Batallas de blindados en los alrededores de Tobruk. Duelo en el desierto.

Rommel había perdido el efecto sorpresa, pero el ataque no se detuvo. Había dirigido personalmente la marcha de aproximación de los carros, y luego dejó a Streich al mando. Pero el comandante de la 5.ª División Ligera quedó atrapado bajo el fuego australiano y permaneció durante toda la batalla aislado y sin poder intervenir. Otro motivo más para que Rommel le culpara del fracaso del ataque.

El 1.er Batallón del 5.º Regimiento Panzer, con 23 carros y apoyo de infantería, había seguido al otro batallón de Olbrich en su intento de entrar en la brecha. Los australianos dejaron pasar a los carros y se concentraron en la infantería del 8.º Batallón de Ametralladoras. Salvo un centenar de hombres que pudieron seguir avanzando, el resto de los soldados de Ponath se metió bajo el fuego graneado australiano y tuvieron que refugiarse en la zanja antitanque y en las ruinas de una pequeña construcción abandonada. Ponath informó de que cualquier movimiento hacia delante era suicida.

Una vez cruzada la zanja, Olbrich reagrupó sus panzer en un punto conocido como «Goschen House». Sin apoyo de infantería, sus carros eran un blanco perfecto, pero Olbrich dio orden de marchar en dirección norte, hacia King’s Cross, según las instrucciones que Rommel le había dado. Al alba, los panzer se encontraron con las posiciones de los cañones de 25-pdr al oeste de la carretera de El Adem. Aquella noche Morshead había ordenado al 1.er Regimiento de Artillería Montada que se moviera a esta posición al norte de la Blue Line, y esto resultó crucial. Poco después llegaron una docena de Cruiser y Matilda, atacando en los flancos de la columna alemana. Los alemanes comprobaron con sorpresa que el blindaje frontal de los Matilda era impenetrable para sus cañones a más de mil metros.

El fuego de los cañones británicos sobre la punta de lanza alemana fue decisivo para el resultado de la batalla. Las trazadoras y los relámpagos explosivos iluminaban el paisaje yermo del desierto con luces que un oficial artillero comparó con el festival pirotécnico de Blackpool. Un Pz IV perdió la torreta por un disparo directo. El terreno llano no proporcionaba ninguna cobertura a los carros, y las pérdidas aumentaban bajo la lluvia de obuses HE de las piezas de 25-pdr.

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Lucha final en los alrededores de Caen. Granaderos de Kurt Panzer Meyer

Unos cincuenta granaderos panzer se habían refugiado en algunas trincheras abandonadas y en refugios a prueba de bombas dejados por los antiguos defensores del aeródromo. Estos cincuenta eran lo supervivientes del I batallón del 26 Regimiento. El resto del batallón había ocupado el extremo exterior del aeródromo. Los efectivos de esta posición ascendían a un total de entre 150 y 200 soldados.

Los defensores de Carpiquet ya no disponían de ningún arma con la que destruir carros de combate. Los cañones contracarro de este batallón habían sido destruidos unos pocos días antes. No obstante se habían tendido campos de minas en su frente. Los granaderos panzer conocían su cometido. El jefe de sección y sus soldados debían retirarse combatiendo en una acción dilatoria hacia las afueras de la parte oriental de Carpiquet y atraer a los atacantes canadienses para que se introdujeran en la villa. Se habían emboscado cañones de 88 mm al este de Carpiquet. Además, las afueras de la población estaban enfiladas por los campos de tiro de carros de combate adecuadamente posicionados.

Como resultado de los combates anteriores ya no era posible reforzar a los efectivos de infantería en este sector. La única opción para la defensa era la concentración de todas las armas pesadas. Nuestra artillería y los morteros se encontraban ya apuntando sobre la villa. Tras mi llegada al puesto de mando de la división se me informó de una animada actividad de radio por parte canadiense. Su evaluación llevó a la conclusión de que las fuerzas enemigas estaban concentradas en Norrey y St. Manvieu. Dicha actividad se incrementó de manera significativa el 3 de julio.

Para aprovecharnos de la posibilidad de desbaratar los preparativos de las unidades atacantes e infligir, cuando menos, graves daños a un enemigo que estaría presumiblemente reunido en un espacio muy reducido, se dirigió contra dicho espacio el fuego concentrado de la artillería a las 06:00 horas. Logramos alcanzar sus áreas de concentración, obteniendo buenos efectos.

Mientras los cohetes sobrevolaban el aeródromo dejando sus largas y furiosas estelas detrás de ellos, me subí a lo alto de los escombros de los edificios del aeródromo en busca de Bernhard Krause. Bernhard había escogido un refugio a prueba de bombas para establecer su puesto de mando. Desde allí podía observar el aeródromo y Carpiquet.

