-sargento-Bourgogne-Ediciones-Salamina-1.png 685w\" sizes=\"auto, (max-width: 649px) 100vw, 649px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Cuando nos aproxim\u00e1bamos a una aldea miserable,1 un jinete vino al galope preguntando por el emperador. M\u00e1s tarde o\u00edmos que era un general que tra\u00eda noticias de la conspiraci\u00f3n de Malet en Par\u00eds. Por entonces nos hall\u00e1bamos concentrados muy juntos cerca de un bosque y tuvimos que esperar un buen rato antes de poder reanudar la marcha, ya que el camino era estrecho. Mientras varios de nosotros, sentados juntos, nos golpe\u00e1bamos los pies para calentarnos y habl\u00e1bamos de la terrible hambre que padec\u00edamos, detect\u00e9 de repente el olor a pan caliente. <\/p>\n\n\n\n<p>Me di la vuelta y vi detr\u00e1s de m\u00ed a un hombre envuelto en un gran manto de pieles, de donde proced\u00eda el olor. Me dirig\u00ed a \u00e9l de inmediato y le dije, \u00abse\u00f1or, tienes algo de pan; debes vend\u00e9rmelo\u00bb. Cuando hizo adem\u00e1n de marcharse lo agarr\u00e9 del brazo y, viendo que no pod\u00eda deshacerse de m\u00ed, sac\u00f3 de debajo del manto un pastel todav\u00eda caliente. Cog\u00ed el pastel con una mano mientras le daba cinco francos con la otra. Pero apenas tuve el pastel en mi poder cuando mis acompa\u00f1antes se lanzaron como locos sobre \u00e9l y me lo arrebataron. Solo me qued\u00f3 el trocito que sosten\u00eda entre el pulgar y dos dedos.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Mientras suced\u00eda esto se march\u00f3 el cirujano mayor (porque se trataba de \u00e9l), e hizo bien porque podr\u00edan haberlo matado por el resto del pastel. Probablemente encontr\u00f3 algo de harina en la aldea y tuvo tiempo para cocinar el pastel mientras esperaba a que lleg\u00e1semos.<br>Durante esta media hora se hab\u00edan tumbado en el suelo varios hombres y hab\u00edan muerto; muchos m\u00e1s hab\u00edan ca\u00eddo con la columna mientras march\u00e1bamos. Nuestras filas estaban quedando diezmadas, \u00a1y eso que nuestros problemas no hab\u00edan hecho m\u00e1s que empezar!<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nos deten\u00edamos a comer algo lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible, sangr\u00e1bamos a los caballos que iban quedando abandonados, o los que pod\u00edan ser sacrificados sin ser vistos. La sangre se vert\u00eda en una cacerola, se cocinaba y se consum\u00eda. Pero a menudo nos vimos obligados a com\u00e9rnosla antes de que hubiese tiempo de cocinarla. O se daba la orden de marcha o los rusos ca\u00edan sobre nosotros. En este \u00faltimo caso no les prest\u00e1bamos mucha atenci\u00f3n. En alguna ocasi\u00f3n he visto a hombres comiendo tranquilamente mientras otros disparaban a los rusos para mantenerlos a distancia. Pero cuando la orden era imperativa y nos ve\u00edamos obligados a marchar, nos llev\u00e1bamos la cacerola con nosotros y, mientras camin\u00e1bamos, cada hombre met\u00eda las manos y tomaba lo que quer\u00eda; a consecuencia de ello las caras quedaban untadas de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy a menudo nos ve\u00edamos obligados a dejar los caballos por falta de tiempo para descuartizarlos; hab\u00eda hombres que se iban quedando retrasados y acababan por ocultarse ante el temor de ser obligados a seguir a sus regimientos. Luego se precipitaban sobre la carne como buitres. Estos hombres rara vez volvieron a aparecer; o bien fueron capturados por el enemigo o murieron de fr\u00edo. La marcha de este d\u00eda no fue tan larga como la del anterior; era<br>todav\u00eda de d\u00eda cuando nos detuvimos. Una villa hab\u00eda quedado enteramente calcinada y solo quedaban unas pocas vigas aqu\u00ed y all\u00e1. Los oficiales las aprovecharon para acampar y pasar la noche, consiguiendo levantar de este modo un peque\u00f1o refugio. Aparte de los terribles dolores que ten\u00edamos por