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Napoleón en Waterloo, 204º Aniversario. Memorias del capitán Coignet

Llegó un oficial procedente de nuestra ala derecha. Le dijo al emperador que nuestros soldados se batían en retirada. «Estás equivocado», dijo él, «es Grouchy que viene». Entonces partió de inmediato en esa dirección para asegurarse del suceso.

El oficial regresó y confirmó que una columna prusiana avanzaba rápidamente sobre nosotros y que nuestros soldados se batían en retirada. No había manera de sostenerse. El emperador tomó medidas. Mediante una maniobra del ejército hacia la derecha se pudo rechazar a esta columna. Pero entonces llegó un ejército a cuyo frente iba el general Blucher, mientras Grouchy lo buscaba en el lado opuesto. El centro de nuestro ejército había quedado debilitado por esta maniobra.

Eso le dio un respiro a los ingleses, ya que no podíamos enviar refuerzos a Ney, que según nos dijeron los oficiales, estaba en peligro de muerte. El ejército prusiano había logrado ponerse en línea, se había completado la maniobra de unión de los coaligados. Se podían contar dos o tres contra uno, no había manera de sostenerse. El emperador, abrumado, llamó a su guardia y la hizo marchar hacia delante hasta el centro de su ejército en columnas cerradas. Seguido de todo su estado mayor, formó los batallones en cuadros.

Tras haber finalizado esta maniobra, espoleó su caballo hacia delante con el objeto de entrar en el cuadro mandado por Cambronne; pero todos sus generales lo rodeaban. «¿Qué estás haciendo?», le gritaron. «¿No es suficiente para ellos haber obtenido la victoria?». Su designio era conseguir que le matasen. ¿Por qué no le dejaron que lo cumpliese? Le hubiesen ahorrado muchos sufrimientos y, al menos, todos hubiésemos muerto a su lado….

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La batalla de Inglaterra. Dogfight – Historias épicas del combate aéreo

«Después de cruzar la costa los cazas británicos llegaron desde gran altura, volando muy rápido. Atravesaron los He 111 situados delante y debajo de nosotros para atacar la retaguardia de la formación.

Durante el picado algunos de los Spitfire se separaron de los otros. Dando gas a fondo, mi escuadrilla pudo acercarse a estos y situarse en posición de ataque. Disparé una larga ráfaga y se desprendieron piezas del fuselaje y alas del Spitfire. El piloto abrió la cúpula corredera y saltó de la cabina. Como me acercaba muy rápido, me aparté a la izquierda del Spitfire y vi abrirse su paracaídas».

El Spitfire al que alcanzó Losigkeit era probablemente el pilotado por el alférez Bob Holland del escuadrón Nº 92, quien sufrió heridas leves al aterrizar.

«Nuestro escuadrón volaba en cuatro vic de tres, en formación escalonada hacia abajo. Los bombarderos volaban en formación escalonada hacia arriba. En un ataque frontal, se suponía que cada vic debía pasar por encima del avión al que atacaban e inmediatamente por debajo del bombardero que le seguía. Para hacer esto tenía que haber un espacio adecuado entre los vic de nuestro escuadrón. Mi vic se había adelantado demasiado por lo que si hubiera roto hacia arriba habría chocado con un Hurricane del vic que encabezaba nuestra formación».

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Coignet narra la muerte del mariscal Lannes en la batalla de Aspern-Essling

Sufrimos fuertes pérdidas. Tuvimos que poner a la guardia en una sola fila para poder mantener la línea frente al enemigo. Tan pronto como se hizo este movimiento, unos granaderos trajeron una camilla a nuestra izquierda y depositaron su preciosa carga en nuestro centro.

Desde la copa del pino, el emperador reconoció a su favorito, abandonó su puesto de observación y se apresuró a recibir las últimas palabras del mariscal Lannes, que había resultado mortalmente herido a la cabeza de su cuerpo. El emperador hincó una rodilla en el suelo, lo cogió entre sus brazos e hizo que lo llevasen a la isla; pero no sobrevivió a la amputación. Así llegó a su fin la carrera de este gran general. Todos estábamos llenos de consternación por nuestra gran pérdida.

Todavía nos quedaba el mariscal Bessières, que había desmontado de su caballo y se había unido al resto. Salió de las filas y se puso frente a nosotros. El cañoneo continuaba. Uno de nuestros oficiales fue alcanzado por una bala de cañón que le amputó la pierna y el general concedió permiso para que dos granaderos lo evacuasen a la isla. Lo tumbaron entre dos mosquetes y se lo llevaron, pero no habían dado más de cuatrocientos pasos cuando otra bala de cañón mató a los tres hombres….

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Ataque paracaidista japonés a las refinerías petrolíferas de Pladjoe, Sumatra en 1942. Sky Men.

Las refinerías petrolíferas de Pladjoe, al este de la ciudad de Palembang y Seongai Gerang en el río Moesi al sureste de Sumatra, estaban todavía parcialmente cubiertas por el humo causado por un bombardeo japonés a gran altura. A las 1830 del 14 de febrero de 1942 las primeras oleadas de aviones de transporte se aproximaron. Al principio había poco de lo que alarmarse mientras los 70 Lockheed Hudson con convincentes marcas de la RAF aparecían a la vista, hasta que comenzaron a saltar paracaidistas. Unos 350 japoneses se lanzaron en cada oleada a ambos lados del río Moesi al tiempo que se desencadenaba una tormenta de fuego antiaéreo.

Los aviones alcanzados comenzaron a soltar humo durante la pasada a unos 183 metros de altitud. Parecía que entre siete y nueve hombres habían saltado de cada uno. Mientras los aviones tocados se estrellaban, el resto comenzó a ganar altura para evitar las concentraciones de ráfagas de la flak que tenían enfrente. Muchos de los pilotos no habían estado nunca bajo el fuego y el lanzamiento se fue dispersando de manera creciente a medida que los paracaidistas japoneses, tocando tierra bajo el fuego, se fueron reuniendo laboriosamente en grupos.

Dos aviones estaban lanzando contenedores y equipo pesado y uno de ellos entró en barrena, otro más del total de 16 que fueron derribados. Esa noche la lucha fue confusa y no concluyente. Los paracaidistas que cayeron dentro de la refinería de Pladjoe fueron aniquilados por los defensores holandeses, y otros que descendieron a lo largo de la valla que rodeaba la refinería de Soengai Gerang fueron eliminados al llegar a tierra. Explosiones sordas iluminadas por grandes bolas de fuego comenzaron a surgir dentro de las refinerías después de que comenzara su demolición.

Más paracaidistas cayeron a las 1000 y a las  1400 del día siguiente cerca del aeródromo, que fue pronto ocupado, anticipando la llegada del contingente naval japonés que capturó la ciudad de Palembang. Todo había acabado, pero las refinerías de petróleo estaban incendiadas.

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Sollum y Forte Capuzzo – Duelo en el desierto, de Compass a Gazala

La columna del desierto, un grupo de tamaño brigada de la 7.ª División Blindada, había avanzado durante la mañana hacia su objetivo, Sidi Azeiz, mientras contorneaba el flanco derecho de Rommel.

Pequeños grupos de carros alemanes contraatacaban para retrasar a la columna, pero al mediodía la fuerza británica había alcanzando una posición al oeste de Forte Capuzzo. En ese momento, al escuadrón A del 2.º RTR sólo le quedaban nueve Cruiser en estado operacional. Una patrulla enviada hacia Sidi Azeiz informó entonces de que una fuerte columna de panzer se dirigía hacia las posiciones británicas en Forte Capuzzo. Se trataba de los carros del 2.º Batallón del 5.º Regimiento Panzer, a los que von Herff había movido desde el suroeste de Bardia hasta allí para contraatacar.

Los alemanes creían que el ataque de Gott era el preludio de una ofensiva británica de mayor envergadura, y no querían repetir las malas experiencias que habían tenido en el perímetro con los Matilda. También creían que los británicos les atacaban con un centenar de carros, y se pidió a la Luftwaffe y a la Regia Aeronautica que intervinieran para neutralizar el ataque (ULTRA dio cuenta puntualmente de la pobre coordinación entre la Luftwaffe y las fuerzas de tierra). Rommel retiró también tropas del asedio de Tobruk y reforzó a von Herff con el 1.er Batallón del 8.º Regimiento Panzer del teniente coronel Hans Cramer y una batería de cañones de 88 mm. El Kampfgruppe, al mando del barón Hans-Karl Freiherr von Esebeck, se dirigió inmediatamente a Sollum.

Los alemanes concentraron sus esfuerzos en la columna británica que avanzaba en el centro, y que era al mismo tiempo la que más se había aventurado hacia el norte y la más débil. Al mediodía von Herff lanzó al batallón sobre Forte Capuzzo. La compañía D del 1.er Batallón de Infantería Ligera de Durham fue literalmente despedazada por el ataque alemán. El resto del batallón se retiró por la carretera de Musaid, ocultos por una fortuita tormenta de polvo.

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Coignet hace de vientre en mitad de la batalla de Aspern-Essling entre los dos ejércitos enfrentados.

A la izquierda de Essling, el enemigo habían emplazado cincuenta piezas de artillería frente a nosotros. Me dieron ganas de hacer mis necesidades pero ante la imposibilidad de poder hacerlo en la retaguardia me tuve que adelantar a la línea de batalla.