todo el cuerpo a causa de nuestra gran fatiga, ya para entonces est\u00e1bamos bastante fam\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos de nosotros que todav\u00eda conservaban un poco de arroz o harina de avena nos escond\u00edamos para com\u00e9rnoslo en secreto. Ya no nos quedaban amigos; mir\u00e1bamos con recelo a todos los dem\u00e1s e incluso nos enfrent\u00e1bamos a nuestro mejor camarada. No ocultar\u00e9 un acto de ingratitud que comet\u00ed contra mis mejores amigos. Como a cualquier otro, ese d\u00eda me carcom\u00eda el hambre; pero aparte de eso tambi\u00e9n me carcom\u00edan los par\u00e1sitos de los que me hab\u00eda infestado el d\u00eda anterior. No ten\u00edamos ni siquiera un trozo de carne de caballo que comer y est\u00e1bamos esperando a que viniesen algunos hombres de nuestra compa\u00f1\u00eda que se hab\u00edan quedado atr\u00e1s para descuartizar los caballos ca\u00eddos. Yo estaba de pie cerca de un sargento amigo m\u00edo, Poumot, junto a un fuego que hab\u00edamos hecho con un tormento casi indescriptible, y mirando continuamente a mi alrededor para ver que no ven\u00eda nadie. De repente le cog\u00ed la mano de forma convulsiva y dije: <\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Mira, si me encuentro a alguien en el bosque con una hogaza de pan lo obligar\u00e9 a darme media!\u00bb Y a continuaci\u00f3n, corrigi\u00e9ndome yo mismo a\u00f1ad\u00ed: \u00ab\u00a1No, lo matar\u00eda para quedarme con todo!\u00bb. Nada m\u00e1s acabar de decirlo me alej\u00e9 hacia el bosque como si esperase encontrarme al hombre con la hogaza. Cuando llegu\u00e9 all\u00ed deambul\u00e9 durante un cuarto de hora y, luego, girando en direcci\u00f3n opuesta a nuestro vivac, cerca de la linde del bosque, vi a un hombre sentado junto a un fuego. Sobre el mismo hab\u00eda una olla en la que no cab\u00eda duda de que estaba cocinando algo, ya que el hombre cogi\u00f3 un cuchillo, lo meti\u00f3 en su interior, sac\u00f3 una patata que hab\u00eda pinchado y luego la volvi\u00f3 a soltar, al no estar suficientemente hervida. Corr\u00ed hacia \u00e9l todo lo r\u00e1pido que pude pero, temiendo que se me pudiese escapar, di un peque\u00f1o rodeo para llegar por detr\u00e1s sin que me viese. Sin embargo, el matorral cruji\u00f3 a mi paso y el hombre se volvi\u00f3; antes de que tuviese tiempo de hablar le dije:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1A ver camarada: o me vendes o me das unas patatas o me llevar\u00e9 la olla por la fuerza!\u00bb<br>Parec\u00eda muy sorprendido, y cuando desenvain\u00e9 mi sable para pescar con \u00e9l en la olla me dijo que no era suya sino de su se\u00f1or, un general polaco que acampaba en las inmediaciones, y que hab\u00eda recibido \u00f3rdenes de esconderse en este lugar para cocinar las patatas<br>del d\u00eda siguiente. Sin responderle, le ofrec\u00ed dinero y comenc\u00e9 a recoger las patatas. Me dijo que todav\u00eda no estaban suficientemente hervidas y, como le dio la impresi\u00f3n de que no lo cre\u00eda, me sac\u00f3 una para que la probase. Se la quit\u00e9 de las manos y la devor\u00e9 tal y como estaba. \u00abTodav\u00eda no est\u00e1n listas para comer \u2014lo puedes ver por ti mismo\u00bb, dijo; \u00abesc\u00f3ndete un rato, trata de tener paciencia, y no dejes que nadie te vea hasta que las patatas est\u00e9n hervidas, y entonces te dar\u00e9 unas pocas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hice lo que me sugiri\u00f3 y me escond\u00ed detr\u00e1s de un arbusto, pero sin perderlo de vista. Pasados unos cinco o seis minutos, pensando que sin duda me hallaba a alguna distancia, mir\u00f3 sigilosamente a izquierda y derecha y cogiendo la olla, sali\u00f3 corriendo con ella. No tard\u00e9 mucho en detenerlo, a poca distancia, y lo amenac\u00e9 con llev\u00e1rmelo todo si no me daba la mitad. Me volvi\u00f3 a responder que las patatas eran del general. \u00ab\u00a1Me las voy a quedar aunque sean del emperador!