Tras avanzar una distancia prudente dejé mi mosquete en el suelo y me puse a mis cosas, dándole la espalda al enemigo. Una bala de cañón rebotó en el suelo cerca de mí y me salpicó de tierra la espalda. Me sentí abrumado por este golpe; por suerte fue la mochila la que me salvó. Tras acabar, recogí el mosquete con una mano mientras me subía los pantalones con la otra y regresé a mi puesto con el lomo un poco magullado. Mi comandante, al verme en ese estado, se me acercó al galope: Me preguntó, «¿estás herido?». «No es nada comandante, han querido limpiarme el trasero pero fallaron». «Vamos, bebe un trago de ron para recuperarte».

Me ofreció una botella forrada de mimbre que tomó de las fundas de sus pistolas. «Después de ti, por favor», le dije yo. «¡Dale un buen trago! ¿Vas a volver solo?». «Sí», le contesté. Partió al galope y yo llegué a mi puesto con mi mosquete en una mano y sujetándome los pantalones con la otra. Una vez situado en la fila estuve listo.

«Bueno», me dijo el capitán Renard, «has escapado bien». «Así es, mi capitán. El papel del enemigo es muy áspero, no pude usarlo. Son unos patanes»…

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Las dificultades de mantener el perímetro de la bolsa de Viaz’ma. Operación Tifón. David Stahel

Sin embargo, cuando la batalla llegaba a su clímax final, los panzer de Funck no podían estar en todos sitios a la vez, y la infantería lo pagó con enorme sufrimiento.

El 7.º Regimiento de Granaderos fue atacado en la mañana del 14 de octubre e informó: «Carros pesados rusos han roto la línea defensiva principal del 3.er Batallón… No podemos destruir los carros con nuestras armas… A los hombres no les queda munición y están siendo arrollados por los blindados rusos». De hecho, se perdieron unos 700 hombres de la división panzer de Funck en estos combates defensivos en la bolsa de Viaz’ma. De una compañía de 140 hombres, 105 resultaron muertos o heridos. La intensa lucha también causó pérdidas al 25.º Regimiento Panzer, y para el 15 de octubre, el tono de las cartas de Karl Fuchs mostraba un talante muy distinto. La muerte de su buen amigo Roland hizo que Fuchs se preguntase: «¿Por qué tuvimos que entregar su vida ahora, con el final prácticamente a la vista?».

El 13 de octubre, la bolsa de Viaz’ma estaba siendo dividida en una serie de embolsamientos más pequeños a medida que el avance de la infantería procedente del oeste comenzaba a establecer contacto con las tropas panzer de Hoepner y Reinhardt.22 Este episodio cerró, en gran medida, las grandes batallas en el área de Viaz’ma, aunque durante semanas continuaría siendo un territorio muy peligroso para unidades alemanas aisladas. Ni siquiera las unidades de retaguardia estaban a salvo, ya que no había habido forma de sellar de modo efectivo ni de peinar cada metro cuadrado de la bolsa, lo que significaba que, mientras algunas unidades soviéticas luchaban para poder escapar del cerco, otras, a sabiendas o no, acabaron escabulléndose a través del cordón alemán…

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La 96.ª Media Brigada francesa y el vino de Málaga. Memorias del capitán Coignet

Partimos para Bayona; la distancia era grande; padecimos el calor, pero al fin llegamos al puente de Irún.

Nuestros camaradas encontraron un nido de cigüeña y cogieron a los dos polluelos. Las autoridades vinieron a ver al coronel a reclamarlos; el alcalde demandó que se los entregasen, porque estas aves eran necesarias en ese clima para la contención de serpientes y lagartos; dijo que en su país se penaba con galeras a aquellos que matasen cigüeñas. Así que, por esta razón, se ven por todos sitios; las llanuras están atestadas de ellas, y merodean por las calles de los pueblos. Se les colocan ruedas viejas en lo alto de postes y hacen sus nidos en lo más alto de los edificios.

Tras haber llegado al lugar de nuestra primera parada, algunos de nuestros soldados encontraron vino de Málaga a tres sous la botella y se lo bebieron como si fuese suero de leche; se desplomaron completamente borrachos. Fue necesario requisar carros para cargarlos como si fuesen terneros (estaban como muertos). Pasada una semana todavía era necesario alimentar a nuestros borrachos; eran incapaces de mantener la sopa dentro de la cuchara. Ni un solo soldado pudo comerse su ración, de lo potente que había sido el vino. Llegamos a Vitoria, una ciudad encantadora, de allí pasamos a Burgos y de ésta a Valladolid, una ciudad grande y bella….

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