\u00bb, grit\u00e9. \u00ab\u00a1Me estoy muriendo de hambre!\u00bb. Viendo que no se pod\u00eda deshacer de m\u00ed me dio siete. Le pagu\u00e9 quince francos y me fui. Entonces me llam\u00f3 y me dio dos m\u00e1s. Apenas si estaban cocinadas pero eso no me import\u00f3 mucho. Me com\u00ed una y puse el resto en mi zurr\u00f3n. Consider\u00e9 que acompa\u00f1adas de un poco de carne de caballo me durar\u00edan tres d\u00edas si me com\u00eda dos en cada jornada.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras caminaba pensando en mis patatas me perd\u00ed. Me di cuenta al o\u00edr los gritos y maldiciones de cinco hombres que luchaban como perros; la pata de un caballo en el suelo era la causa de la discordia. Uno de ellos, al verme, me dijo que \u00e9l y su compa\u00f1ero, ambos soldados de artiller\u00eda, hab\u00edan matado a un caballo detr\u00e1s del bosque, y que al regresar con su porci\u00f3n hab\u00edan sido atacados por tres hombres de otro regimiento. Si les ayudaba me dar\u00edan una parte. Tem\u00ed que mis patatas corriesen el mismo destino as\u00ed que repliqu\u00e9 que no pod\u00eda esperar, pero que si pod\u00edan aguantar un poco les enviar\u00eda a alguien que los ayudasen. Un poco m\u00e1s adelante me encontr\u00e9 a dos hombres de nuestro regimiento a los que les cont\u00e9 la historia. Al d\u00eda siguiente supe que cuando llegaron al lugar solo vieron a un hombre muerto cubierto de sangre, al que hab\u00edan dado muerte con un gran garrote de pino que hab\u00eda a su lado. Con toda probabilidad, los tres agresores se hab\u00edan aprovechado de la ausencia de uno de sus enemigos para caer sobre el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando al fin regres\u00e9 a mi regimiento varios de los hombres me preguntaron si hab\u00eda encontrado algo. Les respond\u00ed que no, y ocupando mi lugar junto al fuego aprest\u00e9 un lecho en la nieve donde dormir. Como no ten\u00edamos paja, estir\u00e9 mi manto de piel de oso para tumbarme encima y me arrop\u00e9 con una capa forrada de piel de armi\u00f1o hasta la cabeza. Antes de dormir me com\u00ed una patata. Tapado por la capa, hice el menos ruido posible, aterrorizado de que alguien pudiese darse cuenta de que estaba comiendo. Cog\u00ed un poco de nieve para beber y luego me dispuse a dormir, aferr\u00e1ndome con los brazos a mi zurr\u00f3n, que conten\u00eda el resto de mis provisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Me despert\u00e9 varias veces durante la madrugada y met\u00ed la mano cuidadosamente para contar las patatas; y as\u00ed pas\u00e9 la noche sin compartir con mis compa\u00f1eros hambrientos el peque\u00f1o golpe de suerte que hab\u00eda tenido. Nunca me perdonar\u00e9 por este ego\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba despierto y sentado sobre mi mochila antes de que tocasen diana por la ma\u00f1ana. Vi que nos esperaba un d\u00eda terrible, a causa del fuerte viento. Hice un agujero en mi manto de piel de oso y met\u00ed la cabeza por \u00e9l. La cabeza del oso me cay\u00f3 sobre el pecho y el resto sobre la espalda, pero era tan largo que arrastraba por el suelo. Nos pusimos en marcha antes del amanecer. Dejamos atr\u00e1s una enorme cantidad de muertos y moribundos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><a href=\"https:\/\/edicionessalamina.com\/p\/memorias-del-sargento-bourgogne\">MEMORIAS DEL SARGENTO BOURGOGNE. Granadero de la Guardia Imperial de Napole\u00f3n. Rusia y la retirada de Mosc\u00fa de 1812-13<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ese d\u00eda, 6 de noviembre, hab\u00eda una densa niebla y m\u00e1s de veintid\u00f3s grados bajo cero. Nuestros labios se hab\u00edan helado, nuestros sesos tambi\u00e9n; toda la atm\u00f3sfera era g\u00e9lida. Soplaba un viento terrible la nieve ca\u00eda en enormes copos